MIRANDA
Del uranio enriquecido a la biomasa
El investigador Luis Castro desgranó ayer en Miranda los planes frustrados del Gobierno de la transición por desarrollar la bomba atómica
El autor, durante la presentación de libro en Miranda.-E.M.
Luis Castro, Profesor de Historia, Geografía e investigador, además de activista antinuclear, presentó ayer en Miranda su libro La bomba atómica española. La energía nuclear en la transición. Una obra en la que se realiza un repaso histórico sobre el intento –finalmente frustrado- de entrar en el Club Atómico y diseñar una política exterior y de defensa más autónoma a través de la creación del Centro de Investigación Nuclear II (CIN II) en la localidad soriana de Matas de Lubia en 1976.El proyecto, aprobado a finales del franquismo y principios de la transición, provocó un gran revuelo en la época ante el temor de la creación de un lugar dedicado a la investigación avanzada sobre reactores rápidos y el reprocesado de combustible irradiado, con capacidad, según el autor, para construir la bomba atómica. Y es que «varias de sus 11 instalaciones producirían uranio enriquecido y plutonio suficiente para fabricar varias bombas atómicas», convirtiendo al CIN II en el «conector del ciclo civil del uranio con su uso militar en España», expuso.En un contexto histórico en el que España estaba inmersa en el inicio de la transición y el resto del mundo en la segunda Guerra Fría, Castro puso en evidencia dos aspectos «íntimamente relacionados»: el uso energético de las centrales nucleares y sus derivaciones militares a través del tratamiento de los residuos radioactivos y la obtención de plutonio.Castro vivió en primera persona la polémica. Tras décadas compilando información y contextualizar datos, sus escritos llegan ahora en forma de libro documentado que constituye la radiografía histórica de una época en la que se gestó el movimiento ecologista y antinuclear. «Entonces no teníamos ni idea de lo que era una central nuclear, tuvimos que enterarnos de lo que era la radioactividad. Pero aprendimos enseguida porque no nos olía bien el asunto», explicó. Asimismo, afirmó que el plan de construcción de centrales nucleares en la época era «desmesurado». Por eso comenzaron las movilizaciones contra la creación del CIN II, «porque veíamos que había gato encerrado y que ahí había algo peligroso no sólo para la salud y el medio ambiente, sino también para la economía de la región», detalla.En el libro se demuestra -«no de una manera concluyente porque este proyecto nunca fue reconocido por el Gobierno y no hay acceso a documentación oficial»- que el objetivo del Centro de Investigación era «matar dos pájaros de un tiro» para solucionar el problema de los residuos radioactivos. Y es que con una vida potencial de miles de años, «o bien se plantea su ubicación en un cementerio definitivo» o su reprocesado en una planta que permita «volver a conseguir combustible nuclear reutilizable, lo que cerraría el ciclo nuclear y permitiría fabricar armamento», indicó el autor.Sin embargo, los efectos de la crisis económica, las presiones de Estados Unidos, la lucha del movimiento ecologista o el ingreso en la Otan colocaron al país en una situación política distinta que propició que el carpetazo definitivo a la construcción del CIN II, que se reconvirtió hacia las energías alternativas en el Ceder con la llegada de Calvo Sotelo, que sigue en funcionamiento en la actualidad para investigar el uso energético de la biomasa.Cinco capítulos, conclusiones, apéndices y un apartado final con documentación gráfica dan forma a un libro con el que el autor ha querido sacar a la luz una parte de la historia española «que no se conocía suficientemente, por la falta de documentación», concluyó.