El Correo de Burgos

La mejores cumbres de la provincia narran su historia

Tras documentar las montañas de Burgos hace 12 años, el alpinista vasco Txomin Uriarte vuelve a la carga con una selección de las 26 «más hermosas»

Burgos

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Txomin Uriarte «nació en varios sitios, pero como consecuencia de una reencarnación se siente especialmente ligado a San Juan de Gaztelugatxe». Con estas líneas presenta la editorial Sua al autor de Las montañas más bellas de Burgos, segunda entrega de uno de los máximos exponentes del alpinismo ibérico e integrante de la primera expedición vasca que conquistó el Everest. Puede que Uriarte tenga varias cunas, pero no cabe duda de que la orografía burgalesa siempre ha estado muy presente en su trayectoria.Su curiosidad por las montañas de la provincia se remonta a la década de los 80. Gracias en gran parte a Juanito Cortázar, creador del primer listado de montes de Burgos en la revista Pyrenaica tras 10 años de trabajo «en base a los viejos mapas del catastro y a la información que iba recogiendo sobre la marcha». Corría el año 87 y hasta entonces solo se habían documentado«las cumbres más altas de la Sierra de la Demanda y los montes que lindaban con Vizcaya o con Álava». Por lo demás, «casi nada».Algo se avanzó en el 91 con el primer tomo de Rutas y paseos de Enrique del Rivero, «pero solo subía a cuatro o cinco montes nuevos». Uriarte reconoce el mérito de una obra que «descubría paisajes magníficos y muy poco conocidos», pero «no resolvía el problema de los montes».Ante «este hueco en la información», quien fuera ex presidente de la Federación Vasca de Montaña se comprometió con Sua en 1996 para elaborar una guía «completa». Ni corto ni perezoso, comenzó a explorar y conquistar cimas «sistemáticamente» hasta que «pasó lo que tenía que pasar». Logró desmontar la creencia de que la provincia «es en su mayor parte una tierra llana». Cinco años de investigación descubriendo «sus vericuetos» culminaron con Montes de Burgos. Todas las cumbres: un compendio de «102 excursiones para subir a los 143 montes del listado». Casi nada.

12 años después, Javier Pascual, director de la editorial, volvió a tentar a Uriarte. «Me dijo que el libro se había vendido muy bien y que era el momento de preparar otro sobre el mismo tema».Partiendo de los «cambios sustanciales» como la proliferación de aerogeneradores o la multiplicación de la red de senderos, buscó un enfoque «muy distinto» para seleccionar las 26 montañas más impactantes de la provincia.RecomendacionesTodos son dignos de admiración, pero hay tres puntos del norte «que merecen bien la visita». En primer lugar, el Castillo de Orbaneja, «una cresta de roca caliza que representa dos camellos que se besan en un recodo del Ebro». Sobre el pequeño pueblo de Valdelateja está Siero, en cuya cumbre se localiza la ermita visigótica de las santas Centola y Elena. Finalmente, destaca el Castro de Ordejón, un «curioso fenómeno geológico» en Las Loras «con restos de asentamientos humanos de la primera edad de hierro». Uriarte describe con pasión la subida a este peñasco «por unas escaleras de piedra de tiempo inmemorial para llegar a una pequeña meseta en la que se esconden leyendas de tesoros moros».Por otra parte, el autor recomienda la ferrata de aventura Camino del Infierno de Peña Lara, inaugurada en 2012. Desgraciadamente, nada más salir el libro, se enteró de que «por discrepancias con las autoridades se va a desmontar todo el equipamiento». Qué se le va a hacer, «¡cosas de la vida!».«Enamorado» confeso de dullaHa ido «muchas veces» y las que le quedan. Txomin Uriarte se confiesa ante la Peña Dulla:«Me tiene enamorado». Y no solo recomienda encarecidamente visitar este monte ubicado en la Merindad de Castilla la Vieja, sino que además ofrece unas pinceladas para acceder a él. «Se sale desde el coqueto pueblito de Quintanilla Valdebodres, a unos kilómetros del espectacular Puentedey, sobre el río Nela». A continuación, «te puedes aventurar por alguno de los cinco canales -barrancos, cascadas, bosques y cuevas- que conducen al collado entre las dos cimas gemelas de Dulla, separadas por un corte de 70 metros que parece infranqueable pero que tienen unas subidas elegantes».Con permiso de su ‘niña bonita’, Uriarte destaca otras dos montañas «con encanto». Se trata del Pan Perdido de la sierra de Oña, «con su largo cresterío de esbeltos peñascos entre el hayedo y sus monolitos de roca conglomerada», y el Castilviejo, «una pequeña cumbre de carácter alpino» en el Valle de las Caderechas, la tierra de los «miles de cerezos en flor».

Un listado «fácil de consensuar»Pudiera parecer complicado desde fuera, pero Txomin Uriarte asegura proceso de selección fue «fácil» de principio a fin. La primera criba consistió en elegir las mejores cumbres de cada una de las siete zonas orográficas creadas «ex profeso»: Cordillera Cantábrica, Alto Ebro, Valle de Losa, Montes Obarenes, Las Loras, Cordillera Ibérica y Vega del Arlanza. Llegados a este punto, el autor se planteó una cuestión crucial:«¿con cuál quedarnos?». No lo dudó ni un instante, pues «el primer criterio indiscutible era que fuese una montaña verdaderamente bonita». Además, tenía que ser «prominente, es decir, que a poder ser fuese la más alta de cada macizo».Uriarte no estuvo solo a la hora de confeccionar la guía. «El listado fue fácil de consensuar con unos cuantos amigos que han pateado estas montañas con frecuencia y que considero que lo han hecho con imaginación», hasta el punto de elegir «unas cuantas (...) que no son las más altas pero que son tan bonitas que merecen una distinción particular».Después de estar «entretenido» dos años y medio, el alpinista define su última obra como «un libro que se hojea con agrado», menos técnico que Montes de Burgos, «una pura topoguía montañera».Aparte de la «profusión de fotografías» y de las «14 acuarelas pintadas por una conocida artista y que son una delicia», remarca el «aliciente» de las ‘ventanas’: una serie de «columnas periodísticas de opinión hechas por amigos expertos en temas relacionados con ellas (...) que aportan un valor muy alto». De hecho, asevera que «es lo primero con lo que se van a quedar los lectores».

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