Eugenio Ampudia sale de su estudio para explorar las posibilidades comunicativas que brinda la naturaleza en su nueva exposición individual en Max Estrella
El artista vallisoletano explora la existencia de un único flujo de inteligencia compartida en ‘Nadie encuentra arraigo en un planeta desconocido’ , abierta al público hasta el 6 de junio

El artista vallisoletano Eugenio Ampudia, expone 'Nadie encuentra arraigo en un planeta desconocido' en la galería madrileña Max Estrella.
Con cerca de cuatro décadas de intensa trayectoria a sus espaladas, la exploración artística de Eugenio Ampudia sufrió un importante viraje tras la pandemia. En junio de 2020, su impactante ‘Concierto para el Bioceno’ marco la reapertura al público del Gran Teatre del Liceu de Barcelona tras el confinamiento, con un recital de Puccini para 2.292 plantas que, tras la intervención, se entregaron a los profesionales del Hospital Clinic de Barcelona, en señal de agradecimiento por su trabajo en aquellos momentos. Aquel concierto representó para Ampudia “el final de toda una época”, y el creador advertía: “O entramos en empatía con nuestro entorno y generamos nuevas posibilidades que nos incluyan, o seguimos con la dinámica anterior y nos va a ir muy muy mal”.
Desde aquella primera investigación sobre las relaciones interespecies, el artista vallisoletano no ha dejado de explorar en esa dirección, con el desafío de “crear nuevos puentes, nuevas posibilidades, que se reflejan directamente en las obras. Así, ha dado forma a propuestas como la acción transmedia por la justicia climática ‘Be a tree now!’, y ahora da “un paso más” en su empeño con ‘Nadie encuentra arraigo en un planeta desconocido’, su nueva exposición individual, que puede contemplarse en la galería madrileña Max Estrella hasta el próximo 6 de junio.
En las piezas que conforman la muestra, donde conviven instalaciones, collages, vídeos y esculturas, subyace el esfuerzo compartido por encontrar lo que califica como “una especie de dinámica caligráfica” que le ha empujado a intentar trabajar con los mismos sesgos que tienen los elementos naturales, algo que le ha deparado “sorpresas visuales maravillosas”. Todo ello, dentro de una propuesta donde invita al espectador a participar en un juego en el que saca elementos de su contexto natural para resignificarlos.
“Lo que he hecho en esta exposición clarísimamente es salir del estudio, encontrarme en medio de la naturaleza y explorar las posibilidades que eso me daba. No se trataba solo de recoger ramas y objetitos, sino analizar cómo se juntan unas ramas con otras, cómo un zarcillo se sujeta a un trozo de madera, cómo las plantas conocen exactamente su lugar y su contexto, y cómo actúan a partir de ahí. En la muestra puedes ver cosas que nunca hubieran aspirado a formar parte de una obra de arte, y también me interesaba ver si podía dibujar como dibuja la misma naturaleza, intentando sacar nuevos trazos. La verdad es que me he sentido muy cómodo y un poco vegetal a la hora de dibujar”, subraya.
Una llamada a la empatía
Ampudia, en declaraciones a Ical, recalca que el ser humano no podrá encontrar arraigo en su propio planeta hasta que no deje de “intentar comercializar” cuanto le rodea, incluyendo ahí las especies animales o vegetales. “Nuestra única posibilidad de encontrar arraigo tiene que ver con nuestra empatía y con nuestra forma de estar en el mundo y de relacionarnos con el resto de los seres”, reflexiona sobre una cuestión que cobra especial relevancia en el complejo escenario geopolítico actual, donde frente a la proliferación de “prácticas lamentables por parte de instituciones globales”, propone “ir en sentido contrario”, promoviendo “un acercamiento empático a los seres que nos acompañan”.
En ese sentido, a través de muchas de las piezas de la exposición pone el foco en la existencia de un único flujo de inteligencia compartida, donde lo vegetal, lo mineral y lo animal confluyen. Así sucede en el vídeo monocanal ‘Un atardecer arrancado de raíz’, donde introduce una dimensión simbólica sobre el origen y el destino del pensamiento humano, a partir de la grabación de un paisaje al anochecer, donde una nube adopta por un instante la forma de un rectángulo, en una alusión directa al monolito erigido por Kubrick en ‘2001, una odisea en el espacio’, que se refuerza con el uso de algunos de los compases de Strauss, ahora mezclados con los ruidos de insectos y todo tipo de animales en la pieza del vallisoletano.
También alude a esa coexistencia armónica en obras como ‘IC (inteligencia colectiva)’, la instalación de un conjunto de esculturas móviles creadas a partir de palos de deriva y fragmentos naturales, que evocan una red neuronal en constante mutación, generando “nuevas posibilidades” a la vez que las propias sombras proyectadas, mientras el espectador camina entre ellas, generan “otros universos paralelos” y dota al pensamiento de una cierta “fisicidad”.
En una línea similar articula ‘Remolino’, donde dispone en espiral otros palos de deriva, con los que configura una estructura concéntrica a escasos centímetros de la pared, como si se tratara de líneas de corriente de un mapa meteorológico. En ella, el hombre se aleja del centro de la acción, donde la protagonista es la naturaleza, “algo mucho más potente y poderoso que nosotros, capaz de crear universos increíbles, desde un remolino hasta la fuerza de las olas chocando contra las paredes de una caja imposible”. Esa reflexión es la que se esconde en su escultura ‘Caja de mar’, donde recicla una de las cajas que se usan habitualmente en el contexto artístico para proteger las obras, y la convierte en una cápsula sensorial, reflejo de la imposibilidad de capturar lo inasible, en la que se proyecta la grabación de unas olas que impactan con violencia contra los límites, como bailarinas al compás de la obertura de ‘La fuerza del destino’, de Verdi.
El entorno nos define
Para Ampudia, “nada explica mejor el ‘zeitgeist’ contemporáneo que el concepto de desarraigo”. “Vivimos en un sistema que ya no reconocemos: los marcos con los que nos orientábamos han dejado de funcionar”, desliza. En ese sentido, recalca cuánto le ha marcado nacer y pasar sus nueve primeros años de vida en un pueblo con menos de 200 habitantes como Melgar de Arriba, en Valladolid. “Mi padre era veterinario y vivía en la gran ciudad, en León. Cuando yo nací estaba destinado en Melgar, y todos los veranos yo iba a la gran ciudad y les contaba a mis primos y amigos lo que pasaba en el pueblo, y cuando volvía al pueblo les contaba a los de allí lo que sucedía en la ciudad. Creo que en ese empeño por contar cosas a los demás está el origen de mi inquietud como artista. Con el tiempo descubrí que, a través del arte, podía hacer esas cosas: contar a los demás ciertas cosas desde un punto de vista diferente”, relata.
Ahora, cuestionado sobre cómo se va acentuando el peso político en su discurso artístico con el paso de los años, es claro: “Evidentemente, a la hora de contar cosas, saco conclusiones estéticas y claramente políticas. Me interesa cambiar el mundo como a cualquiera”, sentencia.

El artista vallisoletano Eugenio Ampudia, expone 'Nadie encuentra arraigo en un planeta desconocido' en la galería madrileña Max Estrella
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