Crecida del río Duero
“El agua ha llegado a los dos metros. Voy a necesitar mucha ayuda para poder abrir de nuevo”
El gerente del quiosco El Barriles pide apoyo económico al Ayuntamiento de Aranda

Miguel posa con su hijo junto al quiosco El Barriles
Con la reapertura de la Avenida del Espolón, los vecinos de los bloques más afectados por la riada del río Duero respiran hoy más tranquilos. No es el caso de Miguel. El quiosco que regentaba en El Barriles, propiedad del Ayuntamiento de Aranda, sigue sumergido. “El agua ha llegado a los 2 metros. Voy a necesitar mucha ayuda para poder reabrir de nuevo”, lamenta.
Él lo tiene claro: ha faltado información. Según explica, la Concejalía de Medio Ambiente le avisó de que iba a llegar la primera riada, la del jueves 5 de febrero, por lo que pudo recolocar las cosas “arriba” y sellar la puerta antes de que entrase el agua. “Fueron como 5 centímetros de agua limpia y no hubo más problema”.

El quiosco quedó practicamente inundado
Sin embargo, en la riada del viernes 13 de febrero, la Confederación Hidrográfica CHD no alertó de la envergadura. “Como la Policía había acordonado la zona por seguridad desde la primera riada, pedí permiso a Medio Ambiente para reabrir el jueves 12 y tanto en la Policía como en el Ayuntamiento me dijeron que sí, que no había previsión de subidas importantes del agua, por lo que bajé de nuevo las cámaras, las rellené, compré comida, congelados… Pero a la mañana siguiente, cuando llegué a abrir, ya había 30 centímetros de agua dentro”, lamenta.
El agua fue subiendo de forma irremediable, primero hasta la barra y luego hasta alcanzar el tope, dos metros. “No he entrado, pero debe de estar todo inservible”, señala con la mirada puesta en un inventario formado por máquina de hielo, lavavajillas, tres congeladores, una nevera, un horno-microondas y una estufa de pelet, entre otros. “Es un desastre”.
Tras hacerse con la adjudicación de la gestión del quiosco hace cuatro años, Miguel estaba muy contento. “Al principio cerraba dos o tres semanas en enero, pero como es mi único trabajo, al final abro también en invierno y, aunque hay meses que pierdo, doy un servicio y luego compenso con el buen tiempo. La verdad es que es un trabajo que me gusta. Hay buen ambiente y disfruto de este entorno, que es maravilloso”.

Imagen de la primera noche de la cámara de seguridad
La suerte cambió este año. “El 17 de noviembre me operaron de cuatro vértebras de la espalda y he tenido que cerrar tres meses. Es tremendo: abrí un día antes de la primera riada y ahora todo está perdido”.
“Sin ayudas tendré que renunciar”
Aunque hay que esperar a que el nivel del río baje para hacer balance, Miguel no esconde su preocupación. “Salvo la cafetera, la barra y el grifo de cerveza, que es del Ayuntamiento, el resto es todo mío y ahora ya no sé qué hacer. Me quedan ocho meses de contrato. Si el Ayuntamiento no me ayuda, no tengo capacidad para reestructurar y tendré que renunciar. Es que estamos hablando de entre 15.000 y 20.000 euros. Demasiado”.
Por el momento, ya se ha puesto en contacto con el seguro y desde el Ayuntamiento barajan la posibilidad de eximirle del pago de algún mes de alquiler. “Con eso no basta”, insiste, convencido de que, con la ayuda del Consistorio, la reapertura sí es posible. “Este espacio da mucha vida en Aranda”.

Miguel en una foto de archivo en el quiosco El Barriles
Con su única fuente de ingresos bajo el agua, Miguel confía en poder recuperar su negocio y su vida. “En invierno está flojo, pero tengo clientes fijos que vienen a jugar la partida; otros que, si hace bueno, se acercan al vermut de los sábados o piden una paella un domingo. Pero, en cuanto llega el calor, esto es una maravilla”.
En su carta vende casi de todo: desde bocadillos y hamburguesas hasta carnes a la parrilla, guisos y su especialidad, las paellas. “Mi idea era volver a presentarme a la próxima adjudicación porque me gusta el sitio y el trabajo y además me permite compaginar bien con mi vida personal, ya que tengo un hijo pequeño y disfrutamos mucho de este entorno. Confío en que todo se resuelva”.
Club Espeleoduero
El club deportivo Espeleoduero también cuenta los días para comprobar cómo ha quedado el local que tienen junto a las escaleras que dan a la calle Postas. “El agua del río ha cubierto casi toda la puerta de acceso, por lo que las pérdidas serán muchas”, explican desde la junta directiva.
A ellos tampoco les avisó nadie. “La semana anterior a la última riada, el Ayuntamiento nos advirtió de que iba a subir el agua y, como siempre que pasa, dimos la vuelta a las piraguas para que no se partan, pusimos el material más sensible en las baldas superiores y tapamos la puerta con maderas. Pero de esta última riada no supimos nada y, aunque todo el material más delicado, como motosierras, motores, herramientas o el Belén que ponemos cada Navidad en el Duero, estaba en la parte superior, mucho nos tememos que está todo para tirar”.
“Volveremos a navegar por el Duero”
El club, con más de 40 años de historia y 110 socios, confía en contar con el apoyo del Ayuntamiento. “Es un momento difícil, pero estamos convencidos de que saldremos adelante. Volveremos a navegar por el Duero, recuperaremos los cursos de piragüismo, las cucañas y todas las actividades”.
Sin olvidar que la emergencia sigue activa en Aranda de Duero, el Ayuntamiento insiste en la importancia de ser prudentes y no acercarse a las riberas y zonas afectadas por el desbordamiento, ya que, además del riesgo del agua, hay árboles demasiado débiles que pueden caer.