El Correo de Burgos

Publicación / Novela

Un personaje terapéutico

Consuelo Labrado relata las historias del día a día de una señora de mediana edad en 'Pancracia punto es' con el fin de sacar la chispa de humor a la vida

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Burgos

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A.S.R. / Burgos

Internet abrió una ventana al mundo y un vehículo para dar rienda suelta a sus pasiones a Consuelo Labrado. En la red de redes encontró el mejor camino para compartir sus inquietudes, sus historias inventadas o reales, sus sueños... Creó un blog y, poco a poco, vertió sus pequeños cuentos. Los mejores los reunió el año pasado en el volumen Relatos bajo un yelmo. Ahora da un paso más y coloca en las librerías su primera novela, Pancracia punto es (Editorial Pilar Remartínez), que nació de la misma manera que el anterior.

Cuando a Consuelo Labrado hace seis años le diagnosticaron un cáncer encontró una vía de escape al agrio olor del hospital. «Quería crear un personaje que sacara la chispa de humor a la vida y así nació esta señora», comenta.

Pancracia, cuenta su creadora, es una señora de mediana edad, madre, abuela y viuda desde hace tiempo que cuenta su vida, su día a día, una historia que podría ser como la de la señora que va todas las mañanas a por el pan, la que lleva a sus nietos al parque, la que juega a las cartas en el barrio, la que acompaña a la amiga beata a misa o la que pasó hambre en la posguerra. Nada de excentricidades. «Es muy humana y crea mucha empatía con el lector», apunta Labrado, quien ve en el punto deslengüado de su personaje el secreto de su éxito. No tiene otros vicios y le gusta soltar sus coletillas, despotricar de unos y otros, quejarse de cotidianidades... Pero al final siempre demuestra el corazón tan grande que esconde bajo el delantal. «Es como una matriarca, le gusta ir a su bola, pero siempre está pendiente de su casa y de sus hijos, sin llegar a ser cotilla».

La escritora cuenta que, cuando solo eran post colgados en el blog, muchos fueron los que se engancharon a lo que Pancracia contaba y le escribían como si la buena señora fuera la señorita Francis. Le pedían consejos, le contaban sus penas, le hacían partícipe de sus alegrías...

Este fenómeno abrumó a la autora tanto que decidió cerrar la página web. «Empezaron a pensar que el personaje era real. Yo no pretendía eso, yo quería divertirme yo», relata y aclara que al escribirlo en primera persona empezó a confundirse una con otra y ella, dice, no estaba para líos raros.

La historia se hizo de papel como un regalo a su madre, que aparece en la portada retratada por su hijo Pablo. Aquella se partía de risa con las cosas que le pasaban a a la buena Pancracia. «Para ella también ha sido una válvula de escape porque con lo mío lo pasó muy mal. Leíamos los capítulos y nos reíamos juntas», explica.

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