«Era muy obsesivo, siempre nos ha estado manipulando»
Los hijos de José Tomás Villalibre aseguran que su madre «le tenía miedo» / La primogénita le apoyó tras el divorcio porque «pensaba que se suicidaba»

Laura Villalibre declaró por videoconferencia para evitar el contacto visual con su padre.-D.S.M.
La relación de José Tomás Villalibre con sus hijos, Laura y Abel, mejoró a raíz de su divorcio con Benita Núñez, a la que asesinó en su domicilio de Aranda de Duero durante la madrugada del 17 de julio de 2016. Los dos jóvenes se apiadaron de él por «pena» y se volcaron en «ayudarle psicológicamente». No esperaban que fuese capaz de acabar con la vida de su madre pese a que siempre trató de «tenerla controlada». Temían más bien por su propia integridad. De hecho, Laura estrechó sus lazos con él porque «pensaba que se suicidaba».La joven eludió el contacto visual con su padre después de que el juez denegase la petición de un biombo durante su declaración en el juicio. Respondió a las preguntas de la acusación, la defensa y el magistrado por videoconferencia desde una sala contigua. Con la voz quebrada y rompiendo a llorar en múltiples ocasiones, confesó que se fue hace años a estudiar a Santander porque «no aguantaba la situación en mi casa».El perfil que la joven trazó de su padre habla de un hombre «manipulador» que «le daba la vuelta a las cosas» y al que «todo le parecía mal». Dada su actitud, Benita Núñez le planteó el divorcio por primera vez hace seis años, aunque finalmente le dio una segunda oportunidad porque él prometió que «iba a cambiar». Lo hizo en cierto modo, pues según Laura se volvió «un poco más atento». Por lo demás, prosiguió la relación «mentira tras mentira» mientras se sucedíanlas «malas caras» cuando la mujer pretendía ver a su familia.«De lo único que me arrepiento es de no haberle denunciado en su día», sollozaba Laura tras recordar que, «más de una vez», su padre le llegó a «levantar la mano» por enfrentarse a él. Acto seguido, relató cómo Villalibre le confesó que había hecho «algo muy malo» tras amenazar a Núñez con un cuchillo el 6 de junio de 2016. Ese mismo día, por la noche, se justificó ante su hija diciendo que «solo quería que me escuchara».Lo mismo le contó a Abel, que al igual que su hermana aseguró que Núñez «le tenía miedo» a su exmarido. Aún con todo, la víctima estaba convencida de que Villalibre no sería «capaz» de hacerle daño «por sus hijos». Y aunque a priori parecía «muy arrepentido», llegó a decirle a Laura «sin venir a cuento» que «tampoco creo que se viva tan mal en la cárcel».Por mucho que Villalibre siguiese «obsesionado» con «arreglar las cosas», sus hijos no dudaron en apoyarle porque intentaba dar pena «a todas horas» y por todos los medios, sobre todo a través de mensajes y llamadas telefónicas. Sobre este punto, la defensa del acusado rescató una serie de conversaciones en las que Laura, supuestamente, se posicionaba claramente a favor de su padre. «Nunca he llamado a mi madre loca», afirmó la joven con la intención de explicar que se limitaba a seguirle «la corriente» para evitar conflictos.«No quería que entrara»Villalibre acudió la noche de autos al concierto de Melendi a pesar de que «no sabe ni quién es», detalló Laura. Aún con todo, trató de que Abel le consiguiese una entrada, pero el joven se negó porque estaba seguro de que su único objetivo era «controlar» a su exesposa. Por otro lado, a los hijos no les cuadra el hecho de que el hombre decidiese pasar la noche en casa de Núñez -según su versión, se encontraba mal por mezclar ansiolíticos y alcohol- porque tenía casas de familiares mucho más a mano.Laura y Abel también desmintieron la supuesta permisividad de su madre con las visitas al piso que tenía asignado durante un año tras el divorcio. «No quería que entrara», reiteró la hija de la pareja plenamente convencida de que su padre accedía «cuando le daba la gana» aprovechando las ausencias de Núñez porque «fisgar era su mayor afición». Asimismo, la primogénita aseveró que su madre «hubiese salido por patas» al ver a su exmarido en el domicilio. Y no solo eso, ya que la localización del bolso en el salón y la ropa de calle que aún llevaba tras el ataque no se corresponde con su metódico ritual para acomodarse nada más llegar a casa.«Nos están grabando»Con sorprendente entereza, Abel se enfrentó a su segundo ‘cara a cara’ con Villalibre desde el trágico suceso. Su primer encuentro tuvo lugar en prisión. Lo único que quería saber el joven era «qué se le había pasado por la cabeza». Junto a él, Laura también fue testigo de cómo su padre les mostraba un papel que rezaba lo siguiente: «tened cuidado con lo que habláis porque nos están grabando». En cuanto a su excusa sobre lo sucedido, el homicida se limitó a esgrimir que Núñez se cayó «dos veces encima del cuchillo». Poco después, la joven tuvo que abandonar el penal por un ataque de ansiedad.«Se hacía lo que él decía»Una de las hermanas de la víctima, Begoña Núñez, no solo confirmó la versión de sus sobrinos al recalcar que «se hacía lo que él decía». También definió al acusado como un «mentiroso compulsivo» que registraba la vivienda sin permiso y «la seguía a todas partes» con el objetivo de «volverla a enamorar». Por otro lado, defendió la hipótesis de que Villalibre esperó a su exmujer escondido tras la puerta con intención de atacarla a traición, pues de lo contrario «automáticamente se va».Su psiquiatra no sabía nada del divorcio pero sí de la «brujería»José Tomás Villalibre se entrevistó con el psiquiatra Luis Mínguez en dos ocasiones. Tras la primera sesión, a finales de diciembre de 2015, el doctor le diagnosticó un «trastorno de ansiedad» provocado por sus «problemas de pareja». Después, en abril de 2016, el paciente recibió el alta porque aparentemente se encontraba «mejor». La impresión del médico por aquel entonces fue que «iba aceptando las alteraciones de comportamiento que tenía su esposa».A pesar de que llegó a comentar que «había pensado separarse», el acusado nunca le dijo al psiquiatra que se encontraba en proceso de divorcio. Por contra, sí que se lo comentó a su médica de cabecera, María del Mar Heras, y a la doctora que le sustituyó el 5 de julio de 2016, Irene Pérez.Las dos coincidieron al señalar que el paciente sufría un cuadro de «insomnio», aunque ninguna percibió una «situación de riesgo» que pudiese derivar en actos violentos contra sí mismo o contra terceras personas.En cuanto a la mezcla de ansiolíticos y alcohol que pudo alterar el estado del presunto asesino durante la noche de autos, los médicos precisaron que se le recetaron dosis «muy bajas». Sea como fuere, y aunque todo depende de la «susceptibilidad individual» de cada persona, lo más probable es que dicho cóctel le causase mayor embriaguez o somnolencia. De lo que sí habló Villalibre con su psiquiatra fue de los supuestos rituales de «brujería» que Benita Núñez realizaba en su contra. A este respecto, los hijos de la pareja desmintieron tales acusaciones. «Lo único que hacía de vez en cuando era ponerle una vela a la Virgen», aseguró Laura.