El relevo generacional del rock en Villarcayo
Los promotores del Dolmen Music Fest volvieron a resucitar el espíritu del desaparecido Baitu Rock con la cuarta entrega de una cita asequible y familiar Valle de Mena incrementa las ayudas de las becas guardería

Los organizadores del Dolmen Music Fest antes del inicio de la cita.-D.V.
Hace 12 años, centenares de jóvenes con ‘malas pintas’ irrumpieron un fin de semana en Villarcayo para disfrutar de un festival que acabaría dejando huella no solo en la provincia en el norte de la península. Se generó por aquel entonces cierto temor a la invasión de la cochambre, pero lo cierto es que muchos vecinos y comerciantes vencieron sus prejuicios para descubrir que el hábito no hace al monje.El Baitu, para desgracia de rockeros nómadas en periodo estival, forma parte del pasado tras su despedida definitiva hace dos años. Sus promotores decidieron dejarlo principalmente por cansancio. Pero Villarcayo llama a la música y la música llama a Villarcayo gracias a la Asociación Juvenil Dolmen, relevo generacional de aquellos locos que pusieron de moda las camisetas negras con mensajes reivindicativos en el municipio.Con pocos medios y mucha ilusión, con una filosofía diferente en ciertos aspectos pero con «el mismo gusto por la música», nació el Dolmen Music Fest, que ayer celebró su cuarta edición con la presencia sobre el escenario de Mala Reputación, Eslabón, Misiva, Drinking Park y Jaula de Cristal desde las 21 horas hasta bien entrada la madrugada.AutocreatividadIndependientemente del tamaño, presupuesto e infraestructura disponible, organizar un festival requiere muchas horas de trabajo, quebraderos de cabeza y capacidad organizativa para atar todos los cabos. En este sentido, Diego Varona, integrante del colectivo villarcayense, reconoce la dificultad que supone mantener en el tiempo esta clase de proyectos.El más importante de los motivos, para no variar, es la falta de fondos, que obliga a fomentar la creatividad a la hora de engordar el presupuesto para hacer frente a los gastos, tanto previstos como imprevistos. Por ello, los miembros de Dolmen organizan distintas actividades y conciertos para financiar el festival.No obstante, la principal fuente de ingresos, según explica Varona, proviene de la venta de consumiciones en barra. De acuerdo al estilo Baitu -impuesto posteriormente en otros muchos otros eventos del estilo-, las bebidas y bocadillos se venden a ‘precios populares’ en lugar de propinar un ‘sablazo’ a los asistentes.Gracias al espíritu de la autogestión -los ingresos siempre se revierten- y facilidades en lugar de cobrar por casi todo, se aprecia el carácter «familiar» del Dolmen, cuya afluencia de público se sitúa en torno a «500 o 600 personas» de todas las edades, «incluso padres que van con sus hijos», concreta Varona.Falta de apoyosDurante años, la provincia de Burgos se prodigaba mucho en este tipo de iniciativas y atraía la atención de una masa festivalera que acudía fielmente a citas como el Baitu, el Petróleo o el Cebolla Rock. Hoy en día, los eventos con grandes cabezas de cartel se pueden contar con los dedos de una mano. Aparte de que «cuesta mucho tiempo y dinero» sacar adelante esta clase de propuestas, Varona lamenta el «poco apoyo de las instituciones», que en la mayoría de los casos «ponen pegas».Que nadie malinterprete, no se trata de una crítica a nivel local, pues explica que el Ayuntamiento colabora con un 20% del coste total del festival. Eso sí, tras el reciente cambio en la Corporación municipal, espera que el apoyo se incremente para igualar, como mínimo, al de la gran mayoría de sus vecinos.Un cartel atractivo, asequible, consensuado y con presencia local¿A quién traemos este año? Primera y obligada pregunta de cualquier organizador. Las respuestas, a patadas, pero hay que ser realistas y escoger grupos afines a los gustos de los promotores y, sobre todo, asimilables económicamente. El dichoso caché es lo que tiene, hay que apretarse el cinturón. Y también hay que saber consensuar, porque cada uno tiene sus gustos.Lo que sí tienen claro los jóvenes integrantes de Dolmen es que el cartel debe incluir a dos grupos de la tierra: uno de Villarcayo -en esta ocasión dos, Misiva y Jaula de Cristal- y otro de Burgos -Eslabón- para promocionar la escena local. Y cómo no, hace falta un cabeza de cartel para atraer al público de otras localidades. Los elegidos en esta edición son Mala Reputación, banda ‘amiga’ de estos lares dada su participación y vinculación con el Baitu Rock. El plantel se completa con los asturianos Misiva, conjunto de punk-rock que también se ha dejado caer por territorio burgalés en varias ocasiones.