MIRANDA
El Desfile de Blusa inunda Miranda del color de las cuadrillas
Los sanjuaneros, al ritmo de charangas y batucadas, recorrieron el itinerario bailando

Las cuadrillas desfilaron por las calles de la ciudad.-E.M.
Nadie quiso perderse ayer el desfile en Miranda. Pese a las malas previsiones meteorológicas, el tiempo se alió con los sanjuaneros. Pese a que las temperaturas no eran demasiado elevadas, la ilusión y las ganas de fiesta ganaron la partida al termómetro y 71 cuadrillas inundaron de colorido las calles centrales de la ciudad en el tradicional Desfile del Blusa que celebraba su edición número 50. Con algunos minutos de retraso, el paseíllo lo iniciaba, como es habitual, la cuadrilla San Juan del Monte de Burgos. A continuación, El Humo, que este año cumple el 50 aniversario de su fundación.Cada colectivo lo dio todo con sus improvisados o coregrafiados bailes en un Desfile en el que el colorido de las blusas fue el auténtico protagonista junto a las charangas y el humor. Y es que no hacen falta más ingredientes para convertir el desfile en un acontecimiento especial, tanto para las cuadrillas como para el público que asiste al espectáculo.Tras el cierre de los colegios electorales, y mientras se estaba desarrollando el escrutinio de los votos, los mirandeses llenaron la calle de alegría durante las casi dos horas en las que se llevaba a cabo el desfile, que discurrió sin mayores contratiempos. Cuadrillas, charangas e incluso alguna batucada, animaron a propios y extraños. Tampoco faltaron los habituales disfraces y figuras humorísticas que parodiaban todo tipo de cuestiones, desde jeques árabes hasta referencias al clero, pasando por la plantilla del Club Deportivo Mirandés o un grupo de ‘jovencitas’ provenientes de la antigua China.Y después, a seguir bailando en las múltiples verbenas ubicadas en distintos puntos de la ciudad hasta altas horas de la madrugada. Algunos se recogieron pronto para poder amanecer temprano, acompañar al Santo de regreso a la gruta y continuar las fiestas con la esperada y popular romería en La Laguna.Horas antes, cientos de sanjuaneros compartían mesa en el pabellón del Ebro donde, un año más, varias cuadrillas se reunieron para comer en un espacio que una semana antes ya había empezado a escuchar las primeras notas de las charangas. El resto se repartió en restaurantes de la ciudad y localidades cercanas para reponer fuerzas tras muchas horas seguidas de fiesta.Después, más de uno optó por ir a echar una cabezadita antes del desfile, mientras que los más fiesteros no dudaron en continuar bailando, tomar un ‘digestivo’ o jugar una partida de cartas hasta el reparto de bocadillos para merendar.Ofrenda de floresLa mañana del domingo comenzó con las tradicionales dianas sanjuaneras amenizadas con música de charanga y dulzaina, pues podría definirse a Miranda como un cruce de caminos entre Castilla y el País Vasco. Tras una noche de fiesta, muchos optaron por robarle unas horitas a la mañana para descansar, mientras los más madrugadores disfrutaron de un potente desayuno antes de acudir a la multitudinaria ofrenda de flores a la Virgen de Altamira.La iglesia de Santa María se vistió de gala para acoger uno de los actos más emotivos de las fiestas, en el que los sanjuaneros rinden cada año homenaje a la Virgen y al Santo, en presencia de representantes de todas las cuadrillas y de las principales autoridades locales.El acto estuvo amenizado por los cánticos del orfeón mirandés José de Valdivielso y, pese al carácter festivo de esta celebración, estuvo marcado por el silencio y el respeto hasta en el momento en que decenas de personas comenzaron a desfilar por el pasillo de la iglesia con sus ramos para la Patrona. Reinas de cuadrillas -o Sanjuanera y Sanjuanero, según los casos-, niños y niñas, personas mayores, bebés en brazos de sus padres….Todos querían hacer llegar su pequeña aportación floral para este evento que, cada año, consigue abarrotar la iglesia de Santa María. Después del acto religioso, tuvo lugar la concentración de cuadrillas en la Plaza de España.