El Correo de Burgos

Leciñana baraja ampliar su proyecto de aldea-museo

La organización hace balance de una exposición con una «afluencia constante»

La iglesia de Leciñana, convertida en galería de arte, durante una actuación del grupo Laboratorio Klem-ARTECIÑANA

La iglesia de Leciñana, convertida en galería de arte, durante una actuación del grupo Laboratorio Klem-ARTECIÑANA

Burgos

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Es hora de hacer balance en el pueblo que se convirtió en museo gracias al arriesgado proyecto de un visionario con ganas de hacer algo diferente. Desde el 14 hasta el 28 de agosto, Leciñana de Mena se transformó en Arteciñana: un espacio expositivo único, punto de encuentro de artistas sobre la pared y enclave de referencia para el turismo cultural norteño. El artífice de este singular proyecto y ex director de los centros museísticos Artium y Balenciaga, Javier González de Durana, no suelta prenda respecto al dossier que verá la luz a lo largo de la próxima semana, si bien reconoce que «los resultados han superado con creces nuestras mejores esperanzas». Lo que sí deja entrever, aunque esté «en el aire», es la continuidad del proyecto.A la espera de cifras y conclusiones por parte de los visitantes, las primeras estimaciones arrojan una media de entre 150 y 160 visitas diarias. En caso de confirmarse e incluso superarse esta «afluencia constante», dichos datos sonrojarían a más de una galería de arte profesional. Comparaciones aparte, sacar adelante un modelo expositivo de estas características no se consigue de la noche a la mañana, sobre todo si se parte desde la precariedad y la autogestión. Tanto es así que el improvisado parking es en realidad una campa de caballos, la electricidad fue proporcionada por un vecino y el servicio de limpieza de la iglesia existe gracias al altruismo doña María.La implicación en la aldea fue máxima desde el principio. «Todos los vecinos, cada uno en su medida, han colaborado activamente», señala González orgulloso de una comunidad ha colaborado -nunca mejor dicho- por amor al arte.La muestra se divide en cinco bloques repartidos por la pedanía en función del «carácter de los edificios», explica el comisario de la exposición. Para ello, tanto González como el resto de integrantes de la Asociación Cultural La Vieja Escuela de Leciñana, entidad organizadora de la que forma parte, concretaron previamente los espacios más idóneos. Entre ellos, se encuentra el antiguo colegio, rehabilitado y reconvertido en un centro social que constituye «una seña de identidad cultural». No es el único lugar con impronta histórica. La iglesia y la Casa del Concejo, por ejemplo, también forman parte de este mágico recorrido tras su acondicionamiento.Junto al apoyo vecinal, hacer realidad este sueño requería una mínima infraestructura y, sobre todo, contactos en el mundillo. Una vez entrelazados los dos primeros factores, González tiró de agenda y consiguió ‘liar’ a un buen puñado de artistas que se prestaron a la aventura sin pedir nada a cambio. Cuestión de amistad y de motivación, señala agradecido ante la «confianza» de los creadores y coleccionistas privados que han aportado su granito de arena.Uno de los ‘cómplices’ de esta iniciativa es Juan Crego, doctor en Bellas Artes y profesor de Audiovisuales de la Universidad del País Vasco, quien no dudó en ceder una de sus obras para exponerla en un «entorno rural atípico» que se sustenta en «una propuesta muy personal» que nada tiene que ver con las muestras convencionales.La aportación de Crego, una reproducción de un muro de hormigón con florescencias -es decir, carente de colores uniformes- de 2 por 3 metros, se encuentra en el enclave central de esta exposición rural de gran tamaño, aunque en realidad «se tarda muy poco en ir de un sitio a otro». Su creación forma parte del medio centenar de obras que han impregnado Leciñana de arte contemporáneo. «Antes no había nada igual», celebra el docente, que no oculta su satisfacción ante la acogida de este «formato sorprendentemente exitoso».

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