FERNANDO QUINTANA Director de la Escuela Municipal de Teatro
«Estoy tremendamente orgulloso de lo que la Escuela ha hecho por la ciudad»
Corría 1987 cuando recibió el encargo de poner en marcha el centro. Un año después era una realidad. Han pasado 25 años y la jubilación -palabra que no le gusta- ha llamado a su puerta

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A.S.R. / Burgos
Su vida es puro teatro. Sin necesidad de preparar el guión y sin escenografía alguna, Fernando Quintana convierte su despacho del Centro Cultural Francisco Salinas en un escenario para recrear aquel día de 1987 en que el concejal de Cultura Enrique de Diego le encargó la puesta en marcha de una Escuela Municipal de Teatro. «Lo recuerdo como si fuera hoy». Pero ya han pasado veinticinco años y Fernando Quintana lo hace a punto de despedirse de un sillón que ha ocupado desde entonces, aunque asegura que seguirá estando presente en calidad de presidente de la Asociación Cultural Escuela de Teatro Francisco Salinas.
No quiere oír hablar de jubilación. «No sé si es porque los actores somos coquetos, pero me da una tremenda vergüenza decir que me jubilo. Si estoy en plena actividad, trabajando... Pero las cosas son como son y hay que asumirlo», dice. Confiesa que le hubiera gustado alargar unos meses más este momento y llegar a la fiesta del veinticinco cumpleaños de la Escuela Municipal de Teatro, inaugurada el 18 de enero de 1988, tras unos meses de rodaje y de tanteo a la sensibilidad dramática de aquel Burgos.
La respuesta no pudo ser mejor y echó a andar un centro que en las últimas semanas ha sufrido una pequeña revolución debido a la drástica reducción del 66 % de la subvención del Ayuntamiento y una importante subida de las matrículas. Una prueba de fuego para este espacio donde Fernando Quintana ha pasado momentos buenos y malos. «Pero ha merecido la pena».
Pregunta- ¿Cuál ha sido el mejor momento vivido entre estas paredes?
Respuesta- Cuando cumplimos veinte años, que celebramos con un acto muy sencillo en el Salón Rojo del Principal, al que asistió Juan Carlos Aparicio, que es un hombre muy cercano a toda nuestra actividad. Encargamos una tarta enorme, entonces tuvimos hasta para comprarla, a los veinticinco años será más difícil.
P.- ¿Y si acude al otro lado de la balanza?
R.- Momentos malos ha habido, claro. Curiosamente, ha habido un reconocimiento general de la Escuela, que ha funcionado bien, que se ha trabajado bien, que se han hecho las cosas bien, que el resultado ha sido la creación de varias compañías de teatro profesionales y aficionadas, que ha creado un tejido teatral en la ciudad... Todo se reconoce, pero, por otro lado, hemos pasado momentos de dificultad con los presupuestos. Pero como balance general, debo decir que me siento tremendamente orgulloso de todo lo que se ha hecho desde la Escuela para esta ciudad.
P.- ¿Con esos momentos de dificultad a causa de presupuestos se refiere a estas últimas semanas de negociación, propuestas, reuniones...?
R.- Ha sido bastante doloroso. Tienes que negociar, diría más bien sensibilizar a una institución de que esto es necesario y utilizas argumentos que son de peso, reales, pero te encuentras con que la otra parte te dice que no tiene dinero. Y hay que buscar la manera de justificar que la escuela tenga menos presupuesto. Han sido momentos duros porque manejábamos cifras muy bajas. Se llegó a hablar de 19.000 euros y fue el momento de decir 'esto se acaba'. Al final se aceptó la solución menos mala. Ahora estamos pendientes del número de matriculados, de los clientes entre comillas. Hay marcado un objetivo que es conseguir 27.000 euros de las matrículas. Si no se consigue va a ir en detrimento del personal.
P.- ¿Hay suficiente caldo de cultivo, afición por el teatro, para alcanzar esa meta?
R.- Ahora estamos contemplando un escenario completamente distinto al de hace un año. Las cosas han cambiado mucho en este país. La previsión que se ha hecho es realista. Hemos calculado 150 niños cuando la realidad es que hay 170-180; el taller de iniciación para mayores de 30 años, entre 40-50 y este año hemos tenido 46 y solicitudes que no se han podido atender; en Arte Dramático, el número de matriculados oscila entre 10 y 15 en primero. Vamos a ver cómo responden. Si fallamos estrepitosamente en los ingresos, se va a sufrir y obligará a apretarse otra vez el cinturón.
P.- ¿Los puestos de trabajo se mantienen?
R.- Todos. Hemos tenido que afrontar una reducción de alumnos de Arte Dramático en los últimos ocho años, no sé si depende de modas. Hemos llegado a tener 30 en primero, 15 en segundo y10 en tercero y, de repente, baja y baja. ¿Por qué? Es una oferta ambiciosa, con muchas horas. Tienes que tener mucha afición y el que sale la tiene.
P.- ¿Han analizado si falla algo del engranaje para esa reducción de ocho años para acá? ¿Ha habido autocrítica?
R.- Lo hemos hecho. Hemos hablado mucho del tema. Y es posible que dejando fuera esa tensión, esa incertidumbre, esos momentos malos, ahora, con la tranquilidad y la cabeza fría, se puede pensar qué cambios de diseño se pueden hacer, tanto en los talleres de iniciación como en Arte Dramático, ver qué se puede hacer que suponga un atractivo para chicos y chicas de la ciudad.
P.- ¿Alguna espina clavada?
R.- La de siempre. Siempre se habló de que el Ministerio o la Junta estudiaran la posibilidad de que Burgos fuera Escuela Superior de Arte Dramático. Eran voluntades políticas y ya estaba decidido que Valladolid se iba a llevar el teatro. Esa es la pena.
P.- ¿Qué hubiera pasado si Burgos se lleva ese gato al agua?
R.- Hubiera sido una dinamización grande para Burgos. Yo siempre presentaba el argumento de que por qué Castilla no podía tener dos escuelas superiores como ya pasa en otros territorios como Andalucía, que tiene en Córdoba, Sevilla y Málaga. Las decisiones políticas son las que son.
P.- A pesar de esa carencia. ¿Cuál es la aportación de la Escuela de Teatro a la sociedad burgalesa?
R.- No hemos conseguido que el teatro se considere algo necesario y vital, y menos ahora que en época de crisis la gente prefiere tener farolas y seguridad en su calle, pero sí ha aportado mucho. Los 200 niños matriculados en la escuela dicen mucho; La Parrala no existiría porque el 90% de sus integrantes han pasado por aquí y hoy es un centro de artes escénicas muy importante para la ciudad; la programación que hace el Ayuntamiento es a base de compañías de Burgos, que cubren la carencia de no tener presupuesto para traer a gente de fuera. El aporte es claro y, además, reconocido.
P.- ¿Cómo ve la cantera?
R.- Bien. Hay madera, hay talento, pero esta es una profesión durísima y uno debe estar muy bregado, si no, tiras la toalla rápidamente y más en una época como la actual. El problema no es la cantera, sino el mercado.
P.- ¿Y al público?
R.- Es muy agradecido, pero en todas las ciudades. El espectador exigente es escaso. El teatro suele tener el tirón de la cara conocida, aquí han pasado compañías con trabajos soberbios, pero como no había un rostro mediático no se acudía a verla.
P.- Deja el despacho, pero la vida de Fernando Quintana seguirá siendo puro teatro...
R.- Siempre estaré relacionado con el teatro. Pienso seguir en Ágora, que ya lleva 32 años como compañía, y me gustaría subirme otra vez al escenario porque hace cinco que no lo hago.