TROTABURGOS
Pineda de la Sierra: Historia y naturaleza en la alta montaña burgalesa
Este pequeño municipio, entre las cumbres de Torruco y San Millán, destaca por sus casonas ganaderas, su patrimonio románico y la Vía Verde de la Demanda

Imagen de Pineda de la Sierra.
En el corazón de la provincia de Burgos, a escasos cincuenta kilómetros de su capital y accesible a través de la carretera BU-820, se localiza Pineda de la Sierra, un enclave singular. Este pintoresco pueblo, con una población que apenas supera los noventa habitantes, se asienta en un entorno natural privilegiado, enmarcado entre las imponentes cumbres de la Sierra de Mencilla y rodeado por extensos bosques autóctonos. Su atractivo reside en la combinación de un rico patrimonio arquitectónico, donde sobresalen sus espléndidas casonas tradicionales, y un paisaje montañoso que invita a la exploración.
La ubicación geográfica de Pineda de la Sierra es notable, situándose estratégicamente entre las dos montañas más elevadas de la provincia, Torruco y San Millán, que superan los dos mil metros de altitud. Además, el municipio es atravesado por el río Arlanzón, cuyas fuentes se encuentran a pocos kilómetros de la localidad, contribuyendo a la riqueza hídrica y paisajística de la zona. Históricamente, la economía local ha pivotado sobre la ganadería ovina y bovina, la silvicultura y, más recientemente, el turismo rural.
Sin embargo, su pasado revela una importante actividad minera, con la extracción de diversos minerales en sus inmediaciones, lo que atestigua una rica historia económica y social. La villa de Pineda, además, gozó de tutela regia, un estatus confirmado por los fueros otorgados por el rey Alfonso VII en el año 1136, y formó parte de la Intendencia de Burgos entre 1785 y 1833, siendo uno de sus catorce municipios.

Imagen de viviendas de Pineda de la Sierra.
El legado de su próspero pasado ganadero se manifiesta de forma palpable en la arquitectura local. Las espléndidas casonas construidas por los ricos señores ganaderos, que hicieron de Pineda un núcleo fundamental para la ganadería trashumante de la región, son un testimonio de su esplendor. Estas edificaciones, de gran solidez y una sobriedad de formas característica, se distinguen por el intenso color rojizo de los sillares de arenisca que componen sus muros, un rasgo distintivo que las hace inconfundibles.
Su presencia refleja la importancia que Pineda de la Sierra tuvo desde la Edad Media como relevante centro ganadero. Junto a estas, se pueden observar las típicas casas serranas, que conservan sus características chimeneas troncocónicas encestadas, elementos que añaden un encanto particular al conjunto urbano.
El patrimonio cultural de Pineda de la Sierra es un reflejo de su dilatada historia. La Iglesia de San Esteban, declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento Histórico, es su joya arquitectónica más destacada.
De su fábrica románica original, conserva elementos de gran valor como el ábside, parte de los muros y una preciosa galería porticada que data del siglo XII. El resto del edificio y la torre son fruto de transformaciones posteriores que han enriquecido su estructura a lo largo de los siglos. Además de la iglesia parroquial, el municipio alberga dos ermitas de interés: la del Santísimo Cristo y la de San Pedro, ambas puntos de referencia para la devoción local y ejemplos de la arquitectura religiosa tradicional de la comarca. Estos monumentos no solo son testigos del pasado, sino que también son centros activos de la vida cultural y espiritual del pueblo.

Vista de la iglesia de San Esteban Protomártir.
Las festividades marcan el calendario anual de Pineda de la Sierra, manteniendo vivas las costumbres y el espíritu comunitario. Las fiestas patronales en honor a la Virgen de Villa son las más importantes, celebrándose durante el primer o segundo fin de semana de septiembre, con el día grande fijado el 8 de ese mes. San Esteban, el patrón del pueblo, tiene su propia celebración el 26 de diciembre.
Una tradición arraigada es la Fiesta de la Cruz, que tiene lugar el 14 de septiembre. Durante esta jornada, la imagen de la Virgen de Villa es llevada en procesión hasta la ermita del Santo Cristo por la mañana, para ser retornada a la iglesia de San Esteban por la tarde, en un acto de profunda devoción. La Romería de San Pedro, que se celebra en mayo, también posee un papel significativo. Antiguamente, esta romería se realizaba para implorar un año de buenas cosechas y marcaba el inicio de la primavera, una tradición que subraya la conexión del pueblo con los ciclos naturales y la agricultura.
El entorno natural de Pineda de la Sierra ofrece un sinfín de posibilidades para los amantes del aire libre y el turismo activo. El pueblo se erige como un excelente punto de partida para excursiones y rutas de senderismo por las cercanas Sierras de Demanda y Mencilla, que brindan paisajes de gran belleza y una rica biodiversidad.
Un atractivo singular es la Vía Verde de la Demanda, una antigua línea férrea reconvertida en sendero que atraviesa el municipio, ideal para ciclistas y caminantes que deseen explorar la comarca de forma sostenible.