El Correo de Burgos

Creadores inquietos en el siglo XXI

Óscar Esquivias, David Desola, Alberto Bañuelos y Diego Galaz se adentran en el nuevo año con una reflexión sobre el mundo que los rodea

Burgos

Creado:

Actualizado:

A.S.R. / Burgos

La cuenta atrás para comerse al año 2010 ha comenzado. Las uvas acabarán con los últimos doce meses y el champán dará aliento a 2011. Un buen momento, como otro cualquiera, bien es verdad, para pararse y plantear a cuatro artistas qué les inquieta de este siglo XXI que avanza imparable. Cuatro creadores con proyección más allá de las fronteras burgalesas se detienen, recogen el guante y responden a esta pregunta. La interpretan a su manera y escriben.

Antes de exponer sus reflexiones, salen a escena para quedar retratados.

Pocas presentaciones necesita Óscar Esquivias. Tampoco Diego Galaz. Aunque el escritor y el violinista se mueven por aquí y por allá, también son muchas las ocasiones que hay de verlos actuar en la ciudad. Menos conocidos, y tal vez con más proyección nacional, son el escultor Alberto Bañuelos y el dramaturgo David Desola, nacido en Barcelona pero con fuertes raíces en Vilviestre del Pinar. Han hecho sus pinitos en la cultura local, pero su presencia ha sido menos constante aquí.

La última vez que Desola anduvo por estos lares fue a través de la representación de su obra La charca inútil, Premio Lope de Vega de Teatro, en el Principal el 4 de diciembre. Entonces manifestaba su creencia en un teatro que agite conciencias y conmueva. Basta con ver sus textos para saber que es así: Almacenados, sobre el paro; Baldosas, acerca de las hipotecas; o los estragos de la Guerra Civil y las drogas en los 80 en Siglo XX... que estás en el cielo.

El éxito acompaña al dramaturgo y también a Alberto Bañuelos, con una trayectoria cuajada de premios y exposiciones, como la antológica en el IVAM, centro valenciano con el que acudió a la Expo de Shanghai. Pronto se sumarán los importantes proyectos que le aguardan en 2011.

Óscar Esquivias saborea las mieles de su último libro, Pampanitos verdes. Goloso, pronto repetirá menú. En enero saldrá una novelita sobre el joven Berlioz.

Tampoco cesa su ir y venir el músico Diego Galaz. Desde que hace un par de años dejó Madrid para instalarse en Atapuerca su nombre se cuela en salas y teatros de forma más asidua. Su último gran logro ha sido orquestar, y hacer que continúe, el Festival de Intérpretes e Instrumentos Insólitos.ÓSCAR ESQUIVIAS Sorpresa ante un mundo que es una fábrica de belleza

A mí, como escritor, me interesa casi todo. Uno nunca puede saber de dónde va a saltar la chispa de la creatividad: un retazo de conversación ajena, un recuerdo, las noticias del telediario, una mirada, la lectura de un libro apasionante, el resbalón de un señor sobre el hielo, el programa electoral de un partido político, en fin, cualquier cosa. En general, lo que más me motiva es el estudio de las personas, desentrañar su mundo interior. En mi obra creo que es más importante lo que los personajes sienten y piensan que lo que hacen. Su paisaje interior (sus fantasías, ilusiones, secretos, miedos) me interesa más que el escenario en el que se desenvuelven sus vidas.

Por otra parte, hay asuntos que me llaman la atención como ciudadano pero, a la vez, me resultan tediosos o indiferentes desde el punto de vista creativo. Es una situación paradójica y hasta esquizofrénica. Cuando leo el periódico, el escritor que llevo dentro se fija en unas noticias y el ciudadano que medita su voto (digo esto por enfatizar un poco), en otras muy distintas. Lo que al escritor le puede divertir (un robo ingenioso, la fuga de un preso, las opiniones de un político o de un obispo) al ciudadano le indigna.

A veces, sin embargo, el escritor y el ciudadano que hay en mí se ponen de acuerdo. Cada vez que entro en una librería me asombro de que no se haya agotado la creatividad del ser humano, que sigamos creando belleza, que después de todo lo que se ha escrito sigan apareciendo poemas, y cuentos, y novelas, que nos encandilan, nos emocionan y sorprenden. Esto me parece un milagro.

DAVID DESOLA Payasos involuntarios cazados por un teléfono móvil

Me llama la atención, por poner un ejemplo, la irrupción tan agresiva en nuestras vidas de una tecnología destinada a que estemos todos interconectados en todo momento, en cualquier lugar, y que el ciudadano no solo lleve un teléfono encima, también lleve una cámara, una conexión constante a internet y a sus redes sociales… y, a pesar de ese exceso de intercomunicación y de información constante, creo que nos sentimos cada vez más solos y más desinformados o manipulados. Antes -que aunque parezca mentira, no existía la telefonía móvil- uno quedaba con alguien en una plaza, por ejemplo, llegaba al lugar y daba una vuelta para encontrar a la persona con la que había quedado. Ahora, le llamamos antes de llegar para asegurarnos de que esta persona ya está allí y no tenemos que esperar, luego una vez en la plaza, le volvemos a llamar (o mandamos un sms) para saber en qué rincón se encuentra. ¡Cuándo a menudo basta con echar un vistazo para saberlo! En pocos años nos hemos hecho tan dependientes de la telefonía móvil que llegamos hasta el absurdo. Eso me llama la atención y me preocupa el hecho de que todos llevemos una cámara encima y nos grabemos unos a otros, nos convirtamos en reporteros de un medio globalizado donde no existe ningún tipo de ética periodística: a mí me da miedo tropezar y darme una hostia por la calle, o hacer algún ridículo en público, y al día siguiente verme colgado en el You-tube, con cientos de miles de voyeurs riendo la gracia en todo el planeta. Nos hemos convertido en posibles payasos involuntarios para el resto del mundo.ALBERTO BAÑUELOS Salvados por los poetas

Si busco en mi memoria y trato de indagar qué llama mi atención en este siglo XXI se proyectan en mi cabeza multitud de imágenes. Son tiempos de excesiva información que a veces nos complica más nuestra vida. Solo en el regreso a mi estudio, con la soledad del taller, en la simplicidad de mis piedras, consigo acercarme a esa tranquilidad que necesito para sobrevivir... Y es precisamente en el disfrute de ese cartujo que llevo dentro, y sin que pueda controlarlo, cuando retorna una y otra vez ese constante bombardeo de imágenes que la inevitable información, como si de una hidra se tratara, me envuelve con sus múltiples brazos y machaca mi ya aperreado cerebro. Entonces siento que, a pesar de pasearnos por el espacio exterior, a pesar de que en unas horas cambiamos de país, de cultura o de clima, a pesar de todo, en realidad lo que hacemos es mudarnos de paisaje, pero no de ideas. Y digo esto porque pasan los años, llegamos al XXI y lo que me sigue inquietando son las mismas cuestiones que me preocupaban en el siglo anterior. Aunque todo este caos que nos rodea responda quizá a un orden que de momento nos sea desconocido, no deja de asombrarme una y otra vez que mientras más de medio mundo muere de hambre el resto estemos intentando adelgazar. Que no aprendamos de los errores y que además no podamos trasmitir nuestra experiencia a los hijos. Y sin embargo, en mi desvarío, mantengo la esperanza y creo «que la adversidad tiene el don de despertar talentos que en la prosperidad permanecerían dormidos. Que a pesar de que el mundo parece estar de espaldas a una realidad interior, estoy seguro de que habrá una vuelta a la espiritualidad y a los valores. Que nadie podrá quitarnos la maravilla de seguir soñando y por lo tanto la posibilidad de hacer cosas imposibles. Que los mejores amigos nos quedan por conocer... y que a pesar de todo sigue habiendo poetas que nos salvarán». Y aunque parezca esto el decálogo de un moralista, nada mas lejos porque lo único que tengo claro en mi vida, y medianamente, es mi pequeño y titánico trabajo personal.DIEGO GALAZ Llegará el día que Duke Ellington suene en el autobús

Cuando se acerca un nuevo año por estrenar me gusta mantener la ilusión intacta de que va a ser mejor que el anterior. La verdad es que las cosas no pintan muy bien, o por lo menos eso nos cuentan por ahí, pero supongo que tener esperanza en que el panorama puede mejorar ayuda, sin duda, a estar más feliz.

No son buenos tiempos para la lírica, como decía la canción, o por lo menos no tan buenos como antes, y creo que la mediocridad se ha instalado en nuestras vidas con intención de quedarse un buen tiempo entre nosotros. Por eso este es un buen momento para empezar a cuidar las cosas que nos proporcionan buenos ratos de ocio y de placer.

La buena música siempre estará ahí, sólo es cuestión de buscarla, y confío en que el siglo XXI se caracterice por cuidar y mantener intacto el legado que tantos y tantos artistas magníficos nos han dejado en forma de canciones.

Los músicos hemos cambiado el planteamiento de trabajo. Inmersos en una crisis muy profunda, dedicamos ahora más tiempo a hacer la música que más nos gusta y apasiona, no la que más rendimientos económicos ofrece. Este cambio duro y difícil va a hacer que los proyectos musicales más interesantes salgan a flote, y espero y confío que los medios de comunicación den espacios suficientes a estos para que la gente pueda disfrutar de ellos.

Me gusta imaginar lo bonito que sería que en la ruta diaria de mi autobús sonara Duke Ellington en la emisora, o que con solo encender la radio pudiera deleitarme con las mejores melodías del jazz más clásico y genuino. Ojalá esto ocurra alguna vez. Quizás sea en este año que estrenamos. Quizás.

tracking