El libro del buen amor de Faustino
El polifacético autor -profesor, filósofo, compositor, músico, místico...- presenta su quinto trabajo, en el que se regodea en las múltiples facetas del excelso sentimiento

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A.S.R. / Burgos
El milagro de la vida es el amor. Esta sentencia, sencilla y compleja a partes iguales, arrebató cualquier protagonismo a su autor, Faustino Díez, quien la ondeó sin pudor alguno y se la contagió a los que le acompañaron ayer en la presentación de su quinto trabajo, un disco libro titulado Amor desvelado. Desvelado porque queda al descubierto y desvelado porque impide el sueño. El amor es así. Y el excelso sentimiento, humano y divino, amistoso y traicionero, cuerdo y loco, místico y carnal... se queda sin secretos cuando pasa por la pluma de Faustino Díez. Lo busca, lo localiza, lo desgrana y se recrea en los distintos modelos presentes en la vida, la fe, la pastoral y la memoria literaria. Se pasean por este original volumen -en el que se ve la mano del diseñador burgalés Asís G. Ayerbe- Pablo Neruda, Gloria Fuertes, Octavio Paz, Alfonsina Storni, Ángel González, Lope de Vega..., pero también el Cantar de los Cantares, el evangelio según San Lucas, y el de San Mateo, y una de las cartas de San Pablo a los corintios... Y lo hacen con banda sonora, las de las 16 canciones que bailan en el disco.
Y es que Faustino Díez es, a juzgar por las exposiciones de las personas que lo acompañaron, un prodigio de hombre. A la par que polifacético. Escritor, poeta, filósofo, profesor, compositor, músico y místico. Tal vez estas pinceladas se resuman en las cuatro palabras que empleó la escritora María Jesús Jabato para retratarlo: «Es una grandísima persona». No son suyas, se las robó a su hijo, Pablo, alumno de Faustino.
Y es que en los pocos más de treinta minutos que duró el acto se derrochó amor, con permiso de la palabra gracias. Se desprendió de la semblanza de la autora de ¡Qué grande es ser pequeño!, pero también de las del director de la editorial Monte Carmelo, Pedro Beza, y de las del jefe de Gestión Cultural de Caja de Burgos, Óscar Martínez, que colabora en la edición. El primero resaltó el amor humano y divino que encierran estas páginas y el segundo manifestó la alegría de la entidad que representa por permitirles formar parte del producto que tenía entre las manos.
El autor, abrumado, agradeció todos los piropos y, tímido, bajó los ojos cuando los aplausos procedentes de las butacas hacían presagiar que las flores hubieran seguido de pasar el micrófono por todos y cada uno de los presentes. Allí se encontraban sacerdotes como el párroco de San Nicolás, Rodrigo Aguilera, escritores como Fernando Ortega, José Matesanz o Santos Rivas, también compañero de las aulas; profesores del instituto y de la Facultad de Teología; músicos y cantautores... Es lo que tiene el amor. Desbordante, también desvelado, en el atardecer de un bucólico miércoles de otoño.