El Correo de Burgos

Aranda de Duero

“Aranda debe contar con una unidad de salud mental infantil”

La psicóloga Blanca Cuesta narra las necesidades que está viendo entre los niños y adolescentes de Aranda y la Ribera

Blanca Cuesta lleva más de quince años trabajando como psicóloga clínica en Salud Mental Aranda

Blanca Cuesta lleva más de quince años trabajando como psicóloga clínica en Salud Mental Aranda

Publicado por
Loreto Velázquez
Aranda

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Se llama Blanca Cuesta, es psicóloga y gracias al programa que ha financiado la Fundación Alcampo y Salud Mental Aranda ha podido ayudar este año a 21 jóvenes, 11 adolescentes y 10 niños. Todos ellos se han ahorrado las molestias de tener que desplazarse a Burgos, donde se encuentra la única unidad de atención psiquiátrica infantil de la provincia.

Durante casi nueve meses han recibido atención especializada en su ciudad, Aranda de Duero o muy cerca, en el caso de pueblos de la Ribera. Sin embargo, al ser un proyecto temporal ahora ha terminado y se ven obligados a volver al centralizado –y colapsado- sistema público donde en lugar de ser atendidos una o incluso dos veces a la semana, las visitas se pospondrán durante meses. “Lo ideal sería que Aranda tuviese un servicio normalizado, dentro del Sacyl y con una línea de financiación en serio como la hay en empleo joven o en atención psicológica en adultos. Este programa ha sido fantástico pero no deja de ser un parche para un problema que va a peor porque la pandemia ha supuesto un antes y un después en la salud mental infantil”, urge la experta, convencida de que, una delegación en Aranda ayudaría además a Burgos a descolapsarse.

En la primera parte, de septiembre a febrero, la psicóloga clínica trató a adolescentes con edades comprendidas entre los 13 y los 17 años. “Las chicas han tenido un perfil muy parecido: jóvenes autoexigentes, que no se permiten un fallo, inseguras y con un nivel de reflexión brutal que no encajan en su entorno porque a lo mejor “lo que les gusta es leer, escribir o pintar”.

En cuanto a los niños (de 7 a 13 años), fueron tratados entre febrero y finales de mayo. El perfil aquí es más heterogéneo. “Había acosados pero también acosadores con un concepto de amistad erróneo”, asegura a sabiendas de que muchas veces los acosados o victimas de bullying terminan siendo acosadores. “Si le han pegado de pequeño, cuando pesa 70 kilos reacciona igual porque nos relacionamos según lo que vemos. Por eso es tan importante la prevención y la atención psicológica”, defiende.

Muchos han encontrado su ‘metaverso’

Las familias de estos niños también son heterogéneas. “Ha habido desde padres con trabajos precarios hasta estables y con puestos de trabajo de responsabilidad. Gente muy dispar pero con un objetivo común: una falta de habilidad a la hora de mantener una relación materno o paterno filial”.

En su opinión, en casa no pueden faltar cuestiones fundamentales como la disciplina, la rutina y las normas, pero tampoco el afecto, la confianza y la comunicación. “Tenemos que dedicarles tiempo pero tiempo de calidad”.

A la pregunta, ¿usted daría de alta a estos niños a día de hoy? La respuesta es preocupante. “A la mayoría no. Es cierto que han mejorado pero habría que seguir”, advierte con preocupación porque la pandemia ha hecho estragos. “Con el parón, la soledad, el tiempo en casa, muchos han encontrado su ‘metaverso’; un mundo cómodo alejado de la realidad, que es incómoda y a veces dolorosa. Faltan habilidades sociales”.

El trabajo ha sido individualizado. “Las sesiones grupales no gustan a los adolescentes. Prefieren hablar de sus cosas en la intimidad”, afirma a sabiendas de que en el grupo había también niños y algún adolescente que habían sido víctimas de abusos sexuales. “Con esos niños sobre todo hay que trabajar la autoestima, la confianza y el sistema de alerta, que tras el trauma lo tienen a tope”.

Pero, ¿cómo ve un padre que su hijo está mal? “Hay muchas señales, si llora sin motivo o está enfadado o triste; si no quiere ir al colegio o se empieza a portar mal… Todas esas señales deben hacernos pensar en que a lo mejor algo no va bien”.

Lista de espera

Aunque el programa cofinanciado entre Fundación Alcampo y Salud Mental Aranda ha ayudado a 21 niños, hay muchos más esperando. “Teníamos en lista de espera a veinte familias pero seguro que hay más porque los colegios dejaron de derivarnos porque sabían que el cupo ya estaba lleno”.

Terminado el programa, Salud Mental Aranda ha decidido reubicar a los adolescentes mayores de 16 años en su programa SEPAP (de adultos). El problema está sobre todo en los pequeños que “quedan desprotegidos”.

Entre los padres, el agradecimiento es total. “Ha ayudado a mi hija a tener más confianza”, asegura en las valoraciones uno. “Yo pensaba que podía ayudarla sola pero no era así y ahora está mucho mejor”, celebra otra.

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