Historia, patrimonio y tradición a caballo entre Arlanza y la Ribera del Duero
A la vera del río Esgueva, Torresandino reivindica con orgullo sus raíces mientras ofrece un sinfín de alicientes que merece la pena descubrir

Iglesia de San Martín, en Torresandino.
Tierra milenaria, probablemente poblada desde el Paleolítico, a caballo entre las comarcas de Arlanza y Ribera del Duero. Entre los mejores viñedos de la provincia de Burgos y con el río Esgueva a su vera, Torresandino es sinónimo de historia, patrimonio y apego a las tradiciones. A su alrededor, un sinfín de localidades y paisajes que merece la pena descubrir. En su interior, belleza rural castellana y la mejor acogida posible para el visitante.
Fue durante la Reconquista, en el último tercio del siglo IX, cuando una enorme fortaleza construida por orden de don Sindino en el cerro del Castillo dio nombre a esta hermosa localidad burgalesa. Por aquel entonces, la agricultura era el principal pilar económico y así ha seguido siendo hasta el día de hoy. No obstante, el turismo constituye actualmente una importante fuente de ingresos al conjugar patrimonio, alojamientos, restaurantes e incluso su propio Centro de Interpretación de la Naturaleza en el antiguo depósito de agua.

Monasterio de Nuestra Señora de los Valles, en la Lista Roja de Hispania Nostra.
Merece la pena, a pesar de su lamentable estado de abandono, visitar el Monasterio de Nuestra Señora de los Valles. Erigido en el siglo XIII y reedificado en el XIV bajo el patronazgo de Diego de Avellaneda para su posterior ocupación por parte de los Carmelitas Calzados, se mantiene en la Lista Roja de Hispania Nostra. Pese a todo, ni siquiera las ruinas de lo que fue impiden valorar la belleza de un templo de estilo gótico que, ojalá, algún día logre escapar de su ostracismo.
La que sí se mantiene en pie, como epicentro de la vida religiosa y cultural de la villa, es la iglesia de San Martín. Ubicada junto al Ayuntamiento, en pleno centro del pueblo, la parroquia ha sido objeto de múltiples renovaciones con el paso de los siglos. Aun así, conserva su ADN románico y destaca, sobre todo, por su retablo central en honor al patrón del municipio: San Martín Obispo.
Si por algo se caracterizan las gentes de Torresandino es por su apego a la cultura local. Las fiestas de Nuestra Señora Virgen del Carmen a mediados de julio y de San Martín en noviembre son sagradas. La música, siempre presente, sirve para ensalzar las danzas populares y el tradicional sonido de las dulzainas y tambores que, inexorablemente, forman parte de la Castilla rural que reivindica con orgullo sus raíces.