Paula Camarero Sanz elige el poder del rojo para iniciar su pasión
La burgalesa debuta en la Sala San Pablo de Cajacírculo con una colección pictórica

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A.S.R. / Burgos
Había llegado el momento. Hacía unos años desde su salida de la Facultad de Bellas Artes de Salamanca con su diploma en la mano. Llevaba tiempo pintando y empezaba a ver que sus ideas saltaban al lienzo de una manera cada vez más clara. Y se arriesgó. Paula Camarero Sanz debuta en la Sala San Pablo de Cajacírculo con una exposición que recoge su producción pictórica desde hace un año y medio a esta parte y que permanecerá en este espacio hasta el 3 de marzo (de lunes a sábado de 18 a 21 horas).
Los nervios se mezclan con una sonrisa ilusionada en el rostro de la creadora burgalesa. Dice ser consciente, y también se lo han advertido, de que no corren buenos tiempos para emprender nada nuevo. Pero a ella no le importa vender más o menos, poner más o menos círculos rojos junto a sus cuadros. Su meta es que el público conozca su obra. «Quiero que la gente venga, que le guste lo que ve y que yo lo sienta de esa manera», asegura frente a una de las pinturas de esta miscelánea temática.
Una colección heterogénea donde el rojo, un rojo pasión, fuerte, sin miramientos, llama la atención del espectador de forma poderosa. Lo hace en un campo de amapolas, en un bodegón en blanco o en las calles de ese pueblo por el que camina y que componen una importante serie en esta muestra, viejas puertas y ventanas de madera que se presentan como vanos que inician un camino, el de esta licenciada en Bellas Artes que alumbra su pasión expectante, pero sin ambiciones. «Se trata de que la gente lo juzgue. No espero abrir puertas, solo vivir el momento, ver qué pasa».
Camarero Sanz confirma esa atracción por meter rojo, rojo y blanco, blanco, sin llegar a mezclarlos en unos cuadros donde domina la paleta oscura. Aclara que no se trata de tristeza ni melancolía. «Es una forma de pintar», resume y añade que en la elección de una u otra temática tiene mucho que ver el estado de ánimo, el momento. Y así, como la autora, el visitante se pierde por frondosos y esponjosos paisajes, por rostros de mujer de ayer y de hoy, por calles de un pueblo castellano o por las de la capital con sus monumentos, por certeros bocetos...