Pericopajas, la Vaca Romera y el Torero: «pánico, juerga e ilusión» en un Carnaval que solo verás en un pueblo de Burgos
Tras evitar su desaparición, los vecinos de Tolbaños de Arriba celebran este sábado una peculiar y centenaria fiesta con más de un siglo de historia

Pericopajas, dos toreros y la Vaca Romera en Tolbaños de Arriba.
Sufrió una larga época de «declive» y a punto estuvo de desaparecer. Menos mal que la Asociación Cultural El Salterío y los mozos lograron rescatarlo a tiempo. De lo contrario, Tolbaños de Arriba hubiese perdido su Carnaval, único en su especie y con más de un siglo de historia. Y nadie recordaría, de aquí a unos años, a la Vaca Romera, Pericopajas y el Torero.
La maldita despoblación tiende a jugar en contra de las tradiciones y el Carnaval de Tolbaños no es una excepción. Antaño, el jueves era cosa de niños, el domingo se reservaba a los mozos y el martes se juntaba toda la gente del pueblo. Ahora, no queda más remedio que concentrarlo todo en un solo día. Será este sábado, a partir de las 12:30 horas, cuando arranque el pasacalles de casa en casa pidiendo «dinero, chorizo o huevos para la comida».
Los tres emblemáticos personajes harán de las suyas desde el principio. La Vaca Romera saldrá a por todas para embestir al personal mientras el Torero «la ayuda a hacer emboscadas». Al final, el pobre Pericopajas se llevará «casi todos los palos» aunque por norma general «no se libra nadie». Para Cristina Segura, de El Salterío, lo que allí se vive es una mezcla de «pánico, juerga e ilusión». Porque todo el mundo, incluso los forasteros, entienden perfectamente cuál es la «esencia» de este peculiar Carnaval.
Echando la vista atrás, Segura rememora su infancia. Los chavales se lo pasaban pipa con el miedo en el cuerpo. Igual que sus ancestros, que no se olvidaban de aquel cura que se disfrazaba cada año a espaldas de las autoridades. Por lo que parece, «no llegó la censura de la Iglesia» y el hombre tampoco «hizo caso a sus mayores».
Si por algo se caracteriza este Carnaval es por su intrínseca vinculación con las tradiciones locales. «No es una fiesta de disfraces», aclara Segura. Que nadie espere ver a los niños con trajes de Superman, Bob Esponja o cualquier ídolo infantil de moda. En Tolbaños, de toda la vida, se ha optado por los atuendos «terroríficos» y las parodias, ya sea de una boda o incluso emulando a la Guardia Civil. Tampoco faltan los chicos que se visten de mujer y persiguen a los más pequeños con una bastruga. Y ojo, porque también era costumbre pintar la cara a los no disfrazados con el tizne de la lumbre.
A punto de experimentar una vez más ese «barullo de emociones», Segura invita a conocer este original Carnaval. Después del pasacalles y el vermú, habrá comida el toril y el plato estrella será, como siempre, «revuelto de patatas y huevo». A las 6 de la tarde, pequeños y mayores disfrutarán de un taller de ritmos castellanos y, para rematar, un vino caliente acompañando la merienda mientras la Vaca Romera, Pericopajas y el Torero echan sus últimas carreras.