Una antigua nuclear convertida en piscifactoría deja en el aire un interrogante sobre Garoña
El proyecto del yerno de Juan Roig, presidente de Mercadona, para producir lenguado en la antigua central nuclear de Lemóniz resuena en Santa María de Garoña, situada junto al Ebro y el embalse de Sobrón y en pleno desmantelamiento

La central de Garoña está a orillas del Ebro y el pantano de Sobrón.
La transformación de la antigua central nuclear de Lemóniz en una piscifactoría para criar lenguado ha vuelto a situar sobre la mesa una cuestión que afecta a otros enclaves vinculados a la energía nuclear en España. La posibilidad de dar otro destino a una infraestructura concebida para producir electricidad y apartada de ese ciclo permite mirar también hacia Santa María de Garoña, aunque la central del Valle de Tobalina atraviesa una realidad muy distinta.
El proyecto de Lemóniz, impulsado por Atitlan, el grupo fundado por Roberto Centeno, yerno de Juan Roig, presidente de Mercadona, prevé convertir unas instalaciones que nunca llegaron a funcionar como central nuclear en una planta de acuicultura con capacidad para producir 3.000 toneladas de lenguado al año. La operación ha llamado la atención por el contraste entre el origen del complejo y su nuevo uso, pero también porque introduce una solución empresarial a las viejas instalaciones energéticas, que podrían convertirse en espacios productivos ajenos a la electricidad.
En ese sentido, la central nuclear de Santa María de Garoña es el ejemplo más cercano para Burgos de una gran infraestructura nuclear que ya no tiene actividad energética y cuyo futuro está aún por decidir o, al menos, a tiempo de cambiar. La planta burgalesa se encuentra en fase de desmantelamiento, que aún durará varios años, tiempo suficiente para encontrarle un futuro que genere empleo en una comarca que ha perdido su referente económico y laboral tras el cierre.
En Lemóniz, el agua será la base de una actividad acuícola pensada para producir lenguado a gran escala, mientras que en Garoña la propia central fue levantada junto al Ebro y el embalse de Sobrón, en un entorno de interés natural y pesquero donde los aficionados han echado la caña durante años. Si alguna central nuclear tiene fácil reconvertirse en piscifactoría, esa es Garoña.
En la zona más próxima a Santa María de Garoña, la pesca se practica al amparo de la normativa autonómica y, en el tramo del embalse de Sobrón comprendido desde la cola del embalse, cerca del puente de acceso a la central nuclear, hasta la presa, los pescadores forman parte del paisaje fluvial asociado a la instalación atómica. Existen, además, áreas en las que la actividad está prohibida, como el refugio de pesca situado en la margen izquierda del Ebro, desde el puente de acceso a la central hasta la desembocadura del arroyo de Antorquiz. Es la Junta la que establece los tramos autorizados, las especies, los cebos permitidos y las condiciones concretas de cada temporada.
La nueva vida proyectada para Lemóniz podría ser un espejo para Garoña, aunque la antigua central vizcaína se encamine hacia la acuicultura y la burgalesa, hacia el desmantelamiento. Pero en un entorno como el de la central del Valle de Tobalina, en el que el Ebro y el embalse de Sobrón ponen las condiciones para una posible explotación pesquera, la opción de una piscifactoría queda en el aire.