El Correo de Burgos

Solicitan 12 años de cárcel a las monjas okupas de Belorado por maltrato a las religiosas mayores

Las siete encausadas defienden su inocencia y dicen sentirse víctimas de una «caza de brujas como en la antigua inquisición»

Las monjas de Belorado, entrando en el Juzgado de Briviesca.

Las monjas de Belorado, entrando en el Juzgado de Briviesca.SANTI OTERO

Burgos

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Las siete exmonjas cismáticas que en su día okuparon el monasterio de San Clara en Belorado y posteriormente se trasladaron a Orduña (Vizcaya) con cinco religiosas de entre 89 y 101 años para impedir que se las llevaran se enfrentan a 12 años de prisión por supuestos delitos de maltrato, coacciones y abandono. Esa es la petición formulada por la Fiscalía y la acusación particular, que defiende los intereses de la Oficina del Comisario Pontificio, tras la apertura de la causa instruida por un Juzgado de Bilbao. 

Conscientes de que se enfrentan a «graves acusaciones» en relación a sus «queridas hermanas mayores», una de las cuales ya falleció, las exclarisas se consideran «plenamente inocentes» y dicen afrontar el procedimiento con «la serenidad de quien sabe que no ha cometido los hechos que se le imputan y con la esperanza de que la verdad pueda quedar plenamente acreditada».

«Lejos de encontrar comprensión, sentimos que la presión sobre nuestra comunidad no ha dejado de aumentar», señalan las monjas okupas, a través de un comunicado, llegando incluso a hablar de «caza de brujas como en la antigua inquisición». Según sus propias palabras, sienten una «enorme tristeza» al comprobar que se pretende «destruir» un «proyecto de vida» al que no piensan renunciar. De hecho, se muestran dispuestas a seguir adelante «con la misma determinación que nos ha acompañado hasta ahora».

«Algunos nos consideran monjas rebeldes. Nosotras preferimos definirnos como mujeres de fe, conscientes de nuestras decisiones y dispuestas a asumir las consecuencias de actuar conforme a nuestra conciencia», remarcan las cismáticas mientras hacen hincapié en que «nuestra fortaleza nace de la fe, de la oración y de la esperanza».

Partiendo de este relato, las exmonjas se sienten víctimas de «una persecución y un castigo por haber desafiado a la autoridad eclesiástica y haber seguido el camino que, en conciencia, entendimos que debíamos recorrer». Pese a ello, enfatizan que «a pesar del sufrimiento, no responderemos con odio ni con resentimiento». Su intención, según recalcan, es seguir defendiendo su «dignidad», «libertad de conciencia» y «vocación» con la esperanza de que «la verdad prevalecerá».

Por último, las exreligiosas piden «respeto» hacia su «libertad de conciencia» y que se conozcan «todas las circunstancias» que rodean a su caso «antes de emitir un juicio definitivo».

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