ESCUELA MUNICIPAL DE TEATRO
Locos de amor por las tablas
La vigésimo tercera promoción se gradúa con 'Fool for love'. Mañana y el domingo en el Principal

-
A.S.R. / Burgos
Cristina Collado, Antonio Aráez Iniesta, Jesús E. Hernando La Blanca y José Luis Benita La Peña son los cuatro jinetes de la vigésimo tercera promoción de la Escuela Municipal de Teatro. Su pequeña biografía dramática añadirá un capítulo más este fin de semana tras el estreno de Fool for love (Locos de amor), de Sam Shepard, el montaje con el que dicen aquí estamos nosotros, con el que se gradúan tras tres años en las dependencias de la calle Santa Águeda.
El profesor Jesús Sanz capitanea esta obra. El telón se abre y aparece la habitación de un motel del desierto de Mojave, en el oeste americano, cerca de México. Los amantes, May y Eddie, se enzarzan en una conversación que al mismo tiempo es el relato de una fatal y feroz historia de amor.
«¿Es un drama? ¿Es una tragedia? Habría que mirar si la infelicidad de la gente en momentos puntuales lo es o no, depende de cómo lo viva cada persona y cómo lo pueda sostener. Y esta obra trata de la infelicidad, de las pasiones bajas, de la infidelidad, de la angustia... Sin embargo, es tremendamente divertida para el espectador», comenta sobre este texto escrito por Sam Shepard que se deshilacha sobre las tablas como una abrumadora y pesada atmósfera por la que asoma un rayo de esperanza materializado en el personaje de Martin.
El director piropea a sus chicos cuando están delante y también cuando no, por si pudiera parecer simple peloterío, que no lo es. ¿Viene esta promoción con nota? «Todas van con nota. Son como hijitos tuyos y no puedes decir cuál es mejor o peor, pero sí que estos me lo han puesto muy fácil», observa.
Cada uno de ellos llega a escena con una historia diferente, hablan del resto como si lo hicieran de su familia, con sus cosas buenas y las malas, lanzándose pullitas, pero también sonrisas. La cuenta atrás ha comenzado. La manecillas del reloj caminan hacia adelante. No hay marcha atrás y es el momento de echar la mirada atrás sin perder el horizonte.
¿Por qué un día llamaron a la puerta de la Escuela de Teatro? ¿Qué pasará a partir de ahora?
José Luis Benita la Peña da vida al viejo ideado por Sam Shepard. Lleva una camiseta blanca sucia muy a lo cowboy americano, se engarza su sombrero y solo le falta un palillo en la boca mientras habla. Es echado palante. Vivía en Madrid, su familia es de Burgos y lo primero que hizo al mudarse a orillas del Arlanzón fue explorar su oferta cultural. Se acercó a La Parrala. Allí vio que la mayoría de las compañías había nacido en la Escuela Municipal de Teatro. Tocó su timbre y, aunque ya había hecho sus pinitos, empezó desde primero. «El teatro me parece una cosa extraordinaria para dedicarse a ello o como afición. Es muy completo, involucra a toda la persona, muy intelectual, todo el pensamiento, todo el sentimiento. Es una actividad total, que se disfruta mucho», apunta del tirón.
Aún no sabe si cogerá un camino u otro. ¿Profesión? «Es muy dura, muy maltratada, de subsistencia, dependes mucho de subvenciones, de por dónde te muevas, de tu don de gentes... Va más allá del conocimiento artístico», responde y añade: «Y como hobby es una actividad muy interesante». Aún dice más: «Lo bueno de estar en la Escuela de Teatro es que aunque luego no devengas en profesional sí formas parte de ese sustrato que va a ir a ver teatro».
El mismo desparpajo demuestra otro actor foráneo. Antonio es de Murcia. Siempre había tenido el gusanillo ahí pero no le había dejado salir hasta que llegó a Burgos. Pasaron unos años y se lanzó. «No había hecho nada de teatro antes y pensé que era mi último tren para aprender cosas y para meterme en el mundillo, aunque sea de forma amateur. Ha sido una experiencia muy enriquecedora. Única casi», ilustra y el balance no puede ser mejor, en todos los aspectos.
¿Y ahora? «No lo sé. Es muy difícil meter la cabeza en el mundo del teatro. Pero hay posibilidades. Estamos bien formados y creo que podemos aportar mucho», indica y no descarta formar una compañía entre los compañeros...
Y ahí se cuela la única voz femenina del elenco. «No nos aguantamos», susurra Cristina Collado, que llegó a la calle Santa Águeda con la intención de estar un año. Solo probar. El bocado le supo a gloria y se quedó los tres. Ella va a por todas. Quiere continuar su formación fuera de Burgos, convertirse en profesional, seguir la senda. «Han sido tres años con momentos de superación, de risas, de lloros, de compartir... Acabamos siendo una gran familia. La gente se une mucho. Pasamos muchas horas en la escuela», matiza y considera que el equipaje con el que se irá a buscar la vida es el mejor. No sabe qué hará. Hasta que el telón no baje el domingo solo Fool for love ocupa su mente.
El futuro también es una incógnita para Jesús Hernando. Este arandino no toma las decisiones a la ligera. Le costó varios años interesarse por las clases de teatro. No acudía virgen. Contaba con un bagaje como mimo en la calle. «Era una oportunidad para subirme a un escenario y tener una formación, digamos, más seria», anota y destaca cómo año tras año se ha forjado una personalidad dramática propia. Tanto él como sus compañeros. Todos se la juegan este fin de semana en el Teatro Principal (20.30 horas, tarifa A-8, entre 2 y 5 euros).