El Correo de Burgos

Exposición

Entre ángeles, mitos y humanos de cerámica

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Burgos

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MARTA CASADO / Burgos

En el taller de los ceramistas Raquel Condado y José Luis Ramos el tiempo se mide entre horno de cocción y modelado de la cerámica que, de vez en cuando, salen del taller en forma de exposición. En esta ocasión en la sala de exposiciones de Consulado del Mar encuentran acomodo un total de 40 esculturas de cerámica a excepción de alguna tabla o medallones con pequeños relieves y forma de mujer en su mayoría. Aunque la muestra se ha convertido en una  «metáfora vital del inicio de todo con entrañables bebés ángeles, a seres mitológicos y terminando en los bustos realistas», resume Raquel Condado.

La muestra arranca con bebés alados a medio  camino entre la candidez y la transgresión con crestas, cadenas y plumas. Otros son el inicio de todo, apenas están eclosionando y otros están en constante movimiento gracias a un torno de alfarero. «Busco los recuerdos de la infancia y siempre me ha gustado hacer figuras angelicales», afirma. 

Tras los ángeles los seres fantásticos, piezas que «he transformado y que tienen una carga emocional que quiero transmitir al espectador». Se trata de piezas de bulto redondo hechas para colgarse en la pared pero talladas por la parte trasera. En una de ellas hay una doble cara «occidental por delante, oriental por detrás es como una máscara». Un mundo imaginario en cuya materialización en cerámica Raquel Condado pierde la noción del tiempo. «No mido los tiempos, creo, hago cosas, modelo y no cuento cuánto tiempo pasa o no... es mi día a día, para mí la cerámica es una forma de vida no mido tiempos ni estudio la ejecución cada pieza es única», sentencia. 

Entre estas hadas también se atisban guerreros y piezas con colores metálicos. Se trata de las esculturas realizadas con la técnica Rakú. Todas las piezas son cerámicas, gres decorado con engobes. El proceso de horneado es el único que cambia. La mayoría se cuecen a 1.000 grados en un horno de gas donde «juegas con la temperatura». El juego en la técnica Rakú es aún mayor. Tras una primera cocción de modelado se decora con esmaltes y engobes y se somete a una segunda cocción en un horno al aire libre. «Se saca la pieza incandescente a temperatura ambiente y se cubre de serrín, hojas, para evitar que tenga oxígeno y se hace una combustión en reducción. Entonces los metales afloran y por eso tienen reflejos mecánicos». Por ello estas piezas son únicas, el horno no facilita la repetición en cadena. De la misma manera que los bustos de retrato son una fiel reproducción de los modelos «de sus gestos más característicos, de su esencia». Con lo que cada pieza de la exposición es única.

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