El Correo de Burgos

Aranda clama contra los perjuicios de la okupación: «Se están ocupando edificios casi enteros»

Aseguran que algunos vecinos del barrio de Santa Catalina enturbian la convivencia y culpan a los okupas problemáticos / «Se están ocupando casas, y como la Ley está de su parte, no hay nada que hacer», lamentan

Edificios en Santa Catalina, donde los vecinos denuncian el aumento de casas ocupadas y piden medidas urgentes.

Edificios en Santa Catalina, donde los vecinos denuncian el aumento de casas ocupadas y piden medidas urgentes.L. V.

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Aranda

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Preocupados por el incremento de casas ocupadas o inquiocupadas, los vecinos del barrio de Santa Catalina exigen medidas urgentes. «Se están ocupando edificios casi enteros», advierten.

Una de estas vecinas vive en la calle Diego de Avellaneda, justo en frente de uno de los bloques donde varias familias han ocupado al menos tres pisos. «Por lo visto, les han echado de un montón de pueblos y ahora están aquí», lamenta con inquietud, porque «hacen ruido», «montan bronca» y «los perros están todo el día sueltos». «Los niños no sé si están escolarizados, pero se pasan el día en la calle».

Según sus cálculos, llevan ocupando este viejo inmueble desde el pasado mes de octubre. «En la calle ponen colchones, muebles… Una semana que hizo mucho calor, pusieron hasta una piscina de esas de plástico», relata sorprendida, porque es algo que, según la Ley, no está permitido. «Yo, cuando hice una pequeña reforma hace unos años, la Policía enseguida vino para decirme que no podía tener nada en la calle».

Esta vecina, que prefiere no dar a conocer su nombre «para evitar represalias», vive muy cerca del portal donde, el pasado 2 de diciembre, apareció el cadáver de un hombre que había sido apuñalado tras una discusión. «Esa mañana, yo salía pronto a trabajar, como siempre, y me lo encontré ahí tirado. Un horror».

La proliferación de ocupas obliga a tener especial cuidado. «Mi hermana tiene un piso aquí muy cerca, y como ella no puede venir, ha comprado una lámpara de esas que se encienden a ciertas horas, y luego voy yo a tender allí la ropa para que no vean que la casa está vacía».

Su hija puntualiza: «Yo no tengo esa sensación de miedo, pero sí hay una realidad: se están ocupando casas, y como la Ley está de su parte, no hay nada que hacer».

¿Necesidad o negocio?

Desde el sector de la construcción, los expertos arandinos aseguran que la ocupación es un problema que se está agudizando en Santa Catalina, pero que se extiende a otros barrios de la capital ribereña, como el centro, en calles como la Bajada del Molino, Pedrote o a pocos metros de la Iglesia Santa María.

Algunos vecinos optan por poner lámparas programables para evitar ocupaciones cuando no están en casa.

Algunos vecinos optan por poner lámparas programables para evitar ocupaciones cuando no están en casa.L. V.

Según explican, hay dos tipos de ocupas: los que entran dando una patada (o dejando a otro que la dé por ellos), que son normalmente en edificios viejos y pequeños, con pocos vecinos, «para que nadie dé la alerta», y los inquiocupas, que dejan de pagar el alquiler hasta que la propiedad logra echarlos en la vía judicial, un trámite que se puede alargar hasta los 2 o 3 años.

Aunque todos coinciden en que detrás de la ocupación hay «un drama social», en «muchos casos también se esconde un interés económico»; desde personas que presuntamente abren casas por el método de la patada «y luego venden las llaves a un tercero», o pisos que se convierten en puntos de venta de droga o prostíbulos, a personas que favorecen el acceso de ocupas a un edificio para que los vecinos tradicionales se vayan, vendiendo sus pisos a bajo precio para luego comprarlo ellos, «y luego los ponen en alquiler, obteniendo una renta bastante alta». «Cada habitación, de las pequeñas de los pisos de antes, puede costar 300 euros», aseguran los expertos.

Calles más conflictivas

Dicho esto, hay que puntualizar. El barrio de Santa Catalina es el más grande y populoso de Aranda, y la inseguridad no afecta a la totalidad. «La situación más complicada está en el núcleo entre Santa Margarita, Tenerife, parte de Pizarro, parte de Pedrote, Hospicio y Niño Rasura», aseguran conscientes de que los precios ahí «han bajado y son pisos difíciles de vender» porque se juntan varios factores como «ser zona de ocio, inmigración y ocupación».

«Soy un vecino más»

De origen portugués, Joāo lleva más de 40 años viviendo en Aranda, y desde hace cinco vive en la calle Pizarro, cerca del mesón Los Arcos. «Aquí, en este tramo, hay pocos problemas, pero en cuanto pasas de la Avenida de Burgos, da un poco de respeto».

En su opinión, es una cuestión de voluntad. «Yo soy extranjero, pero cuando vine aquí, me adapté y soy un vecino más. Solo pedimos eso: respeto y convivencia, como la ha habido siempre. Aunque a la policía se la ve mucho más y pasan tres y cuatro veces, hace falta un cambio».

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