El Correo de Burgos

EXPOSICIÓN

Una luz, dos ciudades, un pintor

Ismael Alí de Unzaga pasa a Burgos y Nueva York por su paleta cromática en una colección matérica que él etiqueta como 'arquitectura pop'. En el Arco de Santa María hasta el 2 de septiembre

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Burgos

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A.S.R. / Burgos

Un paso de cebra atestado de gente a punto de cruzar, una chica habla por el móvil, otra llama a un taxi, una boca de incendio en medio de la acera, ventanales del café Dean&Deluce. Nueva York. Una esquina moldeada por un edificio alto y señorial, semáforo en rojo, azul fiero en el cielo, el gris se abre camino a pie de calle. Burgos. La entrada de un hotel, neones encendidos, noche en la ciudad. Nueva York. Una plaza naranja, un cielo blanco, casas de colores. Burgos. Ismael Alí de Unzaga pone frente a frente en el caballete a Nueva York y a Burgos en The places I like the most, la exposición que ocupa el Arco de Santa María hasta el 2 de septiembre (de martes a sábado de 11 a 14 y de 17 a 21 horas y domingos de 11 a 14 horas).

La luz es la clave. La que enamora al pintor y le empuja a atraparla en la paleta de colores. Sabe que si lo consigue conquistará el alma de estas dos ciudades tan cercanas y tan lejanas al mismo tiempo. La suya, la que patea y le observa a diario. Y la otra, la que se ha convertido en, dice él, su fetiche de creación, la que descubrió hace un tiempo en un viaje de turismo y a la que vuelve cada dos años.

«Me impactó sobre todo, aparte de los edificios y la mística de la ciudad, su luz. Tiene mucha fuerza. Lo que hago es tratar el color y distorsionarlo a mi manera para tener los efectos plásticos que más me interesan, pero siempre bañados por esa luz que por las mañanas es espectacular, a pesar de que dicen que es una ciudad gris», comenta con entusiasmo el pintor. Asegura convencido que si a esas vistas de la capital norteamericana le quitara sus edificios y sus elementos más característicos bien podría encontrarse en otro sitio como, voilà, Burgos.

El pintor la cose a fotografías para armar después la mejor composición. También se vale de apuntes cogidos in situ, sobre todo en los cuadros made in Burgos.

Alí de Unzaga tiende la mano al visitante en este viaje imaginario, que no lo será tanto para quienes las conozcan, por estas dos urbes, pero también le invita a jugar y a descubrir en cada pintura un elemento nuevo que la convierta en otra. Porque él se vale de un sinfín de objetos que pone aquí y allá, que esconde, con los que sugiere. Una lija, la etiqueta de una prenda de ropa, una malla, un cordón dorado, la página de una guía turística, un trozo de cartón, un pedazo de plástico...

¿Y en qué estilo se enmarcan estos cuadros? El artista acuña un nuevo término para definir esta pintura a la que se entrega desde hace tres años: Arquitectura pop. Y se explica: «No renuncio a mis colores pop y a los contrastes fuertes de luces, pero ya se visten con esas arquitecturas, es un paisaje urbano y con un desarrollo matérico como punto importante».

Recuerda que esta querencia por la materia le acompañó en sus primeros pasos en esta disciplina hace ya más de veinte años.

Entonces era tanta que parecían bajorrelieves y todavía no había llegado a su paleta la explosión cromática actual. Veía la vida en blanco y negro. Pero el encargo de un proyecto en la Facultad de Bellas Artes le entregó a los brazos del pop. Por ese camino empezó a transitar y por él se le identifica en la ciudad. Él no renuncia a ello y una parte de la muestra del Arco de Santa María se regodea en ese pop más descarado, irónico, juguetón...

Aunque el juego, de una u otra manera, baila en cada una de las obras: paisajes rabiosamente urbanos, neones que parpadean, cláxones que rompen el silencio de la noche, chicas que se reflejan en el escaparate de Tiffany's con un compañero inesperado, el contraataque de Charlton a lomos de Babieca, imagine all the people...

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