El Correo de Burgos

Todos la quieren tocar

Alrededor de cien músicos de distintos puntos de España celebran el veinticinco aniversario del Día del Dulzainero

-

-

Burgos

Creado:

Actualizado:

A.S.R. / Burgos

Isidro Tapia se pone solemne y apuesta por el Himno a Castilla. Para Fernando Llorente, renovarse o morir, y se arranca con el rock&roll American Patrol. Maete elige la Entradilla, de Agapito Marazuela, y David Gázquez saca la vena patria y toca el Toc de matinades de las dianas catalanas. Cuatro bandas sonoras para vivir, compartir, tocar, bailar, beber y degustar el Día del Dulzainero, en el que ayer participaron un centenar de instrumentistas de carne y hueso y dos de bronce, los de Teodoro Ruiz de la calle San Lesmes. Allí se mezclaron unos y otros en una foto de familia que rompió filas para irse con la música a otra parte. Lo hicieron primero a la calle, a retar al frío con cuerpo de jota, y después, al caer el sol, a la Capilla de Música de las Bernardas, donde se quitaron la bufanda.

La fiesta sonaba más que nunca. Se cumplían veinticinco años de este día nacido como muestra de exaltación de la dulzaina, de reivindicación de sus diferentes modalidades, de intercambio de ideas y experiencias con músicos de otras latitudes.... Porque este instrumento no es propiedad privada de Castilla. Ni mucho menos. Sus tentáculos se extienden por toda la geografía española, con variaciones y distintas acogidas. Allá van.

La nostalgia agarra a Isidro Tapia. El vicepresidente de la Escuela de Dulzaina de Capiscol ve muy conveniente esta celebración. «Sirve para recordar viejos tiempos. Para echar la vista atrás, ver lo que se ha hecho y reencontrarse con viejas caras», apunta y espera que el resurgir de la dulzaina producido hace quince años se mantenga: «Es lo nuestro y hay que cuidarlo».

A un paso se encuentra Madrid. Allí la Escuela de Folclore Plaza de Castilla capitaneada por Fernando Llorente mima este instrumento, donde, dice, goza de una aceptación bastante buena, aunque el espíritu no es tanto el de mantener la tradición como el de pasar un rato de ocio. Aun así: «No está de más reivindicarla todavía porque hay muchas zonas en la península que necesitan un empujón, aunque en Castilla y León se ha recuperado desde los años setenta a esta parte, las escuelas funcionan con mucha gente y hay gran auge», valora y apuesta por una renovación, que, matiza, ya se viene dando desde los años 40, cuando se sumó a los bailables.

Mariano Ramos, Maete para los amigos, se alza en portavoz de la Orquestina de la Charanzaina, donde la dulzaina es el punto de encuentro de gente procedente de Segovia, Ávila y Guadalajara. Desde hace diez años siembran la calle de charanga y, además, se meten en el estudio. En 2011 sale su segundo disco. Maete aboga por ondear la dulzaina sin bajar la guardia para que no regrese al pozo y apuesta por buscar nuevos enfoques.

Cuanta más distancia geográfica, más distinto es el instrumento. Aunque hermanas, poco tiene que ver la castellana con la catalana. Lo explica David Gázquez, miembro de Ganxets de Reus. «Ambas tienen la misma estructura de madera con las mismas llaves, pero la castellana tiene muchos cromatismos y la gralla, muy pocos. El sonido es muy distinto», explica y confirma una buena salud de la gralla gracias a los castellers y los desfiles de gigantes.

tracking