JUICIO POR EL CRIMEN DE ISABEL CARRASCO
La acusación pide cumplir el veredicto y dejar a Gago como cómplice y a Triana de coautora
En su recurso al TSJ señala a la policía local como «el impulso necesario» para cometer el crimen de Isabel Carrasco

Las tres condenadas por el crimen de Isabel Carrasco durante el juicio, Triana Martínez, Montserrat González y Raquel Gago, con el abogado de ésta.-J. C. CASARES
Exigen que se cumpla el veredicto. Las acusaciones particulares ejercidas por la hija y la pareja de Isabel Carrasco recurren la sentencia por el asesinato de la presidenta de la Diputación y del PP de León y piden que se condene a la policía local Raquel Gago como cómplice del crimen, en vez de encubridora, y a Triana Martínez como coautora y no como cooperadora necesaria, calificación que modificó el juez en una sentencia insólita en la que corrigió el veredicto del jurado.En su escrito, remitido ayer al Tribunal Superior de Justicia, las acusaciones sostienen que el magistrado presidente del jurado, Carlos Álvarez, no debería haber rebajado la condena de dos de las tres acusadas por el crimen, Triana y Gago. Sí está conforme con la pena de 22 años por asesinato a la autora confesa de los disparos, Montserrat González.Aseguran que tanto el jurado como el magistrado en su fallo posterior dan por probado que la policía local participó en el plan de Montserrat González y su hija Triana de asesinar a Isabel Carrasco y que este hecho sólo responde a la calificación jurídica de cómplice porque ven en la participación de Gago «el impulso necesario» para que madre e hija mataran a Carrasco.Las acusaciones particulares reconocen que la participación de Gago no fue decisiva y sin ella podría haberse efectuado el asesinato «otro día», pero insisten en que saber que escondería el arma y huiría con ella proporcionó a Montserrat y a Triana la seguridad de que estaban ante «un plan perfecto» y que nunca serían descubiertas.Sobre Triana argumentan que es la pieza clave para que el crimen se produjera.Por ello, su recurso de apelación persigue que el TSJ modifique la sentencia que dejó las penas de Raquel Gago en 5 años de prisión –tres por encubridora y dos por tenencia ilícita de armas–, en vez de los 15 que solicitó el fiscal tras ser calificada por el jurado como cómplice. También rebajó la condena de Triana a 20 años, como cooperadora necesaria de un delito de asesinato, con la circunstancia de alevosía con la concurrencia con atentado a la autoridad, agravado por el uso de arma de fuego, el agravante de disfraz, en vez de los 22 que solicitó el fiscal después de que los miembros del jurado concluyeran que era culpable de asesinato.GAGO ANIMÓ Y DIO «FUERZA Y CORAJE»Las acusaciones consideran «evidente» que la aceptación previa del plan por parte de Raquel Gago «animó y fortaleció» a Montserrat a matar a Carrasco «a plena luz del día» y le proporcionó «fuerza y coraje» para hacerlo.GARANTIZABA LA HUIDAQue la policía local se comprometiera a huir con el arma y esconderla, hizo creer a madre e hija que «no serían detectadas», según defienden las acusaciones. Entre otras cuestiones, porque podría salir indemne de un control policial.UN CAFÉ DECISIVOQue el jurado dé por probado que la reunión de las tres en casa de Triana poco antes del asesinato «no fue por casualidad» sino para ultimar los detalles, sólo refuerza la idea de las acusaciones de que contribuyó a que la autora de los disparos saliera de casa con intención de matar.LOS SEGUIMIENTOS, SIN RELEVANCIAEl juez apoyó parte de su sentencia en que no se probó que Gago participara en los seguimientos a la víctima. Sin embargo, las acusaciones estiman que es un punto sin relevancia porque la promesa de participar en el plan en sí misma ya reforzó a Montserrat y la alentó para matar a Carrasco ese 12 de mayo.CONTRADICCIÓN DEL MAGISTRADOLas acusaciones aportan un DVD y la transcripción de las instrucciones dadas por el juez a los miembros del jurado. En las que afirma que «sería encubridora de haber ocultado el revolver después de enterarse» de la comisión del crimen.UN ERROR «SORPRENDENTE» DEL JUEZEl recurso cuestiona el «error» sin paliativos que se adjudicó el juez en la redacción de la sentencia, al asegurar que había indicado mal al jurado en el objeto del veredicto incluyendo en él el tipo de delito en vez de limitarse a los hechos probados. Asegura que es «un error sorprendente» ya que la calificación jurídica «aparece desde la primera a la última de las preguntas» realizadas a los miembros del jurado. Considera que, al margen de la cuestión de la tipología jurídica, es «incontestable» que los hechos probados deberían haber llevado al juez a la misma conclusión de culpabilidad que al jurado, a considerar que Gago y Triana son cómplice y coautora.EL JUEZ SE APOYA EN 3 PREGUNTAS Y LA ACUSACIÓN, EN 21Las acusaciones rebaten que el juez sostuviera que Gago es encubridora por tres preguntas del objeto del veredicto –entre ellas la de los seguimientos–, cuando las acusaciones aseguran que el bloque de cuestiones relativas al asesinato, en el caso de Raquel Gago, se resumían en 21 y, a su juicio, quedó claro por las respuestas del jurado y los hechos probados que Gago encajaba en la categoría de cómplice de asesinato. Acusan al magistrado pretender que «esos hechos probados sean enmarcados ahora en el bloque y delito de encubrimiento».TRIANA, «INDUCTORA»«Sin ella no hubiera habido asesinato». Así lo sostiene la acusación particular en su recurso, en el que indica que su actuación sí tuvo un «dominio» del hecho, por lo que sus actos, como las prácticas de tiro previas, reflejan que madre e hija actuaron «de forma coordinada» y su aportación fue «esencial e irrefutable». Las acusaciones creen que Triana alentó a Montserrat para cometer el crimen y que aceptar como probada la llamada a su madre antes de que ésta disparara a Carrasco «encuadra como coautora». «DEMONIZAR A LA VÍCTIMA»El recurso reprueba que la sentencia se refiera a la «machacona» exposición de las acusaciones y, en cambio, no se reproche a las defensas «la artimaña de intentar demonizar a la víctima» y se permitiera en la Sala «ese absurdo intento para justificar el asesinato».