Así se ha recuperado Santibáñez del Val, el pequeño pueblo de Burgos arrasado por el fuego
Las viviendas que faltan han pedido una prórroga que termina en octubre de 2025

Ana es la alcaldesa de Santibáñez del Val
Han pasado 18 meses desde que un incendio cambió su historia y, aunque aún queda mucho por hacer, Santibáñez del Val es un ejemplo de resiliencia. “Ese día perdimos muchas cosas, parte de lo que somos, pero también sabemos que, cuando terminen todas las obras, va a quedar un pueblo muy bonito, un pueblo con futuro”, asegura la alcaldesa Ana María García.
Sabe de lo que habla. Como responsable política del Ayuntamiento, no solo estuvo en el puesto de mando aquel fatídico 24 de julio de 2022 y ha afrontado todos los trámites que acarrean la reconstrucción, sino que también vio arder la casa familiar que su madre heredó de sus abuelos. “Era de mis bisabuelos y, la verdad, ha sido duro”, afirma.
Puerta con puerta nos encontramos con Cristina Domingo Arauzo, la prima que heredó la otra parte de una casa que en su día se dividió para dos hijos. “La obra en mi casa comenzó en mayo-junio y ya está en la recta final, aunque quedan los remates, que son los más laboriosos, pero esperamos poder entrar ya en Semana Santa”, asegura junto a su marido, Benito Pozo Ramos.

El fuego llegó de pronto a muchas casas de Santibáñez del Val
Cristina vive en Solarana, a 10 kilómetros de Santibáñez. Desde ahí vio, ese 24 de julio, el humo que primero comenzó en Quintanilla del Coco. “Salíamos de misa e íbamos a tomar el vermú y, cuando vimos el humo, fuimos para ayudar, pero ya no nos dejaron pasar. La Guardia Civil había cerrado la carretera, pero ya desde ahí veíamos que el fuego, por la dirección del aire, se dirigía a Santibáñez”.
Aunque la carretera estaba cortada y los guardias le dijeron hasta en tres ocasiones que no podían ir por seguridad, el impulso de proteger su casa y su pueblo fue más fuerte. “Fuimos atravesando el monte y, cuando llegamos, mi casa aún estaba bien. En el pueblo había unos bomberos de Lerma, con un camión pequeñito, y luego había otro camión más grande que apagó bastante, pero justo cuando el fuego estaba a dos casas de la mía, le llamaron para que fuera a Silos y ya no pudimos hacer nada. El fuego entró en la casa de al lado por el tejado y se propagó rápido con unas llamas terroríficas”.

La reconstrucción total de Santibáñez del Val llegará en octubre de 2025
Ella lo tiene claro: “Si nos hubiesen dejado acceder a los vecinos, podíamos haber hecho como hicieron en Quintanilla del Coco, que no dejaron que el fuego entrara en las casas. Pero aquí lo dieron por perdido”, lamenta con la mirada puesta también en los bomberos de Aranda de Duero. “Sabemos que querían venir, pero por un problema político no fueron activados”, reprocha.
Cristina recuerda ese día con “una impotencia terrible”. “Yo estaba ahí viendo mi casa arder y sabía que no podía hacer nada, pero no me podía marchar. Era algo superior”. Hoy echa en falta muchas cosas, como los muebles de nogal de su regalo de bodas, pero “sobre todo los recuerdos, todas las cartas de mis padres cuando estuvieron en Suiza, las fotos de mis bisabuelos, que no tengo ninguna, de mis abuelos… Recuerdos muy importantes que no voy a recuperar”, lamenta emocionada.
En la reconstrucción han tenido que seguir unas directrices obligadas por la administración. “Nuestra intención era demoler y hacerla como estaba antes, pero, al quedar las paredes principales, no nos dejaron. Y la consecuencia es que, como la casa estaba muy empozada, al final, para equilibrar, hemos perdido la altura del desván y las ventanas de la planta superior han quedado más bajas de lo normal”.
En su caso, la Junta de Castilla y León ha aportado 135.000 euros. “Calculo que nosotros pondremos cerca de 50.000 euros. Como somos jubilados, es un dinero que teníamos ahorrado para la vejez. En una situación normal, nunca lo hubiésemos invertido en esta casa porque, aunque era vieja, nos gustaba así y nos valía así, pero con el fuego no podíamos dejarla hundida”.
Un balance desolador
Según el balance oficial, el fuego asoló once casas; de ellas, ocho necesitan una reconstrucción completa. Hay tres que están bastante avanzadas y faltan cinco por iniciar la rehabilitación. Estas últimas han pedido una prórroga y tienen de plazo hasta octubre de 2025. Junto a las casas, se quemaron 75 inmuebles entre tenadas, talleres, almacenes y merenderos. “Todo lo que requería obra pequeña se ha arreglado ya y, además, se ha hecho con empresas de la zona, unas sesenta”, destaca, a sabiendas de que el problema llegó con las viviendas. “No fue fácil encontrar empresas interesadas porque, al no haber por aquí, pillaba lejos”.
El dinero de las ayudas no ha sido un problema. La Junta de Castilla y León asumió el coste de la demolición y luego habilitó una línea para los vecinos afectados que iba de los 300 euros a los 160.000 euros, los casos más graves, pasando por otras partidas de 9.000, 11.000 o 18.000 euros. “La Junta ha cumplido desde el primer momento y, además, rápido: a los dos meses ya teníamos el dinero. Estamos súper agradecidos a la Junta y a la Diputación, que también nos ha ayudado bastante. Ojalá las cosas funcionaran siempre así”, afirma la alcaldesa.
En infraestructuras, tras la demolición, lo primero fue arreglar la calle principal, que se estrenó coincidiendo con el primer aniversario. Ahora el reto es terminar la calle del Rincón, la más afectada por el incendio. “Tuvimos problemas con el contratista, pero cambiamos de empresa y ahora va bastante avanzado y acabará en poco tiempo”, señala la alcaldesa, a sabiendas de que aún quedará la parte final, la que da a la plaza.
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Si bien es cierto que la Junta ha cumplido, también lo es el esfuerzo de un pueblo que, tras el incendio, trabajó de forma incansable para realizar un inventario de daños, con todo lo que se había perdido, todo lo que se necesitaba y los propietarios afectados. “Fue un trabajo muy duro que luego facilitó mucho las cosas”, subraya agradecida a personas clave como Santos Peñacoba o su mujer, Ana, entre otros.
Tras el incendio, hubo tres familias que tuvieron que buscar una vivienda provisional. La Diputación les dio una subvención para pagar un alquiler, pero lo cierto es que, en pleno verano, no era nada fácil encontrar una casa en los pueblos de alrededor. “No querían alejarse y fue difícil. De hecho, una de ellas se tuvo que ir a Burgos”, recuerda la alcaldesa de este pueblo que tiene 57 vecinos censados, pero que en invierno no llega a la docena. “Eso sí, en verano llegamos a los 250 y, los fines de semana, hay alrededor de 50”, puntualiza.
Mejor preparados contra el fuego
De cara al futuro, Santibáñez se prepara para estar listo ante una nueva emergencia. “Con los cerca de 6.000 euros que nos han donado de iniciativas sociales, como cenas solidarias o venta de camisetas, vamos a mejorar bocas de riego y hemos adquirido un camión cisterna que vamos a ajustar para que se pueda aplicar a un tractor”, avanza decidida a sacar el lado positivo. “Cuando esté terminado, todo el cambio va a ser espectacular”.
La alcaldesa sueña además con recuperar una casa del siglo XIX y convertirla en la Casa del Artista, un proyecto de coworking que fije población en el pueblo. “Es un proyecto muy ambicioso, de 300.000 euros, pero tenemos la esperanza de conseguirlo”.