El Bosque Comestible del Valle de las Caderechas: así es el proyecto que busca regenerar suelo y conciencia
Un grupo de voluntarios de Alcampo inicia la transformación de una finca baldía en un bosque comestible en Rucandio. Plantan 250 árboles en Rucandio para recuperar una finca en desuso

Voluntarios de Alcampo inician la transformación de una finca baldía en un bosque comestible en Rucandio.
Un grupo de 25 voluntarios ha comenzado con la transformación de una finca baldía en el municipio burgalés de Rucandio, donde se está desarrollando el futuro Bosque Comestible del Valle de las Caderechas. Este espacio, concebido como un ecosistema productivo, educativo y regenerativo, es fruto de la colaboración entre Alcampo, la Fondation Auchan, la Asociación Ábrego y la Asociación de Productores y Comerciantes del Valle de las Caderechas.
En esta primera jornada de trabajo, los voluntarios de Alcampo participaron en la plantación de 250 árboles frutales. Entre las especies seleccionadas se encuentran manzanos, perales, cerezos, almendros, ciruelos, melocotoneros y castaños, todos ellos adaptados a las condiciones del entorno. Además, se incluyeron variedades locales de alto valor patrimonial y gastronómico, como la pera decana del comicio, la ciruela cojón de fraile, la cereza roja de milagro o la pera espiriega.
El diseño del bosque se basa en un sistema multiestrato que imita la estructura de los ecosistemas naturales. Durante los trabajos se realizaron tareas de preparación del terreno y se instalaron zanjas de infiltración para favorecer la distribución del agua y mejorar la retención hídrica del suelo. El objetivo es que, a medio plazo, el bosque sea capaz de mantenerse de forma autosuficiente.
La plantación continuará en las próximas semanas, hasta alcanzar un total de 650 ejemplares. El espacio incluirá también arbustos, plantas medicinales y aromáticas, lo que contribuirá a aumentar la biodiversidad y a mejorar la calidad del suelo.
Carmen Odilón, directora de Alcampo Burgos, puso en valor el compromiso que representa esta acción y explicó que con esta iniciativa se está “sembrando conciencia, responsabilidad y un futuro más verde para las generaciones que vendrán”. Desde el punto de vista de la cadena de distribución se resaltó que “la visión de Alcampo siempre ha sido clara: ‘Comer bien, vivir mejor, cuidando el planeta’ y qué mejor manera de impulsar esta visión que hacerlo desde la misma raíz y sobre el propio terreno”.
La actividad se enmarca dentro de las ‘Jornadas de Apertura’, el programa de voluntariado corporativo de Alcampo que promueve la participación de los empleados en iniciativas sociales y medioambientales durante su jornada laboral. Desde 2018, más de 12.000 personas han participado en estas acciones en todo el país.
Según explicó Odilón, uno de los elementos distintivos de la Fundación es precisamente su forma de implicarse en los proyectos que apoya. “La Fundación no se limita a aportar solo financiación. Su seña de identidad es tejer vínculos sólidos con las entidades a las que respalda e implicar de forma directa a los equipos en esos proyectos”, aclaró.
Los impulsores del proyecto destacan que el Bosque Comestible también tiene una importante dimensión educativa. El espacio está diseñado para acoger a escolares y productores locales que podrán aprender técnicas agrícolas sostenibles, recuperación de suelos y sistemas de gestión eficiente del agua. Asimismo, servirá como modelo replicable para otras zonas rurales interesadas en estrategias de desarrollo sostenible y agroecología.