NOCHES DE NIEVE Y FRÍO EN EL PATIO DE BUTACAS
«Mis personajes siempre han sido perdedores que han hecho felices al resto»
Arturo Fernández regresa para hacer reír en tres funciones de 'La montaña rusa'

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A.S.R. / Burgos
Su voz suena inconfundible al otro lado del teléfono desde el minuto uno aunque su inseparable coletilla no aparece hasta el duodécimo. 'Oye, chatina, perdóname...'. Ahí está el eterno Arturo Fernández, el mismo que se puso frente a una cámara de cine en los años cuarenta como extra seducido por este medio fascinante. Una fascinación que ya dura más de setenta años. El galán del cine español prueba de su medicina en la comedia La montaña rusa, de Eric Assous, el autor de Los puentes de Madison, con la que regresa al Principal con tres funciones (mañana, lunes y martes).
Y si no es un galán, ¿quién es César, el personaje al que da vida desde hace más de dos años y medio sobre las tablas? «Es un personaje normal y corriente con el que el espectador masculino se puede sentir muy identificado. Es un hombre muy tranquilo, amante de su esposa y de su hijo, pertenece a la alta sociedad y un día va a tomar una copa al Palace. Allí una mujer joven le sonríe y le seduce. Cualquier hombre se puede sentir muy halagado ante la sonrisa de una mujer y a César le llevará a toda una montaña rusa de situaciones increíbles», pinta el actor a su personaje, que comparte todo el protagonismo con Carmen del Valle (Lola), quien conseguirá que cambien las tornas y el galán sea seducido...
«Mis personajes, de una manera o de otra, siempre han sido perdedores, muy divertidos, que han hecho felices a todos los demás menos a ellos mismos. En esta ocasión ha habido un cambio», admite Fernández, quien, fuera de las tablas, continúa llevando pegado a ese galán, que surge con fuerza cuando toca hablar de su partenaire.
Piropea a Carmen del Valle sin pudor. «Verla encima del escenario es un deleite», resume y asegura que ha sido gracias a «su magnífica réplica y su buen hacer» por lo que muchos críticos han subrayado que la de La montaña rusa es su mejor interpretación: «Aprendo mucho de ella. Incluso soy un poco vampiro y le quito su juventud para ponérmela».
Quizás esa mocedad arrebatada es la que permite al veterano actor multiplicarse y ser intérprete, director y productor de esta obra.
Si la labor actoral no tiene secretos para él, tampoco la dirección. Todas sus comedias reflejan su alargada mano detrás y dice que en esta ocasión se lo han puesto fácil: «Cuando cae en tus manos una comedia como La montaña rusa y tienes una actriz tan maravillosa, la dirección sale por sí sola».
Más arrojo ha demostrado con su apuesta por la producción. Lleva más de cuarenta años con su propia empresa teatral y tiene de qué presumir: «Jamás he pedido subvención a ningún Gobierno porque yo creo que la creatividad no necesita dinero, sino tesón y muchas horas sopesando lo que vas a hacer. Yo todo lo que soy, mucho, poco o nada, se lo debo al público y esto me exige que cada comedia sea mejor que la anterior, unas veces se consigue, otras no, pero puedo asegurar que en mi dilatada vida de director la gente no ha salido nunca defraudada de uno de mis espectáculos».
Aunque reconoce que llegar es fácil, también confiesa que lo difícil es mantenerse fiel a uno mismo y a ese público. Se felicita porque, de momento, su público y él siempre han coincidido en los gustos. Y está seguro que así será también en Burgos.