GRANDES FIGURAS DEL ARTE BURGALÉS
La vida de Román entrará a imprenta a final de año
La ingente producción retrasa el libro sobre el Rembrandt castellano que escribe José Matesanz

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A.S.R. / Burgos
Corría por los pasillos de la Diputación el viejo proyecto de reunir en un libro la biografía y la producción artística del llamado Rembrandt castellano. Hace poco más de un año se aupó a la mesa de la comisión de Cultura, y luego al Pleno, y la maquinaria echó a andar. La vida y la obra de Román García entintará las páginas de una obra más voluminosa de lo previsto en un principio.
«Va muy bien, aunque más lento de lo que pensaba porque es una persona con mucha producción. Una buena parte de sus pinturas está en manos particulares y su localización se complica, más cuando ha trabajado mucho en Castellón y Valencia», explica José Matesanz, quien finalmente se ha encargado de esta biografía tras el fallecimiento del catedrático de Historia del Arte Alberto Ibáñez, quien lo iba a hacer en un principio.
El ingente número de piezas en colecciones privadas y la desaparición de las galerías con las que antaño trabajó, entre ellas la burgalesa Tagra, no son los únicos escollos que están retrasando el avance de la publicación. A Matesanz le ha sorprendido igualmente la importante, y cree que desconocida, incursión de Román en la pintura histórica y retratos militares, gran parte encargados por la Academia de Ingenieros de Burgos. Y seguir su rastro tampoco está siendo un camino de rosas debido al progresivo desmantelamiento de las instalaciones militares en la capital burgalesa.
«Estas pinturas ya no están aquí. El Museo Militar no tiene ninguna. Se las llevaron a Madrid, a Hoyo de Manzanares, y hasta allí hemos tenido que ir a fotografiarlas», comenta el escritor y recuerda que la parte gráfica la firma Rafa Saiz.
El volumen, que a finales de año entrará en imprenta, se articula en varios capítulos.
Una introducción histórica ocupará las primeras páginas. Se recreará el Burgos del momento en que nació el pintor, que lo hizo en agosto de 1933, con la descripción del ambiente artístico de esos años, su infancia, su irremediable dedicación a la pintura por la influencia de su padre, Leoncio, y su formación oficial de la mano de su tío Fortunato Julián en la Academia de Dibujo del Consulado del Mar.
Se encenderán los focos igualmente para sacar de la sombra su labor en el campo de la formación. Muchos de los arquitectos que hoy proyectan edificios han pasado por sus clases particulares. «Empezó en los años setenta y se mantuvo durante bastantes años, cuando tenía el estudio en Santa Águeda», anota Matesanz, quien añade sus colaboraciones con el profesor de la Universidad de Burgos Jesús del Cerro y con Carlos Sáez en la Academia Provincial.
Este recorrido se completará con el trazado de su evolución pictórica, con varias etapas.
Su producción creativa ocupará un segundo capítulo. El grueso tiene como centro el retrato, en sus característicos personajes bohemios, con su nariz colorada, y sus particular tratamiento de la luz por el que se ha ganado el sobrenombre de Rembrandt castellano.
Pero otras temáticas le hacen los coros: la religiosa -«muy poco conocida», matiza Matesanz-, la histórica, el paisaje, los bodegones...
«Domina muchas técnicas artísticas: óleo, pastel, dibujo, acuarela, trabajos en tinta...», describe el autor, quien llama la atención sobre la pulcritud y meticulosidad de sus obras que caminan en la línea de la figuración. «Siempre se ha acomodado a los clientes, por lo que no hay abstracción, y no porque no haya sabido, sino porque en el camino marcado por él no ha tenido cabida. Ha seguido una línea muy coherente. En su evolución no hay cosas extrañas», anota.
«Mi pintura es realista sin llegar a ser hiperrealista», resumía el pintor en una entrevista el año pasado.
La pintura es la niña de los ojos de Román, pero no es la única disciplina que ha captado su atención. El resto también estarán presentes en este volumen que ya tienen Luis Sáez, Modesto Ciruelos y Vela Zanetti.
Esta otra aportación artística se articulará en cuatro áreas, expone Matesanz. La primera se adentra en los figurines y el diseño de carrozas para la Peña Recreativa Castellana, en la que milita y para la que aún hoy sigue creando, y también las labores realizadas para otras asociaciones burgalesas como las firmadas junto a su padre para la Unión Artesana.
El diseño gráfico, presente igualmente desde sus inicios, coloreará otra parte del volumen. Aquí aparecerán las etiquetas de Licor Tizona, los trabajos para Indupisa, para las cajas de ahorro...
No se olvidará Matesanz de recuperar la colaboración con Karraskedo, con el que diseñó marionetas, escenografías y cartelería. «Quedan muy pocas cosas, aunque algunas sí las conserva algún discípulo de aquel», indica y apostilla que fue él quien restauró los Gigantones. Y lo hace antes de hablar de la cuarta área en la que ha puesto sus ojos: la escultórica, apenas significante, aunque sí la cultivó.
Unas y otras van encontrando su hueco en estas páginas de papel que retratan al último pintor romántico, al que antes de cumplir los veinte años rechazó una vida acomodada por otra bohemia. Una elección de la que no se arrepiente.
EN CLAVE ÍNTIMA «Es incluso mejor persona que pintor»
«Para mí lo mejor de este trabajo ha sido conocer a una persona buenísima, encantadora, con una facilidad de trato tremenda. He descubierto que como persona es incluso mejor que como pintor», recalca José Matesanz, quien ha mantenido largas conversaciones con el pintor para la reconstrucción de esta biografía y para quien Román merece un puesto relevante en la historia de la pintura de Burgos, «aunque no entre en los círculos de artistas consagrados como pueda estar Luis Sáez».
Sin embargo, sí que ha contado con el reconocimiento de la ciudad. Los homenajes de la Peña Recreativa Castellana han sido continuos -y los que te rondaré- y en su haber cuenta con el título de Burgalés de Pro, entregado por el Ayuntamiento capitalino.
Aunque, quizás, el mayor premio de Román son sus amistades. Su mujer, Maritere, se lo comentaba al oído al biógrafo: «Se enorgullece de tener muchos amigos. Es poco engreído. No da importancia a lo que hace. Es un trabajador».