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El asesino es el maestro Enrique
El historiador Fernando González defiende, a pesar de la escasez documental, que el artista dejó su huella en ocho templos, incluida la Catedral de Burgos, que hasta ahora se atribuían a diferentes autores

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A.S.R. / Burgos
Los mismos crochets (filigranas), idénticos botones florales e igual sistema de drenaje. Estas tres pistas aparecen en ocho ejemplos del gótico radiante europeo, el que nació en el siglo XIII bajo el paraguas de Blanca de Castilla y su hijo Luis IX de Francia, y pusieron en acción al historiador del arte asturiano José Fernando González Romero y a su hijo Fausto. Estos templos no podían ser obra de distintos autores, tenía que ser del mismo o, a lo sumo, de dos. Se enfundaron la gabardina, cogieron la lupa y se enfrascaron en su análisis. Reflexionaron sobre Burgos, León y Saint-Denis y el resultado da forma al libro El secreto del gótico radiante (Editorial Trea).
Dirigieron sus pasos hacia Burgos, León y distintas ciudades de Francia. Se trajeron con ellos ocho pruebas: el coro de la Catedral de Troyes (hacia 1228-1231), la rosa septentrional de Chartres (h. 1230), el cuerpo de la ampliación radiante de la basílica de Saint-Denis (h. 1231-1241), la capilla real de Saint-Germain en Laye (h. 1238-1241), los últimos tramos de las torres de Notre-Dame (h. 1241-1245), la Sainte-Chapelle (h. 1241-1248), el volumen radiante de Burgos (h. 1250-1277) y el interior de la Catedral de León (h. 1250-1277).
La investigación concluyó que, además de enmarcarse en el gótico más sofisticado y ser un conjunto magistral en la historia del arte, había una mano común en estos ocho ejemplos y la identificaron con la del maestro Enrique. Advierten con insistencia que en ciencia no se pueden hacer afirmaciones tajantes y que la suya es simplemente una hipótesis, revolucionaria, pero solo eso.
Y es que apenas existen documentos del siglo XIII que ratifiquen esta teoría y poco se sabe de la vida del maestro Enrique. Se conoce la fecha de la muerte, en 1277; que tuvo una hija llamada Elisabeth, por lo que se deduce que podía tener origen francés; la existencia de un hijo que fue testigo en Burgos en 1261 y por lo tanto debía ser mayor de edad en aquella fecha; y que intervino en las catedrales de Burgos y León porque así figura en documentos de ambos templos. Pero nada más. Su firma no aparece en el archivo del resto de templos, que se atribuyen a creadores anónimos.
Esta pobreza documental lleva a los González a dejar abierta la investigación para el lector, le instan a que saque sus propias conclusiones, a que se enfrente a esta publicación como lo haría a una novela de la reina del suspense.
«No hay forma de confirmarlo totalmente. Estamos bastante convencidos de que hay un arquitecto que participa en ellas, podría ocurrir que en vez de uno hubiera dos, pero lo que es seguro es que no hay ocho arquitectos diferentes que han hecho sendas obras iguales, que es la teoría mantenida hasta ahora», comenta Fausto González.
¿Hasta dónde quieren llegar con estas pesquisas? ¿Cuáles son las pretensiones?
«Dentro del mundo del arte sí es una revolución. Planteamos una hipótesis sobre un periodo estudiado desde hace 700 años, hay mucha gente que ha trabajado sobre este tema y hasta ahora nadie ha encontrado razones tan poderosas para hacer una afirmación tan tajante. Realmente es un libro que puede cambiar la forma de entender el gótico, otra cosa es que consigamos lo que buscamos, que es que tenga una repercusión lo suficientemente grande como para generar un debate que abra una investigación en esta época», contesta el hijo.
«Esta tesis puede cambiar todo el gótico mundial», sentencia el padre, quien conmina al lector a observar estas basílicas, que tendrían en Saint-Denis el principio de todo, como construcciones realizadas por etapas y no en su conjunto puesto que se podían alargar en el tiempo sine die y atesorar distintos estilos y manos.