El Correo de Burgos

Enclave de Calle

Sonidos y conserjes extraños llenan el Espolón

El 'Espolón Insólito', estreno y producción del festival, cumple con el objetivo de dinamizar el paseo

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Burgos

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MARTA CASADO / Burgos

En los alrededores del Río Arlanzón se escuchaban sonidos raros en la tarde de ayer. Algún grito estridente indicaba que algo pasaba. Sonidos extraños pero armónicos atraían al público. Algunos sabedores de qué era lo que había, espectadores asiduos del Enclave de Calle, otros paseantes del Espolón que asombrados se preguntaban qué pasa aquí. Para informarles cuatro más que dispuestos acomodadores cuyo despachito se ubicaba en el centro del paseo, frente al Ayuntamiento. Su rinconcito, su sillón y con pocos momentos para tomar un café en el trabajo. A ratos estos cuatro conserjes sacaban algo de mala leche como a Sara que tocó el paraguas de uno de ellos y por poco se muere del susto ante el bufido. A pesar de todo y sus rarezas cumplieron fielmente con su papel. Indicar qué es lo que pasaba en el Espolón y el público decidió quedarse por allí.

Los diferentes rincones de música insólita estaban indentificados a lo lejos por lámparas de metal a excepción de una estilosa de araña. Debajo de ellas cuatro intérpretes de instrumentos insólitos que entre canción y canción explicaban los secretos de sus herramientas. Poco a poco el público se agolpaba en torno a ellos. Mientras tanto la música seguía sonando, clara pero sin interferencias.

En primer término, junto templete, se encontraba Javier Díez, con un theremin sofisticado que acerca este instrumento al siglo XXI. El ritmo se pegaba entre los presentes que, a lo lejos, divisaba una caseta peculiar con un sillón y una maleta. A lo lejos moviéndose por todo el paseo, los conserjes, perfectamente uniformados.

El siguiente punto de interés se encontraba en la parte de arriba. En la zona de los Cuatro Reyes. Luis Delgado ofrecía un repertorio musical acompañado de hasta cuatro instrumentos insólitos de factura tradicional y otros vanguardista como una tablet de luces y sonidos que encandiló a los asistentes. En frente los temidos informadores, los conserjes que seguían mostrando los tesoros ocultos del Espolón a los burgaleses despistados. Cumplieron al cien por cien con la labor de informar aunque los modos.... que se lo pregunten a Sara.

Junto al Ayuntamiento y frente al cuartel general de los conserjes se encontraba Ana Alcaide, debajo de  una lámpara negra de araña, rasgaba su instrumento, el nyckelharpa. Se trata de un aparato de cuerda que su intérprete se encargaba de mostrar al público y explicar el funcionamiento de esta especie de viola de teclas muy conocido en Suecia.

Al terminar el Paseo del Espolón, cerca del Arco de Santa María, era Íñigo Olazabal quién conseguía extraer sonido de la txalaparta un instrumento de percusión con la madera como protagonista.

Y entre tanto conserje extraño e instrumentistas insólitos, el circo. Siempre el circo. Las colas para la carpa de Tiritirantes seguían pasadas las 19.30 de la tarde.

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