El Correo de Burgos

BUREBA

La masa forestal de Santa Casilda, en riesgo por la procesionaria

Su proliferación en esta zona de esparcimiento conlleva riesgos para la salud de los senderistas

Los bolsones de procesionaria son fácilmente visibles en los pinos afectados.-G.G.

Los bolsones de procesionaria son fácilmente visibles en los pinos afectados.-G.G.

Publicado por
GERARDO GONZÁLEZ / Briviesca
Burgos

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El futuro de la abundante masa forestal de pinos del entorno del santuario de Santa Casilda cuenta con una seria amenaza: la oruga procesionaria, que se ha extendido de forma progresiva hasta colonizar grandes áreas de arbolado. Durante los últimos cuatro años, la presencia de ‘bolsones’ es visible en zonas alejadas de los primeros focos de entidad, localizados en el mirador panorámico hasta alcanzar el Pozo Negro.Este voraz insecto, que ataca principalmente a los pinos, siempre ha estado presente en la zona. Sin embargo, el paso del tiempo y la irregular meteorología han facilitado que se incremente con mayor virulencia la presencia de este dañino insecto en la zona.Al tratarse de una plaga habitual, hace años se llevó a cabo una contundente acción en la zona con el objeto de frenar la progresión de la oruga que resultó muy eficaz. No obstante, durante la primavera y el verano pasado, la presencia de la oruga fue muy visible, lo que causó gran preocupación entre los usuarios de esta zona de ocio al suponer un riesgo para la salud de las personas -especialmente niños- y un peligro mortal para las mascotas. Además, la procesionaria alberga una toxina muy irritante que afecta a los senderistas y paseantes de estos pinares. De hecho, el contacto de sus dardos urticantes ya han causado un proceso alérgico en algunas personas que requirió tratamiento médico. Según los datos del Servicio Territorial de Medio Ambiente, en la actualidad hay más de 8.000 hectáreas de pinos afectados por este gusano en la provincia, que ataca especialmente a zonas de repoblación.En estas fechas, los tratamientos resultan más efectivos para su erradicación al encontrarse en su primer estadio, por lo que la fumigación aérea es el método más efectivo y, al tiempo, más costoso. Pero no es el único sistema, ya que para frenar a la procesionaria existen una amplia variedad de técnicas aplicables dependiendo de la época y que atacan de formas distintas a la oruga. Por ejemplo, en estaciones frías, los especialistas recomiendan el uso de insecticidas químicos convencionales que contienen piretroides como materia activa. El tratamiento químico de los bolsones se lleva a cabo mediante la pulverización directa con el insecticida mediante el uso de una mochila pulverizadora para árboles pequeños y medianos o un cañón pulverizador sobre vehículo todoterreno para alcanzar gran altura.Los tratamientos con productos deben complementarse con la eliminación mecánica de los bolsones. En caso de que la altura del arbolado no permita cortarlos, los bolsones pueden romperse con perdigón para que las orugas mueran con el frío del invierno al carecer de la protección necesaria.Si estos sistemas no pudieran aplicarse o como medida complementaria, se puede instalar a cierta altura del tronco un cono con plástico semirrígido alrededor del mismo. Así, se interrumpe su descenso y se impide que las orugas se entierren en el suelo, por lo que mueren de inanición en su interior. Unas pequeñas perforaciones en la parte baja del plástico para la evacuación del agua de lluvia que pudiera acumularse en su interior.

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