El Correo de Burgos

El tirón de un rostro conocido

La presencia de Concha García Campoy y Juan Ramón Lucas en el ciclo El español en los medios de comunicación desborda el salón de actos del Palacio de la Isla

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Burgos

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A.S.R. / Burgos

El tirón de un rostro televisivo volvió a manifestarse anoche en la primera sesión del ciclo El español en los medios de comunicación del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. La presencia de los periodistas Concha García Campoy y Juan Ramón Lucas desbordó el salón de actos del Palacio de la Isla, donde se trasladó esta primera velada, a priori en el jardín, por unas amenazantes nubarronas grises. El director de En días como hoy y la presentadora de Las mañanas de Cuatro compartieron sus peleas con el lenguaje en el día a día de una emisora de radio y una cadena de televisión y echaron mano de anécdotas personales para aderezar sus intervenciones. Unas exposiciones que estuvieron moderadas por el escritor Juan Manuel de Prada, coordinador de este programa nacido hace dos años y con un gran éxito de público en sus distintas convocatorias. Antes de García Campoy y Lucas pasaron por el antiguo Palacio de los Muguiro otros rostros conocidos como Alfredo Urdaci, Olga Viza, Ernesto Sáenz de Buruaga, Susanna Griso, María Antonia Iglesias, Alfonso Rojo...CONCHA GARCÍA CAMPOY  «Es preocupante que la incultura se erija en bandera en televisión»

Concha García Campoy llegaba ayer al Palacio de la Isla dispuesta a pasarlo bien. El buen rollo con su compañero de mesa se hacía evidente cuando la presentadora de Las mañanas de Cuatro le ponía los cuernos con los dedos a Juan Ramón Lucas mientras éste hablaba con los medios de comunicación. Pronto se vio que además de algo gamberra, la periodista tiene las cosas claras. Los mimos al lenguaje que ella vio cuando empezaba en televisión han desaparecido.

«Había una persona que nos cuidaba el estilo, cada artículo, cada palabra, había una ambición, incluso hasta literaria», recuerda y afirma que, frente a la prensa escrita y la radio, que mantienen ese cuidado, la televisión ha dado un cambio radical. «Muy importante y no a mejor», advierte y apunta el motivo: «Se ha democratizado para mal en el sentido de que cualquier persona puede estar en un programa de televisión. Además se está premiando la vulgaridad porque en la mayoría de los programas, sobre todo en los de máxima audiencia, se busca el impacto. Hoy en día si quieres llegar a la gente tienes que utilizar frases muy contundentes y eso ha desnaturalizado el español. En estos momentos, sin querer generalizar, la televisión que más se ve ha vulgarizado notablemente el lenguaje».

García Campoy se sabe políticamente incorrecta pero no se achanta al decir que ella, no sólo como periodista sino también como espectadora, el lenguaje de la calle quiere oírlo en una cafetería «y el de los medios me gusta elaborado».

Y al hablar de la influencia de los medios en la población resalta el importante papel de internet que, dice, tiene sus aspectos positivos y un sinfín de posibilidades «pero va a cambiar el lenguaje, se va a hacer más sintético, más concreto, estamos hablando al grano». E insiste: «No tiene por qué empobrecer, a mí el lenguaje sintético me encanta, pero no la vulgaridad, que se dé cabida a insultos, a palabras soeces. La incultura y el analfabetismo se erigen en bandera y es preocupante».JUAN RAMÓN LUCAS «Quizás los periodistas deberíamos leer más»

Llega al ras de la hora, pero con una sonrisa en la cara, una agenda y dos libros en la mano, uno de ellos sobre las crisis financieras. La delgadez de Juan Ramón Lucas confirma que la tele engorda. Luce fina figura y un lazo naranja en la solapa en solidaridad con los enfermos de cáncer. El director del programa de RNE En días como hoy es tajante cuando se le pregunta por la salud del español en los medios de comunicación: «Podía estar mejor, pero está en la mente de todos los que hacemos esto que siendo compromiso necesario, una obligación del periodista, el propio carácter del medio, la presión del tiempo, cada vez más feroz, nos lleva a menudo a no cuidar tanto el lenguaje como dar la historia antes que nadie».

Lucas entona el mea culpa y reconoce que esa tiranía de la rapidez propicia a veces pasar «volando» sobre el lenguaje «y te obliga a cometer errores, quizás con demasiada frecuencia». El periodista insiste en esa celeridad, pero también advierte: «La presión de internet, que maneja el lenguaje en códigos diferentes y contamina todo, en el mejor sentido, y, sobre todo en jóvenes generaciones, no se compagina el trabajo con la lectura. Quizás los periodistas deberíamos leer más».

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