Detenido en Venezuela el dueño del 'criadero de los horrores' de Burgos
En busca y captura desde 2020 por maltrato animal y alzamiento de bienes, D. O. U. acumulaba un largo historial de denuncias por infracciones varias, estafas e incluso amenazas de muerte y agresión a un vecino en 2016

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.
Huyó de la Justicia en 2020, con un amplio historial delictivo a sus espaldas, mientras la Guardia Civil le pisaba prácticamente los talones. Nada se sabía de D. O. U., dueño del denominado 'criadero de los horrores' de Melgar de Fernamental, hasta hace bien poco. Recientemente detenido en Venezuela y por ende extraditado, acaba de llegar a España para ser juzgado por maltrato animal y alzamiento de bienes.
Bajo el foco del Seprona desde hace más de una década y con denuncias al margen de su actividad como criador por amenazas de muerte y agresión a un vecino de edad avanzada en 2016, D. O. U. se fugó cuatro días antes de que la Guardia Civil registrase sus propiedades en febrero de 2020 al amparo de la operación Chenilbur. Su historial, por aquel entonces, era vox populi por las múltiples investigaciones de las que había sido objeto junto a su compañera sentimental, Z. M. S. No solo por maltrato, sino también por más de una veintena de presuntas estafas relacionadas con la venta de mascotas a través de internet.
Con D. O. U. en paradero desconocido, el Juzgado de Instrucción 2 de Burgos emitió una orden internacional de detención para su extradición. En base a ello, la Interpol cursó una alerta roja de cooperación entre cuerpos policiales de todo el mundo con el objetivo de localizar y arrestar de manera provisional al fugado. Cabe destacar, en este sentido, que las extradiciones en casos de maltrato animal son excepcionales. No obstante, la Guardia Civil es pionera en perseguir esta clase de delitos dentro y fuera del país.
De forma paralela a la orden de búsqueda, el Seprona solicitó al Juzgado que dirigía la operación la inhabilitación de D. O. U. para ejercer como criador canino, la revocación de la licencia ambiental, el rescate de todos los perros de su propiedad y la clausura de la instalación, ubicada a las afueras de Melgar.
Finalmente, la investigación acabó dando sus frutos. En un primer momento, la Benemérita pudo acreditar que el fugado residía en una región de México. Y de ahí a Venezuela, años después, hasta que la colaboración policial y judicial entre países propició su arresto y posterior extradición para que D. O. U. responda ante la Justicia española por los delitos que se le imputan.
«Olía a muerto»
Corría el año 2013 cuando el Seprona empezó a inspeccionar asiduamente lo que después se convertiría en el 'criadero de los horrores'. Ya por aquel entonces, los agentes comprobaron que no se cumplían las normas higiénico-sanitarias y las denuncias administrativas por deficiencias e irregularidades no dejaban de acumularse. De hecho, cuando se procedió al registro poco antes del confinamiento ya atesoraba más de 50 actas de sanción.
Fuentes del Instituto Armado señalan que «los hábitos negligentes del criador en el cuidado de sus mascotas fueron agravándose, lo que provocó además un gran malestar entre los vecinos y resto de habitantes del municipio debido a la suciedad generalizada, olores, deposiciones acumuladas mezcladas con comida y plaga de parásitos». De ello daba fe una vecina, en declaraciones a este periódico allá por 2019, mientras ponía de relieve el carácter «violento» del ahora detenido.
En 2019, precisamente, se intensificaron las acciones y se comprobó la deficiente situación de los canes y de las instalaciones. En aquel momento, D. O. U. fue arrestado por maltrato animal al criador y se le retiraron cuatro perros por su pésimo estado de salud. Un año antes, una cuidadora vizcaína contactó con Z. M. S. tras leer un anuncio en internet ofreciendo perros ante el inminente cierre de un centro canino. Tal y como aseguró ella misma a este diario, salió «espantada» al comprobar cómo vivían los animales en un lugar donde «olía a muerto».
Otro aspecto que el Seprona tampoco pasó por alto fue que la licencia ambiental autorizaba la tenencia de 75 animales. Sin embargo, se comprobó que llegaron a residir 147 perros (97 adultos y 50 cachorros). La mayoría, según fuentes del Cuerpo, presentaban extrema delgadez, estaban enfermos y no recibían cuidados veterinarios.
Poco parecía importarle a D. O. U. que la Guardia Civil vigilase de cerca sus pasos. Es más, volvió a ser detenido dos veces más por estafa y por maltrato animal al persistir las mismas negligencias y condiciones de precariedad en las mascotas. Hasta tal punto de que, en dicha ocasión, fueron intervenidos cinco animales que precisaban atención veterinaria urgente.
La huida
La última visita al ‘criadero de los horrores’, con D. O. U. ya fuera de España, puso de manifiesto la urgente necesidad de clausurar definitivamente las instalaciones. Aparte, durante los registros practicados en su vivienda, la perrera y una finca se registraron escenas dantescas que entidades como Proanbur ya auguraban de antemano.
En el piso, sin ir más lejos, se localizaron varios perros muertos. Incluso un cachorro en una bolsa dentro del congelador. Afortunadamente, se pudo rescatar a 38 canes hacinados que convivían entre excrementos, sin agua y sin comida. Mientras tanto, en el criadero se hallaron varios cadáveres en un contenedor, algunos con signos evidentes de canibalismo. Como era de esperar, las necropsias de los cuerpos confirmaron que su muerte se debió a un estado de abandono total.
Los registros culminaron con la retirada, por orden judicial, de 86 perros supervivientes y dos gatos para su acogida. A raíz de esta última intervención, este periódico pudo saber que Z. M. S. visitó el criadero dos días antes de su desmantelamiento. «Entró, miró, salió y no les dio ni de comer ni de beber», aseguró un testigo convencido de que «les estaba dejando morir de hambre a propósito».

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.
La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.
La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.
La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.
La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.
La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.
La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.
La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.
La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.
La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.
La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.
La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.
La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.
La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'

La Guardia Civil durante el desmantelamiento del 'criadero de los horrores'.