ARTE
Bañuelos precolombino
El escultor burgalés ultima la exposición en el Museo de Antropología de México, que inaugura el lunes

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A.S.R. / Burgos
Anda Alberto Bañuelos como un niño con zapatos nuevos. Son las dos de la madrugada en México -pasan de las ocho de la mañana en España- y el entusiasmo brinca en las palabras del correo electrónico que le interroga sobre cómo va todo al otro lado del Atlántico. Hasta allí viajó hace más de veinte días para dirigir el montaje de su exposición en el Museo Nacional de Antropología del país azteca, cuya inauguración, prevista para hoy, se pospone hasta el lunes. Las agendas de los políticos mandan.
El mensaje es rápido. Tiene que madrugar para ultimar esta muestra que llevará el mismo nombre que la realizada en el IVAM de Valencia en 2009, La liturgia de las piedras. Pero sí alcanza a manifestar el enorme placer que le produce ver a sus esculturas conviviendo con las obras del arte precolombino, de las culturas azteca, maya y olmeca, «que siempre he admirado».
Este diálogo es el origen de este proyecto, en el que participa la Junta de Castilla y León, aunque la crisis ha obligado a ajustar ese apoyo. Un catálogo de la exposición en el IVAM llegó al Museo de Antropología de México. Alguien se percató de las similitudes de estas piezas con el arte precolombino y la maquinaria se puso en marcha. Una proposición, la visita de la directora del centro mexicano, Diana Magaloni, hace un año a Madrid para visitar el estudio del artista y una muesca más en la trayectoria del burgalés.
La deconstrucción, en la que Bañuelos trabaja desde hace diez años, guía esta colección compuesta por 130 esculturas, algunas de 2.000 y 3.000 kilos, que entablarán una conversación con otras creaciones de hace más de dos mil años.
«El paralelismo que hay entre mi trabajo y estas culturas no es provocado. He llegado sin querer a esa conclusión, sin ser una copia, sin ser una interpretación, sino una evolución de mi obra hacia un ascetismo en la manera de trabajar, muy simple, muy primitiva. De alguna manera he llegado a conectar con esa escultura, pero ha sido una cosa no buscada», argumentaba el Premio de las Artes de Castilla y León 2011 hace casi un mes, justo antes de emprender el vuelo al continente americano. «Me parece un arte increíble, tan primario, tan primitivo, tan ascético, tan fuerte... Es una maravilla y me da escalofríos solo de pensar que existen esas similitudes», expresaba entonces y se reafirma ahora tras haber sentido la presencia de ese arte milenario al lado de sus criaturas.
A ellas ha estado entregado más de dos años, sin vacaciones -«he trabajado como un salvaje, día y noche»-, manipulando la piedra con sus propias manos, sobre todo el canto rodado, que prima en esta colección, con el que, a su manera y sin pretenderlo, vuelve a conectar con esa cultura precolombina.
«Son los que se han hecho a través de cientos de miles de años de rodar por los ríos y llegan sin romperse, son durísimos, y eso me limita muchísimo», observa Alberto Bañuelos, que se convertirá en el primer artista europeo invitado por el Museo Nacional de Antropología de México, donde su propuesta permanecerá hasta febrero de 2013. Y quién sabe qué pasará después. Hace cinco años también viajó al país americano con una muestra que iba a estar dos meses y acabó protagonizando una itinerancia de dos años.
Incluso contempla como una buena idea traerla a su ciudad natal, a otro gran museo como es el de la Evolución Humana. Sería, dice, un guiño a la tierra que tanto ha influido en su obra. Los paseos por la Castilla monumental, románica y gótica, de su infancia esculpieron, sin pretenderlo, el artista que hoy es Alberto Bañuelos.