El Correo de Burgos

«En el videoclip aún hay libertad»

Juanma Bajo Ulloa presenta el trabajo hecho para Cronómetrobudú en una fiesta que hermanó cine y música y que sigue mañana en Madrid

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Burgos

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A.S.R. / Burgos

Apenas una hora antes de que la sala se ocupe con mamás orgullosas, novias fardonas, fieles seguidores y colegas e incondicionales amigos, se hacen las últimas pruebas de sonido en la gran pantalla del salón de actos de Cultural Cordón. La flor del tiempo, el primer sencillo del nuevo disco de Cronómetrobudú, asalta al espectador hecho imágenes por obra y gracia de Juanma Bajo Ulloa. El cineasta vasco pulula por allí acompañado de los actores Álex y Sergio Arce y Alicia Montesquiu, responsables de Caja de Burgos y los músicos Javier Castro y Óscar Calvo, más nerviosos por la presentación de mañana en la Sala Moby Dick de Madrid que por lo que les espera dentro de un rato. Todos, y varios más, han sumado energías y han hecho posible este trabajo. Lo deja claro el jefe, y con humildad. «Me siento halagado de que alguien entre ese enorme abanico de realizadores que hay se fije en mí, sea un desconocido o alguien que mueve muchísimos millones. Yo lo agradezco, luego puedes o no conectar, pero mi primera respuesta es 'gracias por pensar en mí y no en Spielberg'».

Insistimos. ¿Por qué un cineasta con su proyección dice sí a un grupo de música sin la misma? «Muchas de las personas que nos dedicamos a esto estamos deseando oír propuestas interesantes y ellos fueron bastante osados, me escribieron, les dije que tenía que saber algo de la banda, a la que no conocía, y ni cortos ni perezosos se vinieron a Vitoria. Aprecié mucho ese entusiasmo, esa voluntad», se explaya. El trato personal y la pasión por su trabajo le acabaron de convencer. Escuchó el nuevo disco, El número plateado (Mús Records), y una de las canciones que más le llegó fue La flor del tiempo. Era necesario ese golpe. Si no, dice, hubiera sido incapaz de crear nada.

Luego llegarían otros problemas, el del dinero entre ellos. «El presupuesto era muy escaso, el mundo de la música y del videoclip es la ruina absoluta, muy precario, pero ellos hicieron un esfuerzo enorme y yo me busqué a colaboradores que hicieran cosas buenas», relata el cineasta que se define como melómano y músico frustrado y que no es nuevo en este campo. Anoche, en el Palacio de los Condestables, se vieron los que ha realizado para Barricada, Joaquín Sabina, Su Ta Gar o LaBelle.

El que ha hecho para Cronómetrobudú es, le gusta decir, una pequeña película. «Les propuse no hacer un videoclip al uso con el grupo tocando cinco minutos, que a mí me aburre, sino que ellos estuvieran pero dentro de la historia que contáramos, como el tráiler de un largometraje que no existe».

¿Qué une y qué separa a ambos formatos? «En un videoclip hay todavía cierta libertad porque los grupos aceptan cualquier idea buena. Es gente más abierta y son formatos más rápidos, como el spot publicitarios pero sin las restricciones de éste. Tienes la idea, ruedas en unas semanas, montas en pocos días y estás en la calle, mientras que las películas son eternas (...). El proceso de un largometraje es bastante penoso, más en un país donde la industria es precaria, oportunista y muchas cosas más». Palabra de Bajo Ulloa.

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