CELEBRACIONES SINGULARES / SANTO DOMINGO DE SILOS
Vecinos y fuego se alían contra el invasor
FIESTA DE LOS JEFES

Un momento de la popular carrera que transcurre por las calles de la localidad.-M. A.
El estrepitoso ruido de cencerros, de cascos de caballo a todo trote y el griterío popular se convierten el día de los Jefes en la peculiar banda sonora que rodea la vida de Santo Domingo de Silos. Se trastoca así la paz que el cercano monasterio parece transmitir a sus convecinos durante el resto del año... Excepto el último sábado de enero en que los silenses celebran esta popular cita, ya reconocida como Fiesta de Interés Turístico regional.Se revive de esta forma aquel capítulo del pasado de la villa en que, con el ejército sarraceno a sus puertas y preparando su invasión, los lugareños fingieron el incendio de la localidad, lo que hizo desistir a los moros de lograr de forma rápida botín y alimento con la bélica entrada de la villa burgalesa.El protagonismo es, en parte, para ‘el Capitán’ quien retoma el relevo del joven que siglos atrás convenció a sus convecinos para llevar a cabo la treta. El fuego preparado por los cuatro rincones y el ruido loco de cencerros en manos de los niños -simulando así la carreras desbocadas del ganado asustado por el fuego-, son hoy ingredientes indispensables para una cita que, en verdad, comienza el 6 de enero, día de Reyes.Ésta es la fecha en que se elige por sorteo entre los vecinos a quienes ocuparán este cargo así como el del Cuchillón y Abanderado, todos ellos entre los varones casados del pueblo. Honor que, como manda la tradición, solamente tendrán una vez en la vida, ya que quienes han ostentado el cargo no entrarán más en el sorteo.El siguiente capítulo será ya el último sábado de enero en que el pueblo se reúne en la plaza para ir a buscar a los Jefes elegidos en Reyes a sus domicilios.De nuevo en llamas
La mañana la protagonizan los participantes en la comitiva, la cual encabezan los comisarios de la fiesta- por lo general los cabeza de familia vestidos con capa castellana-, y los niños, cargados con ruidosos cencerros que hacen sonar durante la marcha por la localidad, camino de los respectivos hogares de los tres Jefes.Junto a ellos, los más jóvenes y los cientos de visitantes que cada año se dan cita en la localidad, quienes se acercan a saludar a los monjes del vecino cenobio, recibiendo asía la bendición de éstos. No falta tampoco la cita institucional en que el alcalde y los concejales dan la bienvenida a los visitantes y en especial, a aquél que pregonará la fiesta.Ya por la tarde parte del protagonismo pasa a ser de los jinetes de la popular ‘Carrera de las crestas’ o ‘de los gallos’. Alude a las aves que antiguamente se colgaban en el centro de la calle y que los jinetes debían cazar al vuelo.Peculiar ‘caza’ que hoy también celebran aunque con animales ya muertos, donde mostrar la maestría del jinete en la carrera y la caza a lomos de los caballos, siendo también frecuente hallar colgando viandas y productos que los participantes en la carrera -que recorre gran parte de la villa-, también intentan conseguir y llevarse como premio.‘Silos en llamas’ será la última recreación que pondrá el punto final al festejo, en el que la noche se verá iluminada por el fuego que desde las teas portadas por los vecinos, se recordará el ficticio incendio con el que un joven salvó siglos atrás a los suyos, quienes cada año le homenajean con este emotivo y emocionante festejo.