El Correo de Burgos

Terror solidario en Villagonzalo

Desde su propia casa, un matrimonio ofrece sustos en Halloween a cambio de productos de primera necesidad para el Banco de Alimentos

Las enfermeras de ‘Resident Evil’ en el manicomio.-ECB

Las enfermeras de ‘Resident Evil’ en el manicomio.-ECB

Burgos

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Noche de las Brujas (Halloween) en Villagonzalo de Pedernales, víspera de Todos los Santos. Tras el ocaso, decenas de vecinos se dirigen a una calle sin salida de las afueras. Pequeños y mayores aguardan ansiosos y expectantes a las puertas de un siniestro domicilio. No saben lo que les espera. ¿Otal vez sí?A las 20.30 horas, los 15 primeros valientes cruzan el umbral de este pequeño infierno en la tierra. Les recibe la mismísima muerte, guía inmisericorde de un viaje -quién sabe sin retorno- hacia las entrañas del mal. Más de uno traga saliva antes de entrar a la vivienda. Lo que durante el resto del año parece ser el típico jardín con piscina esconde en realidad un cementerio por el que no conviene caminar solo, ya que los difuntos pueden salir de sus tumbas en cualquier momento.La niebla se cierne sobre el grupo y se escuchan las primeras voces. Todavía no han entrado en la casa cuando reciben las primeras visitas inesperadas: un hombre lobo que habita en la caseta del perro, las gemelas de El Resplandor entonando la canción que invoca a Freddy Krueger y unas brujas en el porche con cara de pocos amigos.¿Y qué ocurrió a continuación? Algunos se dieron la vuelta. Y no solo niños, «también hubo adultos que no entraron». De ello da fe Mercedes, culpable junto a su marido Paco de aterrorizar a sus vecinos con su particular Casa de los Horrores, que se ha convertido en la gran atracción de una fiesta que, por muy anglosajona que sea, ya se ha instalado en el calendario patrio gracias al fervor que despierta entre los jóvenes y los amantes del género.Antes de instalarse en Villagonzalo, el matrimonio vivía en Mallorca, donde este tipo de iniciativas «se hacen más que aquí». La primera vez que transformaron su actual residencia fue hace tres años. En principio, la idea era divertir y atemorizar «a nuestros hijos y sus amigos», pero con el boca a boca ya se sabe: 365 días después se formaron colas de hasta «dos horas».En vista de este éxito inesperado, «la gente nos decía que teníamos que cobrar». Sin embargo, lejos de buscar fines lucrativos con esta actividad, la pareja optó por el altruismo al solicitar comida y otros productos de primera necesidad para el Banco de Alimentos de Burgos, que ahora contará en sus depósitos con «dos canastas grandes y cuatro más pequeñas» en las que abundan «pañales» y «aceite». La pena es que «muchos no lo sabían» a pesar de los carteles aludiendo a la colecta, subraya Mercedes con la intención de que este granito de arena sea más grande en la próxima edición, pues tiene claro que habrá más.Sin aliento

De vuelta a la casa, la maestra de ceremonias describe con detalle el terrorífico recorrido. El salón, por ejemplo, es un manicomio del universo Resident Evil, cuyas enfermeras hacen más por la muerte que por la vida. El sótano no es más acogedor. Se trata de una carnicería con «muertos colgando» y un joven ahorcado -su hijo, en este caso- que deja sin aliento al visitante, hasta el punto de que «la gente le intentaba ayudar a soltarse».Tampoco faltaron otros clásicos como los siempre efectivos zombis, el asesino de la motosierra o el temible «payaso diabólico», figura que hoy en día causa estragos en todo el planeta a raíz de los desaprensivos que se amparan en la oscuridad con fines cuanto menos sospechosos.Para amenizar la espera en la cola, Mercedes y Paco contaron con la complicidad de un vecino que cedió la fachada de su vivienda para proyectar escenas terroríficas. La propuesta contó además con el apoyo de la alcaldesa, Purificación Ortega, quien no dudó en cruzar las puertas del inframundo, amén de sugerir que para otro año «se haga más días». Y qué decir de los 19 actores, amigos del matrimonio, encargados de repartir sustos a diestro y -sobre todo- siniestro.

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