BUREBA
Las bodegas de Llano de Bureba abren sus puertas a más de 200 visitantes
Amigos de Llano y el Consistorio quieren promocionarlas como parte de su patrimonio etnográfico

Un momento de la visita que ayer acogieron las antiguas bodegas.-G. G.
El habitualmente tranquilo paraje donde se ubica el casi único conjunto de bodegas subterráneas burebanas de Llano de Bureba se quedó ayer literalmente pequeño, con motivo de la celebración de la quinta edición de la propuesta ‘Una tarde en las bodegas’. Con la experiencia que dan ediciones precedentes, los organizadores de la cita -la asociación cultural Amigos de Llano y el Ayuntamiento local-, habilitaron un aparcamiento en una de las fincas aledañas para comodidad de los visitantes.Según los datos de los responsables, este año la cifra de visitas ha superado las 200 personas, lo que supone un rotundo éxito de la iniciativa que habitualmente se transmite de boca a boca por las limitaciones de aforo del evento.En esta ocasión fueron un total de 13 -de las 42 bodegas familiares que existen-, las que abrieron sus puertas para los asistentes, ofreciendo cada una de ellas en el recorrido alimentos elaborados en la comarca y regados por el tradicional vino chacolí. De hecho, y pese a la muy limitada superficie donde aún se mantiene el que otrora fuera uno de los cultivos principales de la comarca burebana -la vid-, en una de las bodegas de Llano aún se elabora de la forma tradicional el vino tinto y claro para uso casi familiar.Una de las características que otorgan a estas bodegas un alto valor etnográfico e histórico para el conjunto de la comarca, es que se mantiene la costumbre de su titularidad dentro de las familias del lugar. Incluso aquéllas en las que no se elabora vino se conservan los elementos propios de la elaboración como barricas, útiles y hasta candiles de aceite, que se usaron durante siglos en su lugar original.La importancia de estos lagares para la historia de Llano se verifica de forma incuestionable por el detallado seguimiento de su titularidad a los largo del tiempo, al igual que de las barricas más prestigiosas cuyo origen y destino actual está perfectamente documentado.Difícil saber su edadCuriosamente la dilatada historia de estos espacios, reconstruidos en el pasado según las necesidades, hace que resulte difícil datarlas con certeza en el tiempo. Aunque una importante pista se localiza en el Catastro del Marques de la Ensenada de 1749, donde en el territorio de Poza de la Sal la superficie de viñero se fijó en 600 hectáreas.La cercanía geográfica de Llano de Bureba y el alto número de bodegas que aún hoy perviven da veracidad a esta cifra, cuestionada en algunos estudios por su enorme tamaño, situando el momento de mayor pujanza de las bodegas en el siglo XVIII. A ello se añade la pertenencia de la villa, fundado en el lugar en el que hoy se encuentra, por el Conde Sancho García al Monasterio de San Salvador de Oña por donación del mismo.Situación que se mantuvo hasta 1739 en el que Solas de Bureba, nombre original hasta 1948, pagó un alto precio por recobrar su derecho civil, dado por el Rey Felipe V, quien le otorga el título de villa con los derechos y obligaciones correspondientes, pero con la libertad de administrarse por sí mismo.Producción de chacolíLa suma de documentos históricos convierte a las bodegas de Llano en la prueba de la importancia que la producción de vino chacolí, con este nombre popular, tuvo en la comarca burebana, documentada en al menos 16 archivos municipales, hasta el siglo XIX y mediados del XX cuando la filoxera acabó con el grueso de las plantaciones.Los visitantes que acudieron pudieron así retroceder en el tiempo gracias al chacolí que, según los entendidos, «es un vino natural, sin sustancias químicas y obtenido en el propio lagar, un vino de verano para el diálogo distendido, bueno para tomar en la bodega con chuletas».