¡Hasta siempre, Oliver!
Studio 46 guarda este musical tras las dos funciones, con el aforo completo, del fin de semana en Burgos

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Una: Oliver, Oliver, hay que meterle entre rejas un mes o vender a este rufián. Dos: Una melodía siempre estarán cantando sobre todo si beben ginebra o ron, si tienes paciencia y sigues escuchando aprenderás el ritmo de esta canción. Tres: Yo podría hacer cualquier cosa por ti, por verte sonreír. Cuatro: Comprarán este sentimiento y verán que puede volar, por favor no quiero perderlo, espero encontrar tras ese cielo azul alguien dispuesto a comprar. Cinco: No quiero traicionar su confianza en mí, la gente lo sabría, no puede estar sin mí. Seis: Hoy tendrás que ver pasar el día y jugar por las calles sin parar, en el mercado, en el puerto, en la estación, a tus anchas estarás... Hasta veintidós canciones -arreglos musicales de Jorge González Solloa- se desgranan sobre el escenario en Oliver Twist, el musical, que Studio 46 Teatro ha interpretado en Cultural Caja de Burgos de la avenida de Cantabria este fin de semana. Estas dos funciones, con el aforo completo, suponen la despedida del espectáculo. Por lo menos esa es la idea de la compañía de Miranda de Ebro.
Su director, Carlos Ruiz Hermosilla, admitía esta misma semana que no hubieran podido soñar un adiós mejor. Este interés de los burgaleses, que agotaron las más de mil entradas con semanas de antelación, ya, señalaba, es un éxito para ellos: «Es un aliciente y un motivo de orgullo y no queremos defraudar a nadie».
Oliver Twist, el musical se basa en la célebre novela de Charles Dickens, de cuyo nacimiento se cumplieron doscientos años el pasado martes, así como el musical que en Gran Bretaña se creó sobre la misma y las distintas películas realizadas sobre ella, la última de Roman Polanski en 2005.
Studio 46 Teatro echó el resto en su adaptación, en la que 50 niños de entre 8 y 14 años y 37 adultos cantan y actúan, 20 técnicos se encargan de la luz, el sonido y los decorados sin contar el esfuerzo efectuado en vestuario para recrear la época victoriana.
Hasta el mínimo detalle se ha mimado en esta producción que narra la historia de aquel niño que salió de un orfanato para trabajar con una familia de enterradores, de la que escapa dejando el campo por la ciudad sin saber de los peligros que acechan en las calles del Londres del siglo XIX. Será captado por una banda de delincuentes, donde solo la bella Nancy pinta un rayo de luz en su vida. Una historia a la que, en esta ocasión, la música edulcora el trágico final ideado por Dickens.