El saber ocupa un lugar de ensueño
La Biblioteca Pública ultima la mudanza a su flamante sede de San Juan, que se inaugura el 9 de octubre y ya huele a nuevo
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A.S.R. / Burgos
El érase una vez o el había una vez se postulan en el teclado del ordenador para iniciar el relato de lo que esconden las paredes acristaladas de la nueva sede de la Biblioteca Pública, que, tras ocho años errante, vuelve a su antigua ubicación en la plaza de San Juan. El saber sí ocupa un lugar y es de ensueño y almidonado, un oasis ibicenco en la meseta castellana. El blanco corre por el mobiliario como alma que lleva el diablo y solo logran contenerlo los alegres colores que tiñen las butacas para la lectura y algunos suelos. Pasen y vean. Pero schhhhsssss. No se puede hablar muy alto. No porque estén estudiando. No. Es que hasta el 9 de octubre, durante el Congreso Nacional de Bibliotecarios, no se corta la cinta inaugural y sus responsables están celosos de su intimidad.
La caja de cristal diseñada por el fallecido Andrés de Celis y por Jael Ortega se desata. La portada gótica del viejo edificio, que se desmontó pieza a pieza, vuelve a ser el marco de entrada a este inmueble conquistado por la luz casi hasta el último resquicio.
La amplia recepción da paso a la hemeroteca, a mano derecha, y a la sección infantil-juvenil, que serpentea por esta planta baja con tramos reservados a cada edad, desde los prelectores a los adolescentes.
La alegría con la que los usuarios leerán periódicos y revistas en la amplia estancia reservada a tal fin nada tiene que ver con el minúsculo rincón que ocupaban junto a Correos. Tantas son las estanterías que las distintas publicaciones las ocupan sin apenas rozarse -también habrá acceso a las ediciones digitales- y los butacones, rojo pasión, saltan a la vista y llaman a quedarse en ellos. Hablando de vistas. Aquí las hay a la plaza de San Juan y a la calle San Lesmes. Ahí está uno de sus puntos fuertes. Su carácter diáfano impide tener secretos. Ni dentro ni fuera.
Para adentrarse en territorio infantil-juvenil hay que colocarse frente a la entrada. La bebeteca, que el jueves pasado tenía parte del mobiliario sin desembalar, ya se adivina como la sala que hará las delicias de los más pequeños con sus asientos de chillones colores en forma de animales, divertidos percheros... Todo para que el veneno de la lectura pique a los niños de 0 a 3 años.
Tendrán vistas al patio, donde, comenta la directora, Carmen Monje, se realizarán actividades al aire libre con el público infantil, siempre que el presupuesto, muy exiguo, se pueda estirar para ello. Y es que corren malos tiempos para la lírica, la literatura y el juego y la apertura de este flamante edificio no se hace en la mejor época. No se contratará personal y se comprará el material imprescindible.
Lamentos aparte, llega la sección infantil, la de los primeros lectores. Los títeres de Karraskedo ya asoman sus narizotas por las estanterías que serpentean curvilíneas repletas de libros, que piden seguirlas con la mano como si fueran el teclado de un piano, escondiendo entre ellas rincones para la lectura. Sillones ergonómicos que piden a gritos 'siéntate', 'quédate conmigo'.
La edad de los destinatarios va ascendiendo hasta llegar a la sección juvenil. Ninguno volverá a aborrecer la lectura. Se les ha reservado un espacio amplio, con mucha luz, delicioso. Dispondrán también de doce ordenadores. Más de sesenta habrá en todo el edificio frente a los seis que había en el colegio de San Juan de la Cruz.
Esta planta baja se completa con una sala de estudio de unas cuarenta plazas, que tiene acceso directo desde la calle para permitir un horario flexible sin molestar al resto de las instalaciones, unas taquillas y un par de ordenadores para uso de las personas de paso como peregrinos y turistas sin carné.
La luz entra a raudales por todo el inmueble, persigue al usuario allá donde va, y los pasos pueden dirigirle al primer piso.
La primera y la segunda
Estanterías y más estanterías de un blanco impoluto se extienden aquí, coto reservado para adultos. El criterio seguido para ordenar los libros ha sido el de materias. Se agrupan los documentos, con independencia del soporte, por temática para que la persona interesada no tenga que dar mil y una vueltas.
Esta primera planta se agrupa en torno a los llamados centros de interés: Empleo, Castilla y León, Burgos, Informática, Deportes, Manualidades, Viajes, Cocina, Cine...
La mayoría de los más de 100.000 volúmenes que componen los fondos de la Biblioteca Pública ya ocupa su sitio.
Un mar de baldas se extiende hasta el infinito y más allá en los dos laterales de este piso. Idiomas, biografías, narrativa... Junto a las cristaleras, con vistas al río Vena y al monasterio de San Juan, unas flores gigantes blancas de tres pétalos llaman al visitante. La ausencia de respaldo las resta un punto del atractivo que tienen.
Un nuevo servicio encontrará el usuario en este piso. Se han instalado doce reproductores con pantallas de 21 pulgadas para poder ver películas allí mismo.
Las escaleras guían hasta la segunda planta. Como la anterior, en la parte central, con vistas a la entrada, aparecen varios ordenadores que podrán conectarse al wifi que funcionará en todo el edificio.
Otro océano de estanterías. Más libros. Más material audiovisual. Más butacas en las que disfrutar de una placentera lectura. Y hasta unas máquinas de microfilm.
Se ventila este segundo piso con una sala de investigadores con vigilancia especial y mesas electrificadas, dos estancias para trabajar en grupo y la zona privada para los 17 trabajadores del centro, 12 que atienden al público y cinco técnicos.
No se podrán escapar de las miradas. El inmueble está concebido como un espacio diáfano hasta sus últimas consecuencias. Las únicas paredes son cristaleras en las que bailan letras blancas que unidas forman nombres de escritores, títulos de libros, cabeceras de periódicos...
Lo que el ojo no ve
El recorrido concluye en el sótano. Un pequeño salón de actos, con entrada independiente y desde la calle, permitirá avivar el día a día de la Biblioteca Pública con conferencias, encuentros literarios, presentaciones de libros... Eso sí, la señora crisis ha impedido que disponga de equipamiento audiovisual. Solo megafonía. Todo llegará.
Y una puerta cerrada a cal y canto esconde los almacenes para el depósito de volúmenes, ahora vacíos, las calderas, los tanques de los bomberos con agua en caso de incendio (gas en el caso del Fondo Antiguo)...
El saber sí ocupa lugar. Tiene casi 6.000 metros cuadrados y ha costado cerca de 14 millones de euros. Y es un sitio para soñar.