El Correo de Burgos

«Conservo bien mi niñez y no salgo de casa sin un puñado en el bolsillo»

Luis Carlos Blanco presenta hoy su primer libro, 'Reflexiones eclécticas sin principio ni fin', en la remodelada Sala Polisón

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Burgos

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A pesar de todo hay que reírse, porque con la risa se desarma a todos los dioses y sus demonios; y una vez desarmadas, deidades tan demoníacas, éstas no podrán matar nuestras ideas. Estas primeras líneas de Reflexiones eclécticas sin principio ni fin (Editorial Dossoles) anticipan la carga de humor, ironía, jocosidad, alegría de vivir, locura de amor, juegos de infancia... que llevan las más de setenta páginas siguientes de la ópera prima de Luis Carlos Blanco Izquierdo. Un libro nacido del tesón del ciclista, la timidez, las lecturas discutidas y la avidez del niño que leía a la luz de un candil y al calor del brasero en una casa de la carretera de Arcos. El escritor burgalés está de estreno y lo comparte hoy con el público en una remodelada Sala Polisón del Teatro Principal (20.15 horas).

Reflexiones eclécticas sin principio ni fin es poesía, haiku en su mayoría, pero también prosa poética, microrrelatos, relatos, como no podía ser de otra manera llevando el título que luce.

«Son vivencias de lo que pasa en la ciudad, de lo que veo por el campo. Hablo de temas sociales, como la igualdad, los trasplantes..., pero también de asuntos de actualidad como el uso de las nuevas tecnologías», comenta el autor sin olvidarse de anotar otras pinceladas como la importante referencia al amor. Curiosa resulta la presencia de Vasilio, amigo íntimo y peculiar del creador con el que pasea por sus habituales colaboraciones en las revistas Plaza de San Juan y Caleidoscopio, y la reconciliación del escritor con el otoño, estación con la que no se llevaba bien.

En este enorme cajón de sastre se cuela con humildad este burgalés del 49. «Aspiro a que la gente lo lea y, sobre todo, a que le lleve a coger otro libro. Es el mayor placer y yo lo he vivido desde niño», apunta y se da pie a hablar del papel principal que su infancia tiene en estas primeras páginas: «Conservo muy bien mi niñez y no salgo de casa sin un puñado en el bolsillo. Me fijó las guías a seguir», enfatiza Blanco, cuyas inquietudes artísticas van más allá de la escritura. La pintura se disputó su cariño desde que en el colegio una monja le animó a presentarse a concursos de dibujo. No ganó ninguno, pero sí le empujó hasta la Academia del Consulado. Una pasión que, como la escritura, ha retomado ahora que le sobra tiempo y con ella ilustra la portada de su primer libro.

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