El Correo de Burgos

Tordómar se recompone tras una riada histórica

Ni la alcaldesa ni los vecinos recuerdan una tromba de agua similar / Junta, Diputación, Subdelegación y regidores de la zona brindan su apoyo al municipio

La planta baja de la vivienda de Salvador Díez fue una de las más afectadas por la riada. Los estragos del aguacero eran palpables incluso en la cocina.-RAÚL G. OCHOA

La planta baja de la vivienda de Salvador Díez fue una de las más afectadas por la riada. Los estragos del aguacero eran palpables incluso en la cocina.-RAÚL G. OCHOA

Burgos

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Ocurrió de repente, visto y no visto. En cuestión de minutos, los vecinos de Tordómar fueron testigos en la tarde del miércoles de una espectacular riada que anegó por completo varias calles del pueblo y la carretera N-622. Nadie en la localidad, ni siquiera los más mayores, recordaban una tormenta similar. «Esto ha sido lo nunca visto», comentaba Salvador Díez a media mañana mientras seguía achicando agua de la planta baja de su vivienda, en el 33 de la calle del Puente. Sin lugar a dudas, el inmueble fue uno de los más afectados por la inundación. El suelo embarrado, los muebles apilados y empapados o los electrodomésticos totalmente inservibles mostraban las consecuencias de un aguacero que dejó «momentos muy tensos» y de «pánico» ante la imposibilidad de cerrar la puerta principal de la casa con el objetivo de resguardarse.La tormenta se desató pasadas las 6 de la tarde. En ese momento, Salvador y su mujer, Esther Muela, se encontraban en el domicilio cuando sintieron la llegada de la lluvia. Al cabo de un rato, la calle comenzó a inundarse y varios vecinos procedieron a desatascar la rejilla del desagüe, a escasos metros de la casa. Sin embargo,«nada más terminar» alguien les advirtió de lo que se les venía encima. Fue tan rápido que a Salvador «no le dio tiempo ni a cerrar la puerta», revivía ayer su esposa, que no dudó en subir inmediatamente a la segunda planta con sus tres perros para observar, angustiada y atónita, cómo su marido intentaba cerrar «desde dentro». El problema, tal y como relataba el propio Salvador, es que «la fuerza del agua era impresionante», hasta el punto de caerse y sufrir daños en la espalda.Mientras las calles de Tordómar se anegaban, los vecinos grababan la escena para compartirla a través de Whatsapp. Así fue como se enteró de lo sucedido Amelia Cejudo, propietaria de una vivienda en el número 19 de la calle del Puente, prácticamente enfrente de la de Esther y Salvador. La anciana se encontraba en Lerma y nada más ver los vídeos se temió lo peor. Como es lógico, no pegó ojo en toda la noche porque «no sabía lo que me iba a encontrar». Afortunadamente, se sintió «aliviada» al comprobar que el agua solo había embarrado «medio portal». Aún así, todavía seguía «nerviosa» por lo sucedido.Si algo agradecían ayer los vecinos de la zona fue la rápida intervención de los bomberos de Lerma y de Santa María del Campo que se desplazaron a Tordómar pese a que la carretera se encontraba impracticable. De hecho, la Guardia Civil cortó el tráfico en ambos sentidos ante la imposibilidad de circular con seguridad. Una vez allí, las dotaciones de ambas localidades se afanaron en achicar el agua de las viviendas hasta las 11 de la noche.Entre los inmuebles que más sufrieron el azote de la riada se encontraba la casa rural que hace cuatro años sufrió un trágico incendio en el que fallecieron seis personas. Su propietaria, Lourdes Álvarez, se desplazó desde Aranda de Duero a primera hora de la mañana para comprobar los daños. Se enteró a través de varios vídeos que le enviaron «desde el extranjero» y estaba segura de que la vivienda se encontraría totalmente inundada dada su ubicación, en la N-622 a escasos metros del río Arlanza.No se equivocaba. Nada más llegar se percató de que la planta baja estaba «anegada de agua y barro», aunque «no habiendo víctimas ni heridos todo es solucionable», aseveraba con la voz entrecortada al recordar el luctuoso suceso de febrero de 2014. Así pues, las averías en este caso eran lo de menos. Ahora, lo fundamental para ella es arreglar los destrozos en la casa y «ponerla en funcionamiento» en cuanto le sea posible.«Todavía no sabemos el balance de daños», reconocía la alcaldesa de Tordómar, Inmaculada Sierra, mientras se entrevistaba con los vecinos de las áreas del casco urbano más afectadas por la tromba de agua. Entretanto, una dotación de la brigada de Vías y Obras de la Diputación Provincial trabajaba en la intersección de la calle del puente con la N-622. En ese momento, lo «básico» era «habilitar la zona, eliminar los residuos sólidos en las vías públicas, en la carretera, y limpiar».

Los estragos de la tormenta también eran palpables en el campo. Por ello, un técnico de la Junta acudió a Tordómar para evaluar el estado de las parcelas agrícolas afectadas por el aguacero. No en vano, el jefe del Servicio Territorial de Agricultura y Ganadería del Gobierno regional en Burgos, Juan José Busto, le comunicó a Sierra que «tendrán que pasar unos días para ver si hay tierras que puedan recuperarse».Más allá de los destrozos materiales provocados por la riada, lo más importante es que no hubo que lamentar «ningún daño personal». Eso sí, la regidora tuvo constancia de que algún que otro vecino sufrió «pequeñas crisis de ansiedad» porque enfrentarse a una situación de estas características resulta «muy angustioso». En cualquier caso, y teniendo en cuenta que «no puedes hacer nada» ante un desastre meteorológico, agradeció el apoyo prestado desde la Diputación, los alcaldes de la comarca del Arlanza, la Subdelegación del Gobierno y el Ejecutivo regional, que puso sobre aviso al Servicio de Conservación de Carreteras.Por su parte, el delegado territorial de la Junta enBurgos, Baudilio Fernández-Mardomingo, se personó en la localidad a las 7 y cuarto de la mañana para ver in situ las consecuencias del histórico aguacero. «Siempre me he sentido muy apoyada tanto por los alcaldes como por las instituciones, pero en estos momentos de crisis tan profunda es cuando más lo demuestran», manifestaba Sierra agradecida por las muestras de solidaridad hacia un pueblo de unos 350 habitantes que carece de los medios suficientes para reparar los daños por sí mismo.Al igual que sus vecinos, la alcaldesa confesó no haber visto una tromba de agua de tal magnitud en la vida, y eso que «siempre estamos mirando con recelo al río». Sin embargo, esta vez el Arlanza nada tuvo que ver. Sea como fuere, el municipio daba ayer muestras de su capacidad para recomponerse a la mayor celeridad posible.

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