«El árbol es complejo. Tienes que conocerlo, entenderlo y amarlo»
El botánico Bernabé Moya y el pintor Fernando Fueyo, invitados de lujo en la presentación del catálogo de árboles singulares, reclaman una mayor protección jurídica para tan vasto «patrimonio monumental»

Moya y Fueyo han vuelto este fin de semana a Burgos para participar en la puesta de largo del catálogo ‘111 árboles singulares de la provincia de Burgos’.-SANTI OTERO
Intercambian bromas, anécdotas y carcajadas antes, durante y después de la entrevista. Salta a la vista que a Bernabé Moya y Fernando Fueyo les une una larga amistad forjada en torno a una pasión común por la fauna, la flora y la «belleza» intrínseca de los bosques. Representan al cerebro, corazón y alma de los árboles, esos «seres vivos», siempre «pacíficos, que «aportan una visión estética sublime al paisaje». Botánico uno y pintor el otro, colaboran en proyectos conjuntos en los que conocimiento y arte se fusionan con el objetivo de arrojar luz y conciencia sobre unos compañeros «venerables» que «tanto nos aportan» pero que desgraciadamente muchos conciben como meros «elementos decorativos».No se lo pensaron dos veces cuando la Fundación Oxígeno les llamó para sumarse a la presentación, este fin de semana, del catálogo ‘111 árboles singulares de la provincia de Burgos’. Por lo que sabe, y deseoso de llevarse un ejemplar para sumergirse de lleno en sus páginas, a Moya no le cabe duda de que el equipo de Roberto Lozano ha realizado un «trabajo excelente» con el fin de «dignificar» la presencia de un «patrimonio monumental, ambiental y cultural» que se debe «proteger».En este sentido, recuerda que el marco normativo actual, recogido en la Ley de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, ampara el mantenimiento y respeto hacia los árboles monumentales. No obstante, son las propias comunidades autónomas las que asumen principalmente las competencias en materia de protección. Por lo tanto, el grado de cobertura jurídica y medio ambiental depende de la implicación de los gobiernos regionales. Y claro, hay territorios como la Comunidad Valenciana, con más de 2.000 árboles protegidos, u otros como Asturias donde apenas se preservan legalmente una decena.En Castilla y León, precisa Moya, el amparo normativo beneficia a 150 árboles, una cantidad irrisoria teniendo en cuenta la extensión territorial de la región. Por este motivo, cree que sería una «magnífica noticia» que laJunta «protegiera esos 111 árboles recogidos en el catálogo». La adopción de esta medida supondría un «paso de gigante», de ahí su llamamiento los representantes políticos de la Comunidad para que sean «valientes». En cualquier caso, asegura que Burgos -con 35 ejemplares protegidos en la actualidad- atesora un envidiable «patrimonio arbolado» que se caracteriza por su «valor» y nivel de «conservación». Además, «posiblemente tenga mayor calidad» que el de grandes enclaves del país como Valencia, Madrid o Barcelona.Tras el alegato de Moya, el pintor lamenta que muchas personas acudan a los árboles como si de un «parque temático» se tratase. Luego están los bienintencionados con «tendencia a abrazarlos», algo que no se debe hacer porque provoca daños y el ejemplar al final «morirá de éxito». Sea como fuere, Fueyo parafrasea a un amigo suyo que, con buen criterio, siempre dice que «en España conocemos dos tipos de árboles: el pino y el árbol».Lo fundamental es comprender que «el árbol es complejo. Tienes que conocerlo, entenderlo y amarlo». Solo así se puede generar esa «atmósfera especial» en la que «el hombre por fin encuentra su sitio». Asimismo, conviene tener presente dos obviedades que siempre se nos escapan. Por un lado, que «han evolucionado de una manera en la que no hay disputa». Por otro, que «su situación en el terreno se debe también a una necesidad de controlar el suelo».Desde un punto de vista eminentemente científico, Moya remarca que los «generadores de vida» más longevos protegen a «una de las biodiversidades más amenazadas», ya que su eliminación provoca la desaparición de «organismos adaptados a esos microhábitats». Por lo tanto, no ceja en su empeño a la hora de reivindicar mayor protección porque de lo contrario seguiremos «perdiendo un valor biológico natural de proporciones impresionantes».