El Correo de Burgos

LA ESPUELA / CARLOS VILLA

«Toda la vida es un juego»

Jefe de negociado de Deportes del Ayuntamiento de Aranda de Duero

-LORETO VELÁZQUEZ

-LORETO VELÁZQUEZ

Burgos

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LORETO VELÁZQUEZ

Pregunta- Cuanto más mayor, más niño. Es como Peter Pan…

Respuesta- Sí, es lo que más me ayuda a vivir feliz, conservar las sensaciones de la niñez. ¡Qué le voy a hacer, me emociona más una peonza que un gol de Ronaldo!

P.- ¿Qué quería ser de mayor cuando era pequeño?

R.- Veterinario o practicante.

P.- ¿En qué momento decidió que no quería dejar de jugar?

R.- Empecé a coleccionar juguetes antiguos en 1978, comprando peonzas hechas de madera de olivo en la provenza francesa, durante mi viaje de novios. Allí me entró la nostalgia por la infancia, por las vivencias alrededor del juego y me di cuenta de que el juego había sido una parte importante en mi desarrollo, así que empecé a interesarme por el tema.

P.- ¿Cuántos juguetes tiene y cuánto ha invertido?

R.- Pues alrededor de unos 700, y en cuanto a lo invertido… horas infinitas, conversaciones enriquecedoras con gente de todo el mundo. Lo de menos es el valor material de las piezas. Para mí lo más importante es la pequeña gran historia que encierra cada una de ellas.

P.- Tendrá a la familia contenta…

R.- Bueno, hay momentos en que me han amenazado con ponerme de patitas en la calle con mis “trastos”, pero Merche es una compañera ideal. Me ha apoyado en todo, ha sabido también sujetarme, pero está siempre ahí a mi lado, y cada vez disfrutando más de esta afición.

P.- Más allá del valor económico aquí tenemos un tesoro histórico y la mejor forma de conectar a niños con abuelos.

R.- Es lo que hace grande al juego. Cuando los niños hablan con sus abuelos son conscientes de que ellos también han sido niños, que jugaban como ellos, que han conservado esas costumbres para transmitírselas. Y por otra parte, los mayores, en un mundo en el que la comunicación inmediata es cada vez más escasa, agradecen infinitamente que sus pequeños se interesen por ese aspecto de su vida.

P.- Ha recorrido medio mundo formando una colección que impresiona. ¿Cuál es la pieza qué más le costó conseguir?

R.- Bueno, hay una en concreto que me trajo por el camino de la amargura. Se trata de un guante de “laxoa”, una modalidad de pelota típica del País Vasco, que me tuvo recorriendo el País Vasco francés, el valle de Baztán y no se sabe cuántos pueblos y aldeas de esa zona. Finalmente, lo encontré y ya está en las vitrinas del museo. El precio final fue de lo más razonable, pero si añado los gastos de viaje… pues me hubiera salido más barato encargarlo en oro macizo a un orfebre. (Ríe).

P.- ¿Tendrá un niño bonito?

R.- Un cochecito de niño sobre patines, de finales del XIX, de origen noruego y un caballo de madera, sobre ruedas, ¡que es una maravilla!

P.- Con mucho esfuerzo, su asociación abrió en 2013 un museo de Juegos Tradicionales único. ¿Cómo van las visitas?

R.- Este mes o el que viene, llegaremos al visitante número 10.000. La verdad, es que tras mucho peregrinar por un espacio digno, este museo es un sueño.

P.- Juegan en casa pero con gente de fuera.

R.- Nadie es profeta en su tierra y la verdad que encontramos una explicación. Nos resulta curioso que a la semana de abrir el museo ya nos hubieran visitado colegios de Cantabria, y que sin embargo tuviera que pasar un año para recibir al primer colegio de Aranda. Es una asignatura pendiente y estamos intentando poner remedio.

P.- ¿Estamos perdiendo tradiciones?

R.- Yo creo que poco a poco se están recuperando pero no sólo en el campo de los juegos; también en la música, la gastronomía o el baile.

P.- Es curioso que los juegos tradicionales son prácticamente iguales en todo el mundo.

R.- Pues sí. Y lo que más curioso resulta es que los juegos infantiles son exactamente iguales en los cinco continentes. Luego, a medida que los juegos van siendo cosa de adultos empezamos a ver cómo cada nación, grupo étnico, o incluso, pueblo o tribu, comienza a incluir elementos diferenciadores.

P.- ¿Ha cambiado mucho la forma de jugar?

R.- No, el juego tradicional se mantiene fresco, en su salsa. Han cambiado las formas, los espacios y los modos de divertirse, pero el juego tradicional sigue ahí con su indiscutible personalidad.

P.- ¿Qué se pierde con los videojuegos?

R.- Valores como la comunicación, la solidaridad, y sobre todo, la capacidad para conocer y reconocer nuestro poder y nuestras limitaciones. Eso en el juego tradicional es una constante. No somos conscientes cuando jugamos de lo que estamos haciendo, pero estamos adquiriendo habilidades que nos van a permitir afrontar la madurez con muchos recursos emocionales. Jugando aprendemos a perder y a ganar, a aportar lo mejor de nosotros mismos al grupo, a retirarnos y dejar paso a otros cuando son mejores en ese campo. En definitiva, a aprender a valorar y respetar la propiedad. ¡Es auténtica escuela de vida!

P.- Los padres también juegan un papel fundamental, aunque a veces estén más en el trabajo que en el juego.

R.- Sí, un papel muy importante. Yo siempre he defendido que el mejor juguete que podemos proporcionar a nuestros pequeños es nuestro tiempo. Atenderlos, acariciarlos y consolarlos cuando se caen, cantarles canciones, contarles cuentos, enseñarles a jugar con las castañas en otoño o con los cardos en verano.

P.- ¿Por qué los juegos terminan con la edad?

R.- Nunca terminan, lo que cambia es la forma de jugar. ¡Toda la vida es juego!

P.- ¿A qué juega un hombre que los tiene todos?

R.- A bolos, a tanguilla, a cartas… Una buena partida de mus me da la vida, me hace olvidar problemas.

P.- Un consejo para los padres…

R.- Que disfruten de sus hijos, que les dediquen tiempo. Cuesta mucho tener un hijo como para no disfrutarlo. Esa sonrisa cuando le cantas los `cinco lobitos´, esas carcajadas cuando le haces `tortas tortitas´, esas pedorretas que te demuestran que es feliz a tu lado, es uno de los más maravillosos momentos que se pueden vivir en la vida y si no los disfrutamos en su momento justo, no vamos a tener un botón de “replay” para recuperar el tiempo perdido.

P.- ¿Y para los políticos?

R.- Que jueguen, que sean niños, que vean el mundo con curiosidad infantil, que se olviden por unos momentos de las doctrinas y luchen por las necesidades reales de la sociedad.

P.- ¿Caña o vino?

R.- Siempre vino.

P.- Si pudiera enviar un tuit a su yo de cuando tenía quince años, ¿qué le diría?

R.- ¡Tira para casa! Siempre llegaba tarde. (Ríe).

P.- Y si existiese la reencarnación. ¿Qué le gustaría ser?

R.- Carlos de la Villa, esposo de Merche. Repetiría sin dudar.

P.- ¿Un sueño?

R.- El mejor: que nunca dejemos de soñar.

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