El Colacho revive en Castrillo de Murcia
la fiesta reunió a cientos de personas para presenciar el simbólico salto sobre los bebés, un rito ancestral que representa la victoria del bien sobre el mal. El Colacho recorrió las calles del pueblo entre tambores, danzas y fervor popular y saltó por encima de una veintena de bebés

El salto del Colacho simboliza la victoria del bien sobre el mal.
Castrillo de Murcia revivido ayer una de las tradiciones más singulares del calendario festivo español: el salto del Colacho. En una edición marcada por las altas temperaturas, la ausencia de lluvia y una masiva afluencia de público, cerca de una veintena de bebés fueron colocados sobre colchones a lo largo de las calles del pueblo para recibir la bendición simbólica de este personaje, que representa al mal y huye, literalmente, de la inocencia.
Como cada domingo posterior al Corpus Christi desde 1621, el Colacho corre, salta y es perseguido por los cofrades del Santísimo Sacramento, en un ritual que simboliza la victoria del bien sobre el mal. El estruendo del tamboril, los regidores, los alabarderos y los danzantes dan forma a una escenografía que se despliega entre las calles tortuosas y plazas adornadas de Castrillo, convertidas en escenario de esta representación ancestral vinculada al Corpus.
El Colacho recorre las calles del pueblo interrumpiendo los actos que organiza la Cofradía del Santísimo Sacramento, responsable de esta ancestral celebración. Con un tambor burlesco, saltos y carreras, el Colacho desafía el orden litúrgico hasta que finalmente es vencido. Su salto sobre los bebés, al tiempo que reciben la bendición del Santísimo Sacramento, representa la expulsión de toda influencia maléfica y el inicio de una vida protegida por la fe católica.
El programa, que arrancó a primera hora de la mañana con el toque de maitines y la primera aparición del Colacho, se prolongó durante toda la jornada del domingo con vueltas rituales por las calles, danzas tradicionales, visitas litúrgicas y actos simbólicos como la ‘colación de orejuelas y vino’ o el nombramiento de los nuevos Colachos. Uno de los momentos más esperados llegó a las seis de la tarde con la bendición del Santísimo y el salto sobre los bebés, justo antes del pregón y la proclamación del Colacho de Honor.
Esta mezcla de teatro sacro, rito de paso y fiesta popular hunde sus raíces en el Concilio de Trento. Fue entonces cuando el Papa Pío V impulsó la devoción al Santísimo a través de hermandades como la de Santa María de la Minerva en Roma. Poco después, en 1567, los Jerónimos trajeron esta devoción a Burgos, y en 1674 quedó instituida formalmente la Cofradía del Santísimo Sacramento de Castrillo de Murcia. Desde entonces, y con especial fervor el domingo posterior al Corpus Christi, esta cofradía organiza una puesta en escena tan ancestral como espectacular.
Toman las calles
El espacio escénico de esta representación no es un teatro al uso: son las propias calles, tortuosas y floridas, las que actúan como escenario. También el templo parroquial se convierte por momentos en foco central de los actos. La procesión, cuidadosamente ordenada, parte con la cruz parroquial y los estandartes de las cofradías, seguida por los fieles con velas encendidas, los regidores y los niños bendecidos, que serán acompañados por el Santísimo bajo palio. Detrás, siempre agazapado, el Colacho espera su momento para aparecer y saltar, cumpliendo con un rito tan esperado como simbólico.
No siempre fue así. En el pasado, el papel del Colacho se reservaba a personas a las que había que convencer con donativos o incluso buscar fuera del pueblo. Hoy, sin embargo, encarnar a esta figura es motivo de orgullo y casi una consagración para quien lo representa. “Antaño nadie quería encarnar al Colacho, que no deja de ser un diablo”, recuerdan desde la Cofradía, pero ahora el honor recae en los más comprometidos con la tradición.
La jornada terminó con una nueva vuelta del Colacho por las calles, el toque de oración y una última muestra de fervor popular que, más allá de lo pintoresco, tiene profundas raíces en la religiosidad popular castellana. Castrillo de Murcia sigue la celebración este lunes con la conocida vuelta diana, una ronda matinal dedicada a honrar la memoria de los cofrades difuntos, cuyo recuerdo sigue presente en cada rincón del pueblo.
Tras este inicio solemne, a media mañana tendrá lugar la visita a las distintas cofradías de Castrillo de Murcia, acompañada por una animada vuelta bullera por las calles. Ya por la tarde, tras la tradicional partida de morrillo, seguirá una nueva vuelta por las calles y como colofón, a las nueve de la noche sonará el toque de oración, que marca el inicio de la vuelta final, un recorrido que simboliza la clausura de los actos.

Galería | Así fue el salto del Colacho 2025: una fiesta única en Burgos

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