El Correo de Burgos

Las exmonjas de Belorado se suben al carro de Maricarmen y el «drama de los desahucios»

La comunidad carga contra la Iglesia por su importante patrimonio inmobiliario mientras su jefe de Prensa advierte que «hoy son ellas, pero perder el hogar puede afectar a cualquiera»

Las exmonjas de Belorado, de camino al Juzgado de Briviesca.

Las exmonjas de Belorado, de camino al Juzgado de Briviesca.SANTI OTERO

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Aprovechando el tirón mediático de Maricarmen, la anciana madrileña desalojada el pasado miércoles de su vivienda, la exmonjas de Belorado saltan de nuevo a la palestra para denunciar públicamente el «drama de los desahucios» a fin de reclamar «una solución para esta cruel práctica tan arraigada en nuestra cultura». En este sentido, la comunidad liderada por Laura García de Viedma cuestiona que, mientras la Iglesia mantiene un importante patrimonio inmobiliario repartido por todo el territorio, «se pueda llegar a desahuciar a religiosas y dejarlas sin los espacios necesarios para desarrollar su vida». En base a ello, solicitan públicamente que «se atienda a la dimensión humana de estos procedimientos y que se busquen vías de diálogo y soluciones habitacionales antes de que nuevos desalojos agraven su situación».

Convencidas de que la problemática de los desahucios trasciende su propia situación, las exmonjas de la villa beliforana lamentan que cada vez haya más «personas, familias o comunidades que afrontan la pérdida de un espacio que constituye su hogar». Su jefe de Prensa, Francisco Canals, advierte además que «hoy son ellas, pero el drama de perder el hogar puede afectar a cualquiera».

Según Canals, las religiosas cismáticas sobreviven actualmente «como pueden» mientras afrontan nueve procesos judiciales con una larga sucesión de comparecencias y trámites ante los juzgados. Entretanto, se afanan en mantener «su vida comunitaria mientras hacen frente a los procedimientos y a sus obligaciones económicas».

Una vez desalojadas de Belorado por orden judicial tras un proceso que trataron de dilatar al máximo, las monjas okupas mantienen su presencia en los conventos de Orduña y Derio, donde también existen actuaciones encaminadas a conseguir su desahucio.

Para las exmonjas, apunta su portavoz ante los medios, abandonar ambos monasterios supondría «perder lugares donde han desarrollado durante años su vida comunitaria y espiritual, agravando todavía más su situación». «No somos únicamente un expediente judicial. Somos personas que necesitamos un lugar donde vivir y continuar con nuestra vida», señalan aludiendo a la acumulación de procedimientos que forma parte de su día a día en una permanente carrera entre juzgados, abogados y recursos.

Las monjas rebeldes denuncian además una «contradicción» que, a su juicio, merece una reflexión social: «la Iglesia es uno de los grandes propietarios de bienes inmuebles en España y, al mismo tiempo, comunidades religiosas como la de Belorado se enfrentan a procedimientos de desahucio que las dejan en una situación de extrema precariedad».

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