El Correo de Burgos

El pintor que le sacó los colores

Fran Herreros muestra por primera vez su pincelada figurativa en una colección con Burgos como protagonista de una paleta imposible

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Burgos

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A.S.R. / Burgos

Fran Herreros saca los colores a la ciudad y la invita a bailar en silencio, bajo cielos imposibles, sobre plazas soñadas, al abrigo de nevadas de verano, a lo largo de paseos de primavera que se derriten... El pintor burgalés se lanza sin red a la figuración y lejos de estrellarse, emprende el vuelo. Y lo hace sin dejar de ser él, el de siempre, el de la abstracción, el que se enfrenta sin prejuicios ni miedo a la paleta cromática... Treinta y dos sobre Burgos saca a la luz esta pincelada que siempre ha estado ahí, pero que hace pública por primera vez en la galería Río 10 (Quintanilla Vivar) hasta el 19 de noviembre.

Treinta y dos sobre Burgos es una explosión de color, una fiesta con la ciudad como protagonista. Los sauces llorones del Espolón caen a la orilla del Arlanzón como si fueran serpentinas. La cada vez más gris Casa Consistorial deslumbra morada y azulona. El agua de la fuente que refresca el Museo de la Evolución Humana es rosa fosforito. El tejado del Hospital del Rey estalla en confeti. Los suelos adquieren un papel principal y parecen cuadros abstractos dentro de la figuración...

La culpable de esta muestra es la galerista Mónica Freijo. Cuenta el propio artista que un día se presentó en su estudio y vio algunos de los cuadros figurativos que suele pintar para relajarse. Sin pensarlo dos veces le propuso hacer algo. Él se negó, se negó, se negó... hasta que sucumbió. Durante un año y medio ha estado trabajando en este proyecto. Se pateó la ciudad en busca de puntos de vista, de perspectivas, de motivos... Realizó más de 5.000 fotografías para elegir las mejores, realizaba bocetos, volvía con el lienzo -salvo con los de mayor formato- al lugar de los hechos para verificarlos... Los últimos dos meses han sido un frenesí.

«He aprendido mucho. Para mí ha sido una evolución, una lucha continua. No estaba presionado, pero sí raro, he sufrido mucho por los puntos de vista, los ángulos, los colores, las luces...», reconoce Herreros, quien, ahora mismo, descarta volver a transitar este camino y apuesta por el regreso a la abstracción, a su trabajo más personal. Sin renegar del paso adelante que este desafío le ha obligado a dar.

«Siempre se aprende cuando se pinta. Desde el inicio hasta el final. Cada vez te encuentras con nuevos problemas y lo importante es ir resolviéndolos. Cuando me preguntan cuánto tardo en pintar un cuadro siempre digo que mi edad. Es un aprendizaje continuo», relata feliz también porque el público sí reconoce en estas obras al Fran Herreros de siempre, con sus manchas, sus chorretones y su viva paleta cromática, con colores imposibles para una figuración. «¿Por qué no un verde en una catedral? ¿O un amarillo en un suelo?». ¿Por qué no?

Una caja de sorpresas

Fran Herreros se revela en esta exposición como una caja de sorpresas y de muñecas rusas a la vez. El visitante se adentra primero en la galería y descubre al pintor figurativo. Primer ohhh. Sube las escaleras y, en un rincón, que no pasa desapercibido pero casi, se topa con una treintena de bocetos, de las cinco carpetas que componen su libro de artista. Segundo ohhh. Allí el creador se desnuda, comparte el proceso, los dibujos a pie de campo, los retoques en el estudio... y sus curiosas anotaciones. Son para leerlas. En alguna aparece exultante: En mis ratos libres me lo paso de cojones. Esta catedral tiene vidilla. ¡¡¡A ver si os come a todos!!! y el conejillo como Alicia en el País de las Maravillas. En otras se da órdenes a sí mismo: Buscar, encontrar, solucionar, revisar. Y también se confiesa, largo y tendido: Me gusta trabajar, pintar, con una fecha que Mónica me ha puesto. Creo que al final haré unos 30 cuadros, que me parecen suficientes... Otro día grita: ¡Sueño con los cuadros! ¿Es normal?

El tercer ohhh está más oculto. El pintor más íntimo homenajea a su padre en esta pared. Entre las hojas arrancadas a su libro de artista incluye una acuarela y dos dibujos de Santiago Herreros, el hombre que le enseñó a dibujar.

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