El Correo de Burgos

El milagroso hallazgo de Abril, sana y salva, tras «12 días de angustia»

Desapareció en Peña Corba «como si se la hubiese tragado al tierra» y la Guardia Civil llegó a buscar a Vanessa, su adoptante, pensando que era ella la que se había perdido. Todo parecía indicar que se había despeñado, hasta que fue localizada por una senderista

Imagen de Abril difundida por Vanessa, su adoptante, y Proanbur tras su desaparición.

Imagen de Abril difundida por Vanessa, su adoptante, y Proanbur tras su desaparición.ECB

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Un día de paseo como otro cualquiera. Vanessa dejó atrás la ermita de la Virgen de las Pilas y se dirigió hasta el alto de Peña Corba. Abril, la perrita que adoptó hace 9 años a través de Protección Animal Burgos (Proanbur), correteaba despreocupada. De repente, «desapareció como si se la hubiese tragado la tierra».

Absoluto silencio ante las llamadas de Vanessa, quien pasó una hora desgañitándose. De camino al coche porque se hacía de noche, pensó que le seguiría. No fue así y empezó a temerse lo peor. En una zona tan escarpada como aquella, cabía la posibilidad de que se hubiera despeñado y estuviese gravemente herida. Por ello, tuvo claro desde el primer momento que no había tiempo que perder.

La pesadilla de aquel fatídico 28 de octubre ha concluido este mismo domingo, hace apenas unas horas. Con final feliz y Vanessa rompiendo a llorar, como es lógico, nada más enterarse de que Abril había aparecido sana y salva. «La sensación de alivio es indescriptible», reconocería poco después a este periódico cuando, justo en la víspera, relataba lo «duro» que le resultaba salir todos los días en su búsqueda.

«Vente para Quecedo, que tenemos a Abril», le dijeron a Vanessa. No se lo podía creer. Acababa de obrarse un milagro en toda regla.

Bendita casualidad que una chica se encontrase haciendo una ruta senderista por la zona. En un momento dado, muy cerca de Quecedo, se percató de que no podía seguir adelante por la orografía del terreno. Entonces escuchó unos gemidos y localizó a una perrita desorientada y visiblemente asustada. Le costó ganarse su confianza y cogerla, pero lo consiguió. A la vuelta comprobó que no tenía batería en el móvil, así que llamó a la primera casa que encontró para ver si podía cargarlo. Para su sorpresa, los dueños reconocieron a Abril al instante.

«Vente para Quecedo, que tenemos a Abril», le dijeron a Vanessa. No se lo podía creer. Acababa de obrarse un milagro en toda regla y no podía esperar a reencontrarse con su perrita. La encontró, como es lógico, mucho más delgada. Lo normal dadas las circunstancias.

Toda una odisea

«Han sido 12 días de angustia. Se te para el mundo porque falta alguien de tu familia», remarca la vicepresidenta de Proanbur, Judith Sánchez. En contacto desde el primer momento con Vanessa para difundir carteles alertando de la desaparición de Abril a través de las redes, se llevó una gran alegría tras recibir la noticia. Atrás quedaba, por fin, «la incertidumbre de no saber si está bien, herida o agonizando en algún sitio».

Nunca se perdió la esperanza, al menos no del todo. Al día siguiente de la pérdida, Vanessa se plantó de nuevo en la zona a primera hora de su mañana. Para su sorpresa, recibió una llamada de la Guardia Civil para «ver si estaba bien». Resulta que una patrulla había visto su vehículo, aparcado en el mismo lugar que la jornada anterior, y los agentes se temieron lo peor. De hecho, ya se habían movilizado porque «pensaban que me había perdido en el monte» e incluso «tenían pensado usar un dron».

Eso era, precisamente, lo que Vanessa necesitaba para dar con el paradero de Abril. De otra forma resultaba «humanamente imposible» y un dron con cámara térmica se revelaba como la mejor opción. Acudió entonces a la Benemérita y Medio Ambiente, pero se topó con la burocracia. Lejos de desistir, siguió yendo a diario con la esperanza de que apareciese.

«Me costará más o menos tiempo, pero pienso sacarme el carné de piloto de drones para ayudar a quien lo necesite»

«Intento hacer todo lo que está en mi mano», reconocía Vanessa a este diario, 24 horas antes de que se obrase el milagro, mientras hacía un llamamiento -con el respaldo de Proanbur- a cualquier persona con titulación de piloto de drones para colaborar en la búsqueda. No veía otra salida, ya que su día a día consistía básicamente en dar «palos de ciego» y jugarse el tipo en más de una ocasión al acercarse lo máximo posible a zonas inaccesibles.

«Me costará más o menos tiempo, pero pienso sacarme el carné de piloto de drones para ayudar a quien lo necesite». Después de esta experiencia, Vanessa tiene claro que un dron es indispensables para este tipo de situaciones. En la misma línea, la vicepresidenta de Proanbur subraya que «hay que tener en cuenta el sufrimiento de las personas». Porque la pérdida de Abril, como la de cualquier animal que forma parte de una familia, se sufre de la misma manera que la de otro ser querido.

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