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Ignacio del Río persigue al pelotón

El pintor burgalés dedica una colección al ciclismo y espera exponerla en Copenhague de la mano del equipo Saxo Bank, con el que ya ha contactado

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Burgos

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A.S.R. / Burgos

El pelotón es más que nunca una serpiente multicolor cuando es Ignacio del Río quien se pone el culote y se sube a la bicicleta. Sus pinceladas ponen en valor el deporte de las dos ruedas cuando más necesitado está de ello. En los pasteles del pintor burgalés no hay lugar a las jeringuillas ni a las polémicas. «¿Hay dopaje?», pregunta cuando se le insinúa la oportunidad de su obra. Sus ciclistas son héroes. Son humanos. Se levantan del sillín, se esfuerzan por subir una cuesta, mueven el manillar. Está el pelotón, el escapado y el descolgado.

El viejo artista se confiesa. Le encanta el ciclismo y hace más de cuarenta años que lo sube al caballete. Nunca le había tentado mostrarlo al gran público hasta la visita que hizo en septiembre a la última etapa en Madrid de la Vuelta a España. Se le encendió la bombilla.

Un amigo suyo le abrió la puerta al Saxo Bank, entabló relación con un directivo del equipo técnico y hace unas semanas enviaba un sobre con fotografías de los cuadros a la sede del banco en Copenhague. Aunque hace una semana se lo devolvían con el aviso de dirección equivocada, Ignacio del Río quiere exponer allí estas pinturas. E insistirá en ello.

No se plantea incluir alguna en la muestra que, como cada año, colgará en el Arco de Santa María a finales de noviembre. «Es antagónico con los paisajes», se excusa para después concluir: «Vete a saber».

Con Ignacio del Río nunca se sabe. El pelotón se cobija ahora en su casa-estudio de la Plaza Mayor. Y quién sabe igualmente si alcanzará la meta de llegar a la capital danesa. Se deja llevar por ese sueño y señala uno u otro detalle en estos pasteles que mira mimoso. «Hay cosas muy graciosas de ritmo, no cabe duda. Yisssss», pinta con palabras y dice que nunca había visto a nadie dibujar este motivo, aunque recuerda uno que hizo Modesto Ciruelos.

A él le gusta y se explaya: «Tiene un ritmo y una cosa fantástica. Es un homenaje al cuerpo y a la máquina, cosa más complicada no la hay. Hay que ver la velocidad que llevan, la cantidad de gente, es muy humano. Aquí están las facultades físicas, el ritmo... Fernando Alonso puede ser una calculadora, es bonito verlo, pero esto es el ser humano».

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